Algunas cosas tóxicas, intolerables e incomprensibles de TVE, la cadena de todos

Algunas cosas tóxicas, intolerables e incomprensibles de TVE, la cadena de todos

La llamada de atención, en el despacho de la presidencia, a la periodista Anna Bosch por un retuit, uno de los últimos desmanes de Pérez Tornero. Aquí va el relato de este y otros tantos, como el de la singular directora de comunicación, María Eizaguirre.

La periodista Anna Bosch.YOUTUBE RTVE

Hace unos días, la periodista de TVE Anna Bosch estaba tranquilamente en su puesto de trabajo el pasado 5 de mayo cuando recibió una llamada del presidente de la corporación, Juan José Pérez Tornero, para que acudiera URGENTE a su despacho.

Llegó. Además del propio Tornero estaba el secretario general del ente, Alfonso Morales, en calidad de ABOGADO. El motivo de la urgencia era una reprimenda, un toque de atención, por un retuit que la periodista había realizado desde su cuenta personal. Era este:

La información que retuiteó, publicada por los colegas de Bluper era absolutamente veraz. Bosch, que no ostenta cargo directivo alguno, como tantos profesionales de dentro de la cadena, como tantos ciudadanos, periodistas o no, a los que aún nos preocupa la tele pública (cada vez menos, todo sea dicho), está en desacuerdo con ciertas decisiones, con la deriva de esa cadena, que es su casa, en la que lleva trabajando tantos años. Que por cierto es lo normal.

¿Qué se dijo exactamente en ese despacho? ¿A santo de qué puede un presidente de la corporación pública llamar a capítulo a una empleada por algo tan normal como un retuit de una información real? ¿Qué hacía allí un abogado? ¿Se le expedientó, se le advirtió de que se emprenderían medidas legales contra ella, de que había infringido algún código ético de la cadena? Nada de eso, porque nada de eso es posible en un caso como este.

Lo que pasó en ese despacho fue:

-Una intimidación

-Una machada

-Una falta total de sentido común, de respeto.

Lo que pasó allí dentro, con la periodista sola y los otros dos señores ¿acusándola? fue sencillamente un comportamiento intolerable, insólito, indigno, injusto. Además del rapapolvo, del toque de atención, pasó lo siguiente:

-Hemos recibido informes tuyos… dijo el presidente

-…

-Sí, y de otros profesionales de la casa como Xabier Fortes

-…

Anna Bosch salió desconcertada y reclamó amparo al Consejo de informativos, un organismo profesional y transparente que, afortunadamente, vela para que todos recibamos de la cadena pública la información que nos merecemos. Y brinda un apoyo total a los profesionales de la casa. Con su relato elaboró un informe desolador. Lo leí, llamé a la presidencia. Allí explicaron que eso de los dossieres es falso, que para nada y que ellos respetan la libertad de expresión y el derecho a la información…

Con su relato elaboró un informe desolador. Lo leí, llamé a la presidencia. Allí explicaron que eso de los dossieres es falso, que para nada

Este asunto podría ser anecdótico si este presidente no hubiera protagonizado desde que llegó al cargo, momentos un tanto delirantes, o cuanto menos controvertidos. Vamos a repasar algunos para hacernos una idea.

Conocí a Amalia Martínez de Velasco en un evento televisivo, pocas semanas después de que la nombraran directora de Contenidos Generales de RTVE, en mayo de 2021. Me enteré de su nombramiento y me alegré mucho. Tenía un currículum estupendo y llegaba a una nueva etapa de la siempre convulsa tele pública. La encontré entusiasmada, la verdad, con muchas ganas de aplicar todo su bagaje, todos sus conocimientos audiovisuales a la que debería ser la cadena más poderosa (en todos los sentidos) del panorama televisivo. La cadena de que debería ser incontestable, pese a tener los datos de audiencia más bajos.

Velasco venía de trabajar en un gigante, el norteamericano Viacom, había trabajado en estrategias de contenidos y marketing en canales como Comedy Central o Paramount Network. Un respeto pues, sabía lo que era una cadena de televisión, conocía los entresijos, las complejidades, las tácticas y las técnicas a llevar a cabo.

Y estaba contenta, ya digo. Feliz la noté. No nos conocíamos y salí del acto con buen rollo. Sigo desde hace muchos años el recorrido de la cadena pública, a la que defiendo a muerte como un medio imprescindible que debería funcionar sin mácula, con criterio, con objetivos… y su llegada me parecía esperanzadora. Nos emplazamos a tomar un café más adelante. Cuando volvimos a coincidir, en septiembre del año pasado, en el festival de Vitoria, durante la presentación de algunos de los estrenos de la temporada, habían pasado apenas cuatro meses desde que accedió al cargo, y apenas tres desde que nos habíamos conocido, ella con energía. Parecía otra mujer, como si alguien le hubiera chupado la energía entera, como si sus ganas de hacer se hubieran evaporado.

No le di más importancia. Seguimos emplazándonos a ese café. Ese mismo día, en la sala del palacio de Congresos de Vitoria, donde tienen lugar buena parte de las ruedas de prensa del festival de televisión, me encontré por primera vez con la directora de comunicación del ente, María Eizaguirre, un personaje singular cuanto menos, que, vamos a decirlo, se ha convertido en la comidilla de todos los periodistas que analizamos o cubrimos eventos televisivos. Por sus modos y maneras, por su omnipresencia. Y qué curioso, ¿cómo se define en su cuenta de Instagram?: #librepensadora. Ajá…

Allí en el escenario, se mostraba más como jefaza suprema, como vedette, como estrella rutilante, que como la profesional que ha de comunicar y contar lo que sucede dentro de la casa. Como el vaso comunicante entre nosotros, los periodistas y ellos, los profesionales de la cadena. Me quedé sorprendida cuando la vi tomar la palabra y, digamos, eclipsar a la directora de contenidos de la cadena Amalia Martínez de Velasco. Puse en marcha mi disco duro y recordé de pronto quién era esa periodista que, vestida de gala (nada que objetar, cada uno se viste como le da la gana, solo lo digo porque me llamó la atención) tomaba la palabra.

¿De qué me sonaba? ¡Joder, claro!, era la misma periodista que había entrado en informativos de la mano de Julio Somoano en 2012, desde Radio Nacional. La misma a la que pusieron de directora del telediario de las nueve. La misma que venía de Radio Nacional. Y la colocó como directora del telediario de las nueve, uno de los que más quejas recibió durante aquellos años de plomo. La misma que cortó a Bárcenas en el informativo, en un directo en el que el extesorero, recién salido de la cárcel, estaba señalando a Rajoy como responsable y conocedor de los hechos. Fue sonada esa queja. También la que provocó cuando eliminó una metedura de pata de Rajoy sobre la mujer. Durante su tiempo como directora de ese informativo, tuvo una oleada de firmas en contra.

El caso es que, en la nueva andadura de TVE, cuando el PP pierde las elecciones, se constituye un nuevo organigrama. Para el Consejo de Administración, el PP, ya en la oposición, quiere colocar de alguna manera a sus acólitos.

-Queremos a María en el consejo

-Ya habéis pedido a Carmen Sastre y Jenaro Castro… todos no caben

Como estos dos nombres tenían más galones, entraron ellos. Pero el PP no se rindió:

-Pues en un cargo de alta dirección, quizá

Y allí que llega, como directora de comunicación todo terreno, capaz de liderar una cruzada, con cierta altanería, contra la cadena por culpa de la gestión en el Benidorm Fest, o de encabezar la ¿absurda? propuesta de La Gran Consulta y conseguir desviar para ella el presupuesto que estaba previsto para la plataforma RTVE Play, que es una de las mejores cosas que le han pasado a esa cadena en los últimos años. Y el futuro de la misma, añado.

-Un millón de euros se ha gastado en eso, me contaron los colegas de la cadena

-Pero ¿quién le permitió que destinara esos fondos a esos bolos por España?, pregunté yo

-El presidente de la corporación, claro

Sigamos. Tras aquel día en Vitoria, he continuado viendo a la directora de comunicación en todos y cada uno de los actos de presentación de RTVE con un ¿insólito? protagonismo, la verdad.  De hecho, la vi incluso en el Telepasión de este año, no digo más. A Martínez de Velasco se la impusieron en algunos espacios, entre otros ese. El caso es que Amalia y yo no llegamos a tomar ese café porque en marzo de este año, el presidente de la corporación, Pérez Tornero, la cesó. Por no cumplir, dijo, con las expectativas de audiencia. Cosas que pasan en las cadenas, claro.

Si no fuera porque poco antes de ella se había marchado, cansado también de ninguneos, de obstáculos, de trabas, uno de los profesionales más solventes que ha tenido cargo en plaza en esa casa, Fran Llorente, lo de Amalia podría ser un gaje del oficio más.

Son muchos gajes, estos, señor Pérez Tornero, demasiado ruido, demasiadas decisiones incomprensibles

Si no fuera porque poco después, Mamen del Cerro, que había sido nombrada directora de informativos, dimitió por no querer aceptar imposiciones en su equipo, de profesionales vinculados al PP, por ejemplo, podría ser otro gaje del oficio.

Tendríamos otro gaje, si no fuera porque Esteve Crespo, fichado como director de contenidos informativos en junio del 21, dimitió apenas ocho meses después, y solo dos tras el despido de Amalia Martínez de Velasco, por “motivos personales”. Que no eran otros que desavenencias, una vez más con la dirección, que deseaba confeccionar el equipo editorial y directivo a su conveniencia.

Pero son muchos gajes, estos, señor Pérez Tornero, demasiado ruido, demasiadas decisiones incomprensibles, demasiadas concesiones a políticos varios, demasiada toxicidad, demasiada gente enfadada, estupefacta, demasiados ciudadanos dándole la espalda a la tele pública, en la que cada vez nos fijamos menos. Y a mí me da mucha pena: allí dentro hay talento desaprovechado y muchos colegas con ganas de hacer la tele pública que QUEREMOS DE VERDAD, y no solo la que parece querer su directora de comunicación.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Periodista, ha trabajado para diarios como Levante y televisiones como Canal 9 y TVE. Es colaboradora de radios como Cadena Ser o RNE. Cubells ha publicado varios libros sobre el mundo de la televisión y también, en colaboración con Marce Rodríguez, el libro Mis padres no lo saben.