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09/10/2021 09:56 CEST | Actualizado 09/10/2021 09:56 CEST

Tras los Papeles de Pandora, la lucha contra el fraude y la evasión deben ser el corazón de la justicia fiscal en 2022

En Francia, la evasión fiscal a gran escala representa al menos 80.000 millones de euros, lo que equivale al presupuesto nacional para Educación, Seguridad y Justicia, juntos.

CHESNOT VIA GETTY IMAGES
Anne Hidalgo, candidata a las elecciones presidenciales de Francia.

Según la mitología griega, Pandora es la fuente de los males del mundo. Al abrir la caja que contenía los males de la humanidad, como la vejez, la pobreza y el hambre, Pandora los dejó escapar para que se extendiera a todas las sociedades del mundo.

Sin duda, de entre todas las lacras que se liberaron para hostigar a los seres humanos, haría falta añadir uno de los mayores escándalos de nuestros tiempos: el fraude fiscal.

Fue seguramente ese el razonamiento que tenían en mente los miembros del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) cuando denominaron así a su último estudio: “los Papeles de Pandora”, fruto de la investigación de muchos meses en el limbo de la economía sumergida. Millones de documentos confidenciales de sociedades offshore han sido minuciosamente analizados para rastrear los vínculos entre ciertas cuentas corrientes y sus verdaderos titulares. El resultado es muy claro y se asemeja mucho al del “Swiss Leaks” y al de los “Papeles de Panamá”: altos cargos políticos pillados en unas tramas financieras de la vergüenza. 

Porque hay que decirlo bien claro: los paraísos fiscales son una vergüenza. No tienen nada de paraíso, salvo para quienes los utilizan para enriquecerse a costa de los demás. Y son cualquier cosa menos “fiscales”, dado que su mera existencia es un insulto a los principios del reparto equitativo de las cargas tributarias entre toda la sociedad. Son Estados delincuentes, agujeros negros antifiscales, organizaciones criminales que privan a numerosos países de los recursos que necesitan para su desarrollo, y que fomentan la corrupción, el blanqueo de dinero y toda clase de tráfico ilegal. En lugar de nutrir las arcas nacionales y financiar los servicios públicos, este dinero acaba en las manos de los más ricos. Al final, siempre son los más pobres quienes lo pagan.

La vergüenza no tiene rostro, pero sí una cifra: 80.000 millones

En Francia, esta evasión fiscal a gran escala representa al menos 80.000 millones de euros, lo que equivale al presupuesto nacional para Educación, Seguridad y Justicia, juntos. 80.000 millones, al menos, que les roban a las ciudadanas y los ciudadanos. La vergüenza no tiene rostro, pero sí una cifra: 80.000 millones. Quienes se desgañitan por el aumento de la deuda pública o por el aumento del sueldo a los profesores deberían tenerlo en cuenta.

Ante esta situación, hay dos formas de reaccionar. Por un lado, están quienes se indignan y hacen la vista gorda hasta el estallido del siguiente escándalo, cuando volverán a indignarse y volverán a callar. Sabemos adónde lleva esto. Muchos políticos, tanto europeos como extranjeros, expertos en estos engranajes bien engrasados, forman parte de los Papeles de Pandora. Pero la indignación, cuando solo es fachada, no dura para siempre.

Hay otra solución. Es más complicada, porque la plaga es global. Requiere una verdadera voluntad política, dada la influencia de la que gozan numerosos delincuentes financieros en el proceso de toma de decisiones. Se trata de convertir la lucha contra el fraude y la evasión fiscal en el corazón de la justicia fiscal.

A nivel internacional, se conocen las vías, pero nunca se siguen. La lucha contra el fraude fiscal debería ser uno de los principales proyectos de la presidencia francesa en la Unión Europea, que comienza en enero de 2022. El Fiscal Europeo debería poder investigar el fraude fiscal internacional. Si soy elegida Presidenta de la República Francesa, haremos de la diplomacia fiscal un eje fundamental de nuestra política exterior, movilizando a los embajadores en esos paraísos fiscales y vigilando los convenios fiscales que nos unen.

Denunciar a los Estados delincuentes implica, en primer lugar, disponer de una verdadera lista de “paraísos fiscales” elaborada de forma democrática y transparente. La lista actual de estados o territorios no cooperativos (PTNC) depende de la buena voluntad del Gobierno. Ahora, la tarea de redactarlo, sin coacción de los grupos de presión y sin influencias externas, deberá recaer en el Parlamento. Si se elige una mayoría de izquierdas y ecologista en la Asamblea Nacional, los parlamentarios podrán renovar y votar esta lista cada año, tras un debate abierto y argumentado.

Para condenar a los defraudadores, debemos devolver un margen de maniobra a nuestros tribunales y servicios especializados. Los mecanismos de denuncia obligatoria ante la fiscalía a partir de cierto umbral no son suficientes. El “cerrojo de Bercy”, que otorga al Ministro de Hacienda la facultad de decidir quién debe ser procesado, es un obstáculo obsoleto. Nosotros lo eliminaremos.

Impulsar estas ideas significa poner por fin en marcha una verdadera política pública de lucha contra el fraude. Para ello se necesitan recursos –sobre todo para el personal de la Dirección General de Finanzas Públicas, que se ha reducido durante los últimos cinco años–, pero eso no es suficiente. Nuestro Gobierno contará con un ministerio cuya misión exclusiva será coordinar esta política en una organización modernizada para la detección del fraude: estará al frente de los servicios afectados, así como de un servicio de inteligencia fiscal que se creará a tal efecto.

La lucha, tanto por la justicia fiscal como por otras causas, no está perdida

Porque todos somos víctimas del fraude y la evasión fiscal, la lucha por la justicia fiscal debe ser uno de nuestros motores. Al igual que sucede en materia de Educación, Investigación o Transición ecológica, invertir dinero en esta lucha no cuesta, porque da sus frutos: recursos financieros para nuestros servicios públicos, credibilidad para la autoridad del Estado, confianza renovada en nuestras instituciones. 

En el mito de Pandora, la caja no quedó del todo vacía después de abrirse. La esperanza, con las alas lesionadas, demasiado lenta para volar, aún sigue dentro.

Esta imagen nos recuerda que la lucha, tanto por la justicia fiscal como por otras causas, no está perdida; que hay males a los que aún no estamos condenados, y que los escándalos que estallan deben empujarnos a redoblar nuestros esfuerzos para encontrar, en lo más profundo de nosotros mismos, ese rayo de esperanza.

Es este futuro, basado en la justicia y la esperanza, el que queremos conseguir para 2022.

 

Este post también lo firma el equipo de campaña de Anne Hidalgo: el senador Patrick Kanner y los alcaldes de Rennes, Nancy y Nantes: Nathalie Appéré, Mathieu Klein y Johanna Rolland.

 

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Francia y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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