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01/03/2019 12:45 CET | Actualizado 01/03/2019 19:05 CET

El bombero de Sevilla para el que piden 20 años de cárcel por rescatar a inmigrantes

Miguel Roldán está siendo investigado por supuesto tráfico de personas, tras trabajar 20 días como voluntario con el barco de una ONG alemana.

MIGUEL ROLDÁN / CEDIDA
El bombero Miguel Roldán.

"Quien salva una vida salva al mundo entero", dice el Talmud. Siguiendo esa máxima, Miguel Roldán Espinosa ha salvado muchos mundos, muchas vidas de inmigrantes y refugiados que se montaban en una lancha precaria, en la costa de Libia, y buscaban el sueño, flanqueados por la muerte, camino de Europa. Pero en vez de reconocimiento y agradecimiento, este bombero -malagueño de Cuevas Bajas con destino en el Polígono Sur de Sevilla-, puede verse encarcelado por 20 años, acusado como está por las autoridades italianas de tráfico de personas. "Yo sólo fui a ofrecer mis brazos, a salvar personas, nada más", rechaza.

La historia comienza en 2017. Miguel, especialista en rescates en el agua, había estado el año anterior rescatando refugiados en la isla griega de Lesbos, con la ONG Proem-Aid. Un conocido de aquella expedición lo llama y le dice que si se suma a otra ONG, la alemana Jugend Rettet, que tiene un barco de pesca reconvertido para el rescate en el Mediterráneo central. Miguel ve los vídeos, las fotos, entiende que el problema sigue vivo y se enrola. Toma sus vacaciones, se paga su vuelo a Malta, se embarca. Pasa a bordo del Iuventa 20 días, entre finales de junio y principios de julio de 2017. Ve de todo: a veces llegan a tiempo, a veces tarde. Más de 5.000 personas pasan por las manos de su equipo, en un verano de récord, con 14.000 rescatados en total.

Revive esos días -al teléfono, tras acabar una guardia en el Día de Andalucía-, con una mezcla de tristeza y satisfacción. "Vivimos situaciones límite. Nuestra misión era interceptar barcos y por eso estábamos siempre en movimiento, buscando a quién ayudar. Siempre en aguas internacionales, no de Libia. Si veíamos alguna embarcación, la estabilizábamos, le dábamos flotabilidad, les pasábamos chalecos a los ocupantes y los subíamos al barco. Luego los llevábamos a un buque mayor, de Save The Children o Médicos Sin Fronteras, con más capacidad y medios". Esa era su rutina profesional.

Los días pasaban con momentos muy duros, "porque no era una película de terror, sino mucho peor: la realidad", recuerda jornadas de pasar 14 horas en el agua tirando de gente, resistiendo a base de barritas energéticas. Desgaste, sí. Incidentes, no. Cualquier paso que daba el barco estaba "siempre" coordinado con la MRCC de Roma, la autoridad de búsqueda y rescate de Italia. "Si ellos decían que no nos podíamos mover, no lo hacíamos, aunque incluso en alguna ocasión un barco se estuviera hundiendo ya". Todo según las reglas, repite. ¿Contactos con mafias? "Ninguno, nada, nunca, no, no".

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REUTERS
El 'Iuventa' de Jugend Rettet, en pleno rescate en el Maditerráneo, hace dos años.

Miguel regresa a su empleo en Sevilla, "orgulloso" por su trabajo, callado, del que no faroleaba ni en redes sociales (que no tenía y se ha tenido que abrir por su actual cruzada judicial). "Sencillamente, tenía que ir. No es como en otras misiones de bombero en las que ayudas pero no eres tan determinante o estás en la periferia. Ahí es tu cabeza, tu cuerpo, el que directamente hace y salva. O estás tú o esta gente se muere", explica.

Se afana en su puesto de funcionario, que ocupa desde 2013, y casi un año después, le llega una notificación de la justicia italiana, vía Policía Nacional, diciendo que se le investiga por tráfico de personas. Al principio no le presta mucha atención. No entiende bien su gravedad y está pendiente de otra lucha, contra un cáncer de tiroides que le acaban de detectar. Ocho meses estuvo de baja, lejos de su parque de bomberos. La salud era la prioridad. Pero entonces lo llaman desde Alemania y le dicen: "Ponte las pilas, que esto es gordo". Así se entera de que los jueces estaban procesando en total a diez miembros de la ONG (siete germanos, un portugués y una escocesa, más el bombero español), y de que la acusación que les hacen puede acarrear penas de hasta 20 años de prisión.

"Me quedé helado al ver la que se me venía encima. ¡Pero si fuimos a ayudar! Cuando empecé a mover el tema, me encontré con que gran parte del sumario sigue siendo secreto, por lo que desconocemos los detalles de la causa, con la incertidumbre grandísima que eso añade. Se nos acusa, en principio, de colaboración con tráfico de personas. Estamos ahora en la fase de investigación y no se desvelará el resultado hasta mediados o finales de verano. Luego, el juicio se podría hacer a final de año, pero claro, nosotros lo que queremos es que todo se anule y se archive el caso sin llegar a eso", anhela.

Todo lo que hicimos fue buscar en el mar, actuar si veíamos una de esas embarcaciones que son casi de juguete y asistir a las personas. Y con coordinación. En esos 20 días nadie nos vino a decir que estábamos haciéndolo mal

La acusación que hace Italia contra Roldán y sus colegas no es nueva: hay decenas de rescatadores procesados por entender que son parte de la maquinaria mafiosa que traslada a los migrantes desde el norte de África al sur de Europa. Demostrar que están conchabados hasta ahora no ha sido posible, "porque no es verdad", resume con sencillez el bombero. "Todo lo que hicimos fue buscar en el mar, actuar si veíamos una de esas embarcaciones que son casi de juguete y asistir a las personas. Y con coordinación. En esos 20 días nadie nos vino a decir que estábamos haciéndolo mal", insiste.

Al sinsentido de la acusación se suma el coste económico que lleva afrontarla. La ONG alemana ha destinado por ahora 150.000 euros para la defensa colectiva de los diez procesados, pero ya le han dicho a Miguel que no pueden asumir su defensa particular, porque esa cifra se puede multiplicar por dos o por tres. Justo en la siguiente misión que emprendieron tras los días de voluntario de Miguel el barco de la asociación fue confiscado y ahora está en bancarrota. A través de la plataforma Solidarity At Sea (Solidaridad en el mar) están tratando de lograr más fondos, pero es complejo.

Miguel hace cuentas para pagar a su letrado, Max Adam, con una larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos en Andalucía, quien ya le ha dicho que siguen adelante con el proceso y ya verán luego. "Es muy de agradecer". El bombero, azorado, no quiere hablar de colectas o actos para ayudarle. "Apoyo público tengo mucho y eso me reconforta. Habrá plenos de apoyo en mi pueblo, Cuevas Bajas, en Alhama de Granada, donde estuve de misión, y me consta que ya saben de mi caso en el Ayuntamiento de Sevilla. Pero por ahora yo tengo mi sueldo a fin de mes y asumo el gasto, no se lo voy a quitar a otro que tenga menos", remarca.

Lo que le "duele" más es que los focos se pongan sobre él, sobre los voluntarios, cuando "las víctimas reales de todo esto son las personas que siguen cruzando cada día, que van a seguir haciéndolo, y que no tienen ahora ni un barco para auxiliarlas". "Nosotros, de una manera o de otra, tenemos respaldo, pero ellos... sólo tienen su angustia, ellos son los que siguen solos, cruzando y muriendo", enfatiza, antes de hacer un largo silencio. Luego dice: "Una hora a bordo de un barco, viendo a estas personas pasar, le recomiendo a quien no sepa ver su sufrimiento. Con eso basta. Hay que entender que, en muchos casos, no es que quieran vivir mejor, sino que sólo quieren vivir, y en su países no pueden".

El precedente

Su caso trae a la memoria el de otros tres bomberos de Proem-Aid, también destinados en Sevilla, que fueron procesados en Grecia por su asistencia en Lesbos, por el mismo supuesto delito. Todos fueron felizmente absueltos, tras lograr el apoyo de la Junta de Andalucía y hasta del Gobierno central. Miguel insiste en las diferencias: "Ellos eran tres y yo estoy solo, no hay más españoles y la asociación me queda lejos, en Alemania, y encima ya no tiene la infraestructura de antes. A ellos les acusaba la justicia de Grecia y a mí, la de Italia, un país donde el gobierno ya es de derechas... Muchas variantes", dice, prudente.

Frente a la Grecia del izquierdista Alexis Tsipras, la Italia de la ultraderecha de la Liga y su ministro del Interior, Matteo Salvini, que ha hecho de su bloqueo a la inmigración un eje de su política.

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Pese a todo, Roldán se muestra "esperanzado" en que todo se aclare, la acusación se disuelva y "quede clara la verdad". Si todo sale bien, ¿querría volver al Mediterráneo? "Sin duda. Me encantaría. Sé que hice bien. Mi conciencia está tranquila. Como dice mi padre: "Salvar vidas no puede estar penado".

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