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05/07/2020 10:28 CEST | Actualizado 05/07/2020 10:28 CEST

Tutélanos, Pablo

Iglesias retuvo la tarjeta que le pertenecía a Dina Bousselham dentro de un cajón por su propio bien.

Europa Press News via Getty Images
Pablo Iglesias.

En un universo paralelo, Dina Bousselham lidera Podemos. Tiene como colaborador a Pablo Iglesias, al que le roban el teléfono móvil en un centro comercial. Su tarjeta anda rodando por varios medios de comunicación, hasta que finalmente cae en manos de Bousselham. Dina revisa su contenido, encuentra fotos y mensajes muy personales de Iglesias y finalmente se guarda la tarjeta sin decirle nada a su dueño.

Meses más tarde, en una entrevista radiofónica, y preguntada por el motivo de esa conducta, Dina Bousselham afirma: “Imagínese lo que supone para un varón de cuarenta y pico años saber que esas fotos íntimas suyas acaban en manos de Ok Diario, de Eduardo Inda, de Villarejo... Yo examino el contenido, veo el contenido de lo que hay ahí y tomo una decisión, que es no someter a Pablo a más presión”. Fin del universo paralelo.

Aceptémoslo. Cualquier película de la saga de Star Wars es más verosímil que el corto de ciencia ficción que acaban de leer. Y el motivo por el que intercambiar a Iglesias con Bousselham convierte una historia real en una fantasía surrealista tiene que ver únicamente con el sexo de uno y otra. Pablo “la azotaría hasta que sangrara” Iglesias es varón y líder. Dina Bousselham es mujer y colaboradora.

Es la mujer la que es tutelada por el varón y es el varón el que tutela a las mujeres el varón -dicho en rajoyés-.

¿Recuerdan ese truco que aclara si un anuncio publicitario es machista o no intercambiando los sexos y viendo si el spot podría seguir existiendo? Pues también se aplica a las declaraciones de los políticos. Es el varón el que protege a la mujer, el que decide lo que le conviene -una mujer nunca es mayor de edad-, el que toma decisiones por ella sin informarle. Es la mujer la que es tutelada por el varón y es el varón el que tutela a las mujeres el varón -dicho en rajoyés-.

Parece contradictorio, porque Podemos basa buena parte de su imagen de marca en su condición furiosamente feminista, incompatible con cualquier resto de indicio de asomo de sospecha de vestigio de traza de machismo. Pero para ver que no lo es basta con ir más allá de etiquetas y consignas, y reparar en la apuesta que el Ministerio de Igualdad hace por la visión queer del generismo, pura metafísica individualista, irracionalista y neoliberal, que perpetúa y valida los estereotipos de género sin cuestionar cómo se originan o a qué intereses sirven.

Entonces se ve que no hay contradicción entre la ideología de Irene Montero y la actitud de su pareja. De hecho, si nos atenemos a la guía Somos diversidad presentada por el Ministerio de Igualdad esta semana, el encaje Iglesias-Bousselham es el natural entre un varón y una mujer, ambos cisgénero. Otro tipo de relación sólo podría darse si alguno de los dos fuera una persona trans.

Iglesias retuvo la tarjeta que le pertenecía a Dina Bousselham dentro de un cajón por su propio bien.

No hay mayor descrédito de una postura política que poder ser reducida a categorías psicoanalíticas, y la ambigüedad de una formación política que, por un lado, dice estar en las barricadas del feminismo, pero, por otro, concede enamorada a su líder una impunidad mesiánica en relación con cuantos tics machistas se digne tener, parece más analizable en términos de mecanismos de defensa y elaboraciones neuróticas que en los propios de una militancia política.

Pablo Iglesias retuvo la tarjeta que le pertenecía a Dina Bousselham dentro de un cajón por su propio bien, y todos sospechamos que en ese mismo cajón tiene guardado ahora el feminismo radical progresista. Es por nuestro bien. Por no someter a más presión a las votantes femeninas. Todos somos mujeres de veintipico años. Tutélanos, Pablo.