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05/06/2019 17:23 CEST

Todo lo que se está haciendo mal en España para luchar contra el 'bullying'

Amnistía Internacional elabora la primera investigación sobre acoso escolar en nuestro país.

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¿Sabes que en España se están violando los Derechos Humanos de miles de niños y jóvenes en edad escolar? En nuestro país solo vemos la punta del iceberg de los miles de casos de bullying que no se registran oficialmente y que se dan, según la primera investigación de Amnistía Internacional sobre este asunto.

Las medidas para detectarlo no están funcionando y la falta de datos fiables hace que se obvie el sufrimiento: el acoso escolar merma la autoestima, acaba con la salud, vulnera el derecho de la víctima a crecer sin miedo, motiva el abandono escolar temprano, afecta a la capacidad para relacionarse socialmente, genera trastorno de estrés postraumático y puede dejar secuelas de por vida, entre ellas la sensación de indefensión y de soledad.

No son interpretaciones: el impacto del bullying sobre la salud mental está documentado incluso por Naciones Unidas. Sin embargo, las cifras (no oficiales) no se reducen en España porque hay cosas que se están haciendo muy mal, especialmente porque “los gobiernos están fallando” en muchos puntos. Amnistía Internacional explica cuáles son en base a las conclusiones del informe elaborado por Koldo Casla.

El fallido sistema de denuncia

Las víctimas se sienten indefensas y protegerlas es una obligación de las autoridades. El principal problema de que crean que son ignoradas es la debilidad del sistema de denuncia actual:

1. Lo primero que se necesita para reducir los casos de acoso escolar es que las cifras sean claras, pero no lo son. Existe un salto del 200% entre el número de casos de acoso escolar señalados por las comunidades autónomas o las inspecciones educativas y los datos aportados por instituciones como la Organización Mundial de la Salud, la UNESCO u otros observatorios: el 0,02% según los primeros y el 4% según los segundos.

2. En 2017, cuando el Ministerio de Educación activó el servicio de atención telefónica para identificar casos de acoso, recibieron 25.366 llamadas de las que 7.508 fueron identificadas como posibles casos de acoso escolar. El segundo año de funcionamiento recibieron 12.799 llamadas, de las que 5.557 fueron identificadas como posibles casos. El 96% de esos casos NO son reportados a la inspección. Se trata de una negligencia, ya que están obligados a hacerlo con todos los casos. El observatorio estatal no se reúne desde 2011.

3. En las inspecciones educativas no se registran los factores de riesgo, es decir, si una víctima ha sufrido acoso por cuestiones de género o de orientación sexual, por ejemplo. El dato es imprescindible para la prevención.

4. El protocolo no funciona tampoco en los casos de acoso que no dejan marca física, es decir, en los que afectan a la víctima de manera psicológica o relacional. Además, existen protocolos para incoar el procedimiento cuando salta la alarma, pero no son conocidos ni promovidos.

5. Los protocolos parten de la idea de que existe buena disposición por parte de los profesores, pero no se les forma como debieran ni lo hacen en horario lectivo. Tampoco se forma a otro personal que puede ser testigo de casos de acoso, como conserjes o limpiadores.

6. Los alumnos deben ser sujetos activos de su propia formación y no meros receptores de información, porque ellos son los primeros que pueden ayudar en la prevención. 

7. Es importante aceptar que hoy por hoy hay casos de acoso en todos los centros. “Y si alguno dice que no es así es porque lo desconoce o lo está negando”, subraya Koldo Casla.

La intención de Amnistía Internacional, que ha puesto en marcha la campaña Pupitres Libres para que el Gobierno convierta la lucha contra el bullying en un asunto central de la política educativa, es prevenir y no curar, porque las consecuencias del acoso son extremadamente graves tanto a corto como a largo plazo.

Programa Ayuda entre iguales 

Sara Padrón y Paula Orbán participan en el programa Ayuda entre iguales en el instituto de Ourense en el que estudian. Las jóvenes de 15 años han contado uno de los casos reales en los que mediaron. Presentaba un punto en común con cualquier caso de acoso: una alumna a la que insultaban todos los días, en este caso por su aspecto físico.

El asunto llegó a las ‘mediadoras’ gracias a una amiga de la afectada y decidieron solucionarlo con el programa Ayuda entre iguales porque la víctima estaba dispuesta a hablar con su compañero y él también con ella. Ambos expusieron cómo se sentían y llegaron a la conclusión de que el alumno que comenzó a insultarla no era consciente de cómo le afectaba. Lo hacía “para sentirse integrado”. El conflicto, hoy, está solucionado.

No todos los conflictos son mediables: no lo son si hay delito (como en el caso del sexting) o si existen indicios de acoso. Ayuda entre iguales sirve para prevenir.

El bullying es una agresión entre iguales, repetitiva e intencional y con desequilibrio de poder, por ejemplo, cuando un grupo de cuatro personas actúa contra una. La conducta es sistemática y recurrente, con abuso de poder y con intencionalidad de hacer daño. 

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