BLOGS
28/10/2020 11:28 CET | Actualizado 28/10/2020 11:28 CET

Una apuesta muy arriesgada para la economía española

Las leves medidas adoptadas por el Gobierno de España podrían quedarse cortas para paralizar el virus, a la vez que podrían deteriorar, aún más, la economía.

LLUIS GENE via Getty Images

La segunda oleada de COVID-19 ya está aquí. Con el decreto del estado de alarma, el Gobierno de España inicia sus actuaciones para, en aras de contener la situación, paralizar los contagios de un virus que, si atendemos a los indicadores, se ha descontrolado por completo. La incidencia acumulada y los datos que se muestran reflejan una realidad a la que no se puede dar la espalda. Una realidad que amenaza con la paralización forzosa de la economía, una vez más. 

Y es que debemos ser conscientes de la situación que se presenta, así como todos los avisos que, desde los distintos organismos internacionales, se emitieron sobre la economía española. Unos organismos que, cabe destacar, anunciaban una situación en la que, de darse rebrotes como los que hoy nos obligan a confinar de nuevo a varias regiones, España sería de los países más potencialmente afectados y que ya ha sido una de las economías más golpeadas por la pandemia hasta la fecha.

En este sentido, es muy importante lo comentado. Pues, atendiendo a otras declaraciones que hacía también el Fondo Monetario Internacional (FMI), el control del virus es la variable fundamental a tener en cuenta para controlar la evolución económica. En el mes de octubre este organismo, de la misma forma que se anuncia una contracción más moderada para las economías desarrolladas, salvaguardando la economía española, anunciaba la incapacidad de realizar pronósticos con la suficiente certeza como para caer en autocomplacencias y no tener en cuenta los riesgos que todavía persisten en el horizonte. 

El sector servicios, para desgracia de algunos, representa el 80% de nuestra economía, así como el 70% del empleo.

Por esta razón, tanto por los avisos que daba la OCDE en su día, así como los distintos comunicados emitidos por el FMI, España debe comenzar a actuar, así como hacerlo para controlar la situación antes de que todo esto nos lleve a cerrar un año perdido, como se espera si no controlamos dicha situación. Y es que no nos jugamos poco, ya que tenemos por delante una campaña navideña que depende de estas medidas, así como de la efectividad de las mismas. Una campaña navideña que, teniendo en cuenta las cifras del pasado año, así como los más de 10.300 millones que se movilizaron por el consumo en estas fechas, junto a los más de 1 millón de contratos celebrados, de los cuales el 25% se convirtieron en indefinidos al cierre del trimestre, representa un soplo de aire fresco para unas empresas que, atendiendo a los últimos informes que presenta la patronal Cepyme o el Banco de España, se encuentran muy deterioradas.

La situación requiere de actuaciones, así como de actuaciones rápidas y efectivas. Las medidas aplicadas por el Gobierno incluyen el confinamiento, con el objetivo de reducir la movilidad. Sin embargo, dicha movilidad se encuentra reducida levemente, al decretar como medida central el toque de queda que impide la movilidad a altas horas de la madrugada. No obstante, si atendemos a las medidas que, en su caso, proponía la presidenta del FMI, estamos hablando de unas medidas que, bajo su consideración, requerían de confinamientos intensos, pero cortos. Siendo el objetivo de estos paralizar los contagios duramente, realizando una apuesta económica arriesgada, pero con la posterior reapertura, más segura y con mayor capacidad para dotar de libertad de movimiento a la ciudadanía. Una especie de all in como diríamos en el póker, pero con una rentabilidad potencial que los justifica. 

Sin embargo, como decíamos, estas no han sido las medidas que, hasta la fecha, ha aplicado el Gobierno. En estos momentos, las medidas adoptadas conllevan beneficios como la posible paralización, aunque leve, de los contagios, pero también conllevan riesgos que podrían derivar en un mayor deterioro de un sector servicios que, para desgracia de algunos, representa el 80% de nuestra economía, así como el 70% del empleo; agravando con ello esa recuperación en forma de “K” de la que hablan todos los economistas. En resumen, una apuesta muy arriesgada para una economía a la que se le están acabando las oportunidades para recuperarse de ese descuelgue que ya vislumbra en el contraste con otras economías de la zona euro. Un descuelgue que, en crisis pasadas, nos llevó a una recuperación nueve años más tardía que la de otras economías homólogas.