POLÍTICA
10/09/2020 12:17 CEST | Actualizado 10/09/2020 12:26 CEST

Una "alianza" con la democracia: aparecen los primeros restos de 17 milicianos en la fosa de El Espinar

Un anillo de boda permite identificar a Eugenio Insúa, de 29 años, uno de los primeros luchadores antifascistas de Madrid

ARMH
La alianza de boda de Eugenio Isúa.

El pasado 1 de septiembre, martes, comenzaron en El Espinar (Segovia) los trabajos comandados por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), con los que se trata de encontrar los restos de 17 milicianos republicanos muertos en la defensa de la Sierra del Guadarrama, en 1936. Pronto se han hallado los primeros huesos y, también, los primeros objetos de los fusilados. Entre ellos, una alianza de boda que ha permitido saber a la familia de Eugenio Insúa que sí, que el esposo, padre y abuelo asesinado en los albores de la Guerra Civil está bajo esa tierra. 

La asociación lo ha desvelado en un emotivo hilo de Twitter, en el que explica que el anillo lleva la fecha de la boda de este trabajador de la Casa de la Moneda con su mujer, Irene, el 1 de junio de 1936. Aún hay que hacer las pruebas de ADN que den la respuesta definitiva, pero los datos casan. Como anillo al dedo. “Necesitamos una alianza con quienes murieron por la democracia y quisieron apartarnos del camino la terrible experiencia de vivir la dictadura franquista”, señala la asociación.

A sus 29 años, el 20 de julio de ese año, apenas dos días después del golpe encabezado por Francisco Franco, Insúa se sumó junto a otros colegas de su trabajo y del Ministerio de Fomento al batallón que debía vigilar las conexiones de Madrid con el norte, a través del monte. Sus muertes fueron de las primeras de la contienda. 

Como recoge el informe elaborado por la ARMH, el 25 de julio el pueblo estaba aún en manos republicanas pero “en torno a las 15.00 horas, un grupo de milicianos se encontraban comiendo en la plaza, entre los que figuraba Eugenio Insúa Alós. Se abrieron unas ventanas y dispararon sobre ellos, muriendo, entre otros, el citado Eugenio Insúa, cuyo cuerpo fue depositado en una fosa común situada en el cementerio municipal”.

Hasta ahora, su cuerpo y el de sus compañeros han estado en el cementario de la localidad segoviana, pero sin lápida ni señal alguna, no como la cercana sepultura de otros nacionales sublevados contra el Gobierno de la Segunda República. Sólo una placa de recuerdo, colocada por la agrupación local de Izquierda Unida, señalaba el punto que un enterrador y un historiador habían marcado como la posible fosa. 

Esa pista es la que permitió a la familia de este hombre saber dónde podría estar. Nunca abandonaron, explica la asociación. Desde 2002 llevaban sus nietos, tomando el relevo al hijo y a la viuda del miliciano, tratando de dar con él. “Habéis encontrado a mi abuelo. No hay palabras, sólo tenemos lágrimas, pero de alegría. Gracias, por todo el trabajo que lleváis realizando desde hace años, para que familias como la nuestra recuperen por fin a los suyos”, escriben en Twitter.

Además de Eugenio Insúa Alós, se cree que en la fosa se encuentran Enrique Ruiz García, Eugenio García Sáinz, Victoriano Olesa Castillo y otras 13 personas en cuya identificación aún trabaja la asociación. Ahora se tomarán muestras de los restos para crear un banco de ADN, que serán contrastados con los familiares vivos que hayan aportado su información genética, mientras que los restos no identificados o no reclamados serán reinhumados en las sepulturas de origen. 

Es una de las principales quejas del movimiento memorialista: la ausencia de un banco de ADN en el que poder tener estas muestras con garantías, una promesa que se planteará en la Ley de Memoria Democrática que la semana que viene pasará por el Consejo de Ministros. 

En España se calcula que hay 110.000 desaparecidos al menos, en más de 2.000 fosas comunes. 

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