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26/09/2021 10:31 CEST | Actualizado 26/09/2021 10:31 CEST

Un vulcanólogo, dos juristas

La regla es muy fácil de aplicar: ¿vas a hablar sobre volcanes? Trae a un vulcanólogo. ¿Vas a hablar sobre Puigdemont? Trae a dos juristas. Como poco.

Europa Press News via Europa Press via Getty Images
Vista del volcán de la Palma la pasada madrugada.

Propongo que todos los temas que existen se clasifiquen en una de estas dos categorías: (1) aquellos temas que son tratados en los medios de comunicación mediante la presencia de un experto que aclara las dudas que pudiera haber al respecto, y (2) aquellos temas que son tratados en los medios de comunicación mediante la presencia de dos expertos que discuten entre ellos acerca de la cuestión en disputa. Si esta clasificación no les gusta, les puedo ofrecer otra que es exactamente igual: (1) aquellos temas en donde la discrepancia entre los expertos es menor que la discrepancia entre los legos, y (2) aquellos temas en donde la discrepancia entre los expertos es igual o incluso mayor que la discrepancia entre los legos acerca de la disputa en cuestión.

Los dos grandes temas de la semana han representado ambas categorías. Los medios han cubierto exhaustivamente la aparición del nuevo volcán en La Palma y hemos visto la intervención de decenas de vulcanólogos explicando la erupción. Siempre de uno en uno, sin entrar en polémica con el que habló durante la hora previa o en la cadena siguiente. En la mesa de “Al rojo vivo” ningún par de geólogos discreparon sobre la evolución de la colada de lava. Nada que ver con el tratamiento mediático dado a la detención fake de Puigdemont, en donde hemos visto a tertulianos incompatibles dar opiniones tan incompatibles sobre la euroorden como las que en ese momento manteníamos los espectadores. Francisco Marhuenda y Antonio Carmona no actuaron como petrólogos en “Espejo público”.

 Se confundía Yanis Varoufakis cuando dijo que la economía era la única materia en donde dos premios Nobel pueden mantener públicamente una conversación, estando cada uno convencido de que el otro no tiene ni puñetera idea de lo que está hablando. No es verdad que esto sólo ocurra en economía: pasa lo mismo en derecho, en filosofía, en política, en arte… Pero no en vulcanología. Tampoco en medicina. Año y medio de pandemia nos debería haber dejado suficientemente clara la diferencia entre las disciplinas en donde basta con la presencia de un experto para hacerse una idea del estado de la cuestión, y las disciplinas en donde son necesarios dos expertos enfrentados entre sí para conseguir el mismo objetivo.

Cuando Protágoras de Abdera se presentó ante la sociedad ateniense como un maestro en moral —lo que hoy en día llamaríamos “un coach”—, Sócrates le sometió a uno de sus implacables interrogatorios, en el que quedó aclarado que, si bien pueden existir expertos en artes técnicas y aplicadas, cualquiera que se reclame como experto en virtud es necesariamente un impostor. No hay problema en que convivan ambos tipos de materias, asuntos, respectivamente, de doctores y ciudadanos, siempre que no cometamos el error de confundirlas, poniendo a ciudadanos a hablar sobre coladas de lava o a doctores a hablar sobre independentismo. La regla es muy fácil de aplicar: ¿vas a hablar sobre volcanes? Trae a un vulcanólogo. ¿Vas a hablar sobre Puigdemont? Trae a dos juristas. Como poco.

DE EXPERTO A EXPERTO