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25/09/2020 00:32 CEST

Un artículo de ‘The Lancet’ señala los errores y los aciertos de España en la desescalada

También pone deberes a los países: invertir más en sanidad y salud pública.

Eduardo Sanz/Europa Press via Getty Images
Una vecina mira por su ventana de Peralta, un pueblo confinado de Navarra, el 24 de septiembre de 2020.

Este viernes se publica en la prestigiosa revista científica The Lancet un estudio en el que se compara la estrategia de nueve países a la hora de levantar las medidas de confinamiento por la pandemia de coronavirus

Con el título ‘Lecciones aprendidas de la desescalada: un análisis de países y regiones de Asia-Pacífico y Europa’, la investigación, liderada por la profesora Helena Legido-Quigley, de la Universidad de Singapur, enumera “cuatro principios de salud pública” que deberían tener en cuenta todos los países en su estrategia de desescalada. Estos son: estado epidemiológico, aceptación de la comunidad, capacidad del sistema de salud pública y capacidad del sistema sanitario.

España es uno de los nueve países escogidos, junto con Alemania, Noruega y Reino Unido (en Europa), y Hong Kong, Japón, Nueva Zelanda, Singapur y Corea del Sur (en la región de Asia-Pacífico). El estudio trata de desentrañar qué se puede aprender del enfoque de cada país, apuntando a lo que se ha hecho bien y no tan bien.

Mascarillas e ingreso mínimo vital, bien

El caso de España aparece citado tanto para lo bueno como para lo malo. El estudio destaca que en España se recomienda casi desde el principio mantener la distancia interpersonal de 1,5 metros, y que los Gobiernos han hecho obligatorio el uso de mascarilla en interiores o en caso de no poder respetar la distancia de seguridad. El artículo también menciona la aprobación del ingreso mínimo vital, que se ha visto “acelerada por la crisis del COVID-19”. “Se espera que este programa beneficie a 2,5 millones de personas y costará 3.000 millones de euros anuales”, señalan los autores, entre los que se encuentra el español Alberto García-Basteiro, del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

“Una década de austeridad”, mal

Hasta aquí, lo que España ha hecho moderadamente bien. Ahora vienen las lecciones que puede aprender el país, desde una mejora en el sistema de detección y rastreo hasta un refuerzo en la sanidad para compensar los recortes de “una década de austeridad”. 

“Los países deben tener en marcha un sistema eficaz de detección, testeo, rastreo, aislamiento y apoyo antes de que comiencen a levantar sus restricciones. A España y a Reino Unido les ha costado cumplir con esto”, señala el estudio. “Cualquier sistema tiene que verse apoyado por una inversión continuada en la capacidad de salud pública y de sanidad, y en ello se incluyen instalaciones, material y mano de obra”. 

Cualquier sistema tiene que verse apoyado por una inversión continuada en la capacidad de salud pública y sanidad

“La experiencia con epidemias anteriores como el SARS y el MERS ha supuesto que muchos países de Asia tuvieran ya robustas infraestructuras sanitarias y de salud pública. [...] En Europa, los sistemas de salud pública en España y Reino Unidos han tenido que lidiar con las consecuencias de una década de austeridad”, apunta el artículo.

Capacidad de UCI, mal

“La experiencia de Alemania demuestra los beneficios de invertir en sanidad para el futuro”, prosigue la investigación. “Antes de la epidemia de COVID-19, el país ya tenía 34 camas en cuidados intensivos (UCI) por cada 100.000 habitantes, en comparación con las 9,7 camas de España y 5,2 de Japón”, puntualizan los autores del estudio. “De este modo, las unidades de cuidados intensivos de Alemania estuvieron muy por debajo de su capacidad máxima durante el pico de la epidemia, a diferencia de otros muchos homólogos europeos, que tuvieron que adaptar otros pabellones y espacios dentro de los hospitales para poder acomodar a pacientes críticos con coronavirus”. 

Protección de los sanitarios, peor

España es uno de esos países que tuvo (y tiene) problemas con su capacidad hospitalaria, del mismo modo que también es ‘ejemplo’ de la precariedad entre los sanitarios, lo cual ha dado como resultado que el gremio acumule “un 10% de todos los casos de coronavirus en el país”.

“En algunos países, la escasez de equipos de protección individual (EPI) ha obligado a los sanitarios a trabajar sin la protección adecuada, y la escasez de respiradores los ha obligado a tomar difíciles decisiones de racionamiento”, señala el artículo. 

La escasez de materiales ha obligado a los sanitarios a trabajar sin la protección adecuada

En contraste con el caso español, los investigadores citan a Hong Kong, Corea del Sur y Singapur, donde “un almacenamiento suficiente junto con un entrenamiento estructurado para garantizar el uso adecuado de los EPI [...] han protegido ampliamente a los trabajadores sanitarios del contagio”.  

España, y en general Europa, tampoco salen bien paradas en su estrategia de apertura al turismo. En comparación con la región de Asia-Pacífico, “los países europeos han ido lentos a la hora de requerir pruebas a los viajeros”, dicen los autores del estudio. “En junio de 2020, España eximió a los ciudadanos europeos de la obligación de mantener una cuarentena cuando entraran al país”, puntualizan.

Ante todo, el artículo publicado en The Lancet se presenta con un “espíritu de colaboración internacional” para que los países aprendan de los errores del pasado y de los aciertos del resto. “Levantar las restricciones es algo que debe llevarse a cabo con mucho cuidado y vigilancia continua, y España, Alemania y Reino Unido han demostrado el enorme potencial de repunte de la epidemia si no se ponen en marcha medidas exhaustivas”, concluyen los científicos. 

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