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01/09/2019 10:39 CEST | Actualizado 01/09/2019 10:39 CEST

'Toda nudez será castigada' o una mascarada animalmente humana

Una obra que se mueve entre el culebrón y el drama clásico.

Vitória Mantovani
.Escena de 'Toda nudez será castigada', de la compañía Teatro Condensado. 

Una breve estancia en Sao Paulo, Brasil, me da la oportunidad de ver un clásico teatral brasileño de la segunda mitad del siglo XX. Se trata de Toda nudez será castigada de Nelson Rodrigues. Lo pone en pie la compañía Teatro Condensao en uno de los teatros más reconocidos de la ciudad por su programación, el Teatro Sergio Cardoso. Centro que se encuentra en Bela Vista, el distrito de los teatros de dicha ciudad.

Obra que fue estrenada con polémica en 1965 al ser rechazada por varias actrices importantes de la época. El rechazo vino por su fuerte contenido sexual y de crítica social, sobre todo para la época. Hay prostitución, proxenetismo, homosexualidad, violaciones. Sí, contado así, no pinta bien la cosa, ni resulta atractiva. Sin embargo, la obra es la historia de Geni. Ella es una prostituta que se le ofreció al recién viudo Herculano, para aliviar su dolor. El ofrecimiento se lo hace Patricio, su hermano, aunque toda la familia ha contribuido a financiarla, pues ya se sabe que los hombres de esta familia y los hombres por ser hombres, siempre se alivian de la misma manera.

Tras esa transacción sexual Herculano se enamora de Geni, tanto como para querer casarse con ella. Eso le pone en contra de todos aquellos familiares que le incitaron a desahogarse. Y también en contra de su hijo adolescente que le exige luto y guardar la ausencia de forma perpetua de forma pública y de forma privada, como el propio hijo hace. El caso es que Herculano se rebela contra todos y se lleva a Geni a casa donde ella conoce y se enamora de ese hijo castrador del padre. (Atención, ahora viene un spoiler) hijo homosexual que le sigue el juego a la prostituta para arruinar la relación que esta mantiene con su padre antes de fugarse con el ladrón boliviano que, según sus tías, le violó y le robó la virginidad.

Por tanto, se trata de una obra que se mueve entre el culebrón y el drama clásico. Y, que una vez vista, también tiene su parte de comedia. Aspecto que el montaje de Teatro Condensao deja entrever en algunos momentos con los que hace reír el espectador y que de haber incidido más hubiera beneficiado el montaje. Este punto cómico, tal vez se deba al acierto de trabajar los personajes a partir de su animalidad, sobre la que han construido la humanidad de los mismos. Aspecto que se marca con una máscara de animal (o parecido) que solo les cubre media cara. Un interesante contraste entre la animalidad fija de la que no nos podemos desprender, nuestro arquicerebro, esa semi máscara, y la humanidad que podemos construir que se refleja en los gestos de la parte de la cara sin descubrir.

Este punto cómico, tal vez se deba al acierto de trabajar los personajes a partir de su animalidad, sobre la que han construido la humanidad de los mismos.

La excepción de esas medias máscaras son por un lado las tías y por otros tres personajes secundarios: el médico, el cura y el comisario. Todos ellos poderes fácticos, poderes más movidos por su cerebro más animal, reptiliano, arrastrado, que por el más humano, el que nos ha llevado a hacer las mejores cosas de nuestra corta historia. De ahí, posiblemente, el que tengan máscaras que les cubran toda la cara, pues este tipo de poder se refugia siempre en lo más animal. También son los personajes con los que se establece una relación de poder y son los personajes que más mueven a risa, por ridículos. Los jugados más claramente en formato de farsa o de comedia. El bufón siempre se ríe del poder, con la suficiente moderación para no morir en el intento.

Son, por ejemplo, esas tías, con máscaras de gallinas cluecas, que a veces se mueven como tales, las que resultan, con sus actitudes y lo que dicen, de lo más cómico de la función. También son las que ponen un punto de color con sus grandes abanicos rojos a una función que se mueve entre el negro y los marrones. Tampoco se quedan cortos el médico ni el cura en cuestión de comedia. El primero que comienza sus consultas ofreciendo tabaco, al que la parte conservadora de la familia le condena cualquier consejo u opinión médica por considerarlo un comunista. El segundo, por cómo maneja todos los chismorreos que obtiene en el acto de la confesión y que, por supuesto, siempre propone lo contrario de lo que diga el médico.

Vitória Mantovani
Escena de 'Toda nudez será castigada', de la compañía Teatro Condensado. 

Obra con muchos personajes para una compañía pequeña como esta. Motivo por el que los actores tienen que desdoblarse con un simple cambio de máscara y un mínimo cambio de vestuario. Las excepciones son los que interpretan a Herculano y Geni. Algo que hacen en el propio escenario, cogiendo, cuando corresponde, la careta y el vestuario que le toque a cada personaje de varios maniquís, uno por personaje, que a la sazón cuelgan del techo. Y que haciéndolo todos bien, permite ver el compromiso y futuro teatrales de Leonardo Silva que borda la comedia como tía y el drama como hijo, al que no deja de poner sus gotas de humor cuando cuenta que soñaba que nada podía sonar mejor ni más sensual que el italiano hasta que conoció lo bien que sonaba y “funcionaba” el español del violador.

Propuesta que tal vez falle en determinados movimientos de escena, en cómo ocupar el espacio de este teatro de boca ancha, un “mini yo” del Teatro Fernán Gómez de Madrid. Así como ciertas salidas y entradas, que resultan poco orgánicas, un poco forzadas. Movimientos que no impiden crear interés por lo que pasa en escena. Por la historia de Geni, la prostituta que, que abre la obra diciéndole con voz en off a Herculano que le va a contar una historia. Será la que vivieron juntos y enseñarle que la tristeza no tiene fin, la felicidad sí (que escribiría y compondría Tom Jobin).

 

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