Tres mujeres Magnum

La exposición ‘Tres mujeres Magnum: Eve Arnold, Inge Morath y Cristina García Rodero’ del Centro Cultural Niemeyer nos adentra en la obra de tres fotoperiodistas que han hecho historia.
La actriz estadounidense Marilyn Monroe descansando entre tomas durante una sesión de estudio fotográfico en Hollywood (Paramount Gallery), para el rodaje de la película “The Misfits”. © Eve Arnold / Magnum Photos.
© Eve Arnold / Magnum Photos.
La actriz estadounidense Marilyn Monroe descansando entre tomas durante una sesión de estudio fotográfico en Hollywood (Paramount Gallery), para el rodaje de la película “The Misfits”. © Eve Arnold / Magnum Photos.

“Tengo treinta y cuatro años, vivo sin descanso, estoy exhausta”. Esas fueron las palabras que Marilyn Monroe le dirigió a la fotógrafa Eve Arnold (Filadelfia, 1912- Londres, 2012) durante el rodaje de Vidas rebeldes (1969, John Huston). La actriz llegaba de la agotadora grabación de Let’s Make Love y, en Reno (Nevada), en compañía de Clark Gable y Montgomery Clift, Monroe alcanzó el cénit de su agotamiento. Nadie lo habría dicho en vista de las fotografías del rodaje, algunas de las cuales se encuentran en la exposición Tres mujeres Magnum: Eve Arnold, Inge Morath y Cristina García Rodero actualmente en la sala de fotografía del Centro Niemeyer, una cita ineludible para los amantes del arte fotográfico, del siglo XX y del cine.

El retrato más icónico de aquel rodaje pertenece a la fotoperiodista Eve Arnold, cuya mirada le había llevado a ser la primera fotógrafa mujer aceptada por la prestigiosa agencia Magnum. En una de sus más celebradas imágenes, Marilyn aparece descansando entre toma y toma, cubierta con una simple sábana, pero perfectamente ataviada como el personaje que sustentó su leyenda. Nada en su fisionomía parecía cansado, pero sus ojos, esos ojos delatores en los que se adentró Eve Arnold, expresan el mayor desánimo y tristeza de su entera filmografía.

La mirada de Eve Arnold no era artificiosa ni condescendiente, capturaba el momento y el espíritu, precisamente lo que llevó a Henri Cartier-Bresson a proponerla como miembro de derecho de Magnum en 1951, cuando dejó de ser una agencia conformada exclusivamente por hombres. A Arnold, de origen humilde, le preocupaba sobremanera el mundo en el que vivía, y así retrató la pobreza, los movimientos sociales (fue una de las primeras cronistas de los Panteras Negras), la situación de la mujer y la desigualdad. Pero esto no es óbice para que no se haya convertido en una de las mejores retratistas del Hollywood dorado. De hecho, se convirtió en cronista excepcional de Joan Crawford, la complicada estrella que confesó profesarle “amor y confianza eterna, siempre”.

Inge Morath (Graz, 1923- Nueva York, 2002) también cubrió el rodaje de Vidas rebeldes, aunque su perspectiva era completamente distinta a la de Eve Arnold. Igualmente pionera de Magnum, entró apenas un par de años después que su predecesora, su perspectiva fotográfica estaba bañada de cierta distancia y pudor. Ya había trabajado en el rodaje de Moulin Rouge con John Huston y este había comprendido el calado de su profesionalidad. Ambos se respetaban y se admiraban, algo que también se traduce en sus imágenes.

Rumanía, 1958. © Inge Morath / Magnum Photos
© Inge Morath / Magnum Photos
Rumanía, 1958. © Inge Morath / Magnum Photos

El propio Arthur Miller, dramaturgo, marido de Marilyn Monroe durante el rodaje y futuro marido de la fotógrafa, definió la labor de Morath de manera impecable: “Cuando se colocaba tras la cámara sentía cierta responsabilidad hacia lo que estaba mirando. Sus fotografías de Marilyn eran particularmente empáticas y cercanas, como si pudiera capturar la angustia tras su celebridad, su dolor, así como su alegría por la vida. Muchas fotografías del grupo de Magnum formaron parte de la mitología de Vidas rebeldes, pero las de Inge son especialmente tiernas y bellas”. Aunque es cierto que en el rodaje también estuvo el propio Henri Cartier-Bresson, Morath y él consiguieron encontrar distancia suficiente para dar rienda suelta a sus puntos de vista. En este sentido, la cercanía de Morath a Marilyn Monroe denota su admiración por ella: “Marilyn era simplemente extraordinaria” llegó a admitir la fotógrafa, “en ella había fortaleza y energía combinada con fragilidad”.

Alejada de este universo de glamour y estrellato se encuentra la tercera fotógrafa cuya obra recorre la exposición, Cristina García Rodero (Puertollano, 1949), excelente artista y única representación española en la agencia Magnum desde su entrada en 2005. La mirada de García Rodero es incisiva, delicada pero atrevida, muy humana.

Haiti. Carnaval de Jacmel. 2001. © Cristina García Rodero / Magnum Photos .
© Cristina García Rodero / Magnum Photos .
Haiti. Carnaval de Jacmel. 2001. © Cristina García Rodero / Magnum Photos .

Su recorrido profesional, que le ha llevado a retratar sobrecogedores rituales de medio mundo, ha sido recogido por publicaciones como Libération, Le Monde, Frankfurter Allgemeine Magazín, Il Corriere della Sera, Vogue, Life y Los Angeles Times Magazine, así como los españoles El País Semanal, La Vanguardia y El Mundo. Precisamente ella ostenta la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes vacante tras la desaparición de Luis García Berlanga, además del merecido Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura. De hecho, la mirada de García Rodero es, sin duda, la más artística de las tres fotógrafas, quizá porque su origen no es el periodismo, sino el arte. Eso empuja a García Rodero a experimentar y a retratar sensaciones, realidades, personas y experiencias más allá de eventos o hechos. Su personalísima mirada orienta su objetivo hacia la vida, no hacia la actualidad.

Por ello es imprescindible dejarse acoger por la exposición del Centro Niemeyer, porque su interior ofrece la posibilidad de expandir el conocimiento y descubrir un mundo cercano, el de Magnum, pero fuera de los contornos de Cartier Bresson, Robert Capa o Sebastião Salgado, por citar algunos imprescindibles de la agencia.

Finalmente, solo un apunte: en la actualidad, hay noventa y nueve fotógrafos varones de pleno derecho en la agencia, frente a once mujeres. Un argumento más para valorar iniciativas de visibilización como esta exposición.

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