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21/11/2020 10:57 CET | Actualizado 21/11/2020 10:57 CET

Una ley para acabar bien el cuento de la nacionalidad

Este error divide ya no solo a familias, sino a hermanos en españoles y no españoles, y no se ha reparado aún por falta de voluntades políticas.

Antonio Francisco Torrente Chamorro via Getty Images

Elisa tiene tres hermanos pequeños y aun cuando no hay mucha diferencia de edad, sí que es verdad que cumplir la mayoría de edad antes de 2007 le impidió conservar la nacionalidad de sus abuelos.

Abuelos huidos de una España de guerra, hambre y cuerpos en cunetas, llegaron a Argentina y allí estuvieron hasta pasar a formar parte del suelo de Buenos Aires.

En 2007, con la Ley de memoria histórica, sus hermanos pequeños que aún no llegaban a los 18 años pudieron optar por tener la nacionalidad española de origen (y de no origen) según dispuso el articulo 20.1 a) del Código Civil… esos meses que hacían a Elisa pasar de la mayoría de edad, negaban que ella compartiera nacionalidad española con sus abuelos, sus padres y sus mismos hermanos.

Este error cometido divide ya no solo a familias, sino a hermanos en españoles y no españoles, y no se ha reparado aún por falta de voluntades políticas.

Juana María

Dejó su pueblo en Zamora hace muchas décadas buscando “el Dorado” de la emigración en Brasil, donde llegó con su familia tras un viaje en barco que parecía nunca acababa. Allí pudo acceder a la escuela en un idioma que no era el suyo, y creció, encontró trabajo, se casó, tuvo hijos y añoró todas las noches de su vida la tierra de su niñez.

Juana María se casó con un ciudadano brasileño mucho antes de la Constitución de 1978, y como todos los matrimonios de entonces, se convirtió en “señora de”, asimilando la nacionalidad de su marido y siendo discriminada respecto a sus muchos amigos de su España que sí que mantenían su nacionalidad española por el simple hecho de ser varones.

Debido a leyes misóginas, ella perdió la nacionalidad que sentía como suya, y no pudo pasarla a sus hijos… y hoy sus nietos y su hija, que aún vive, quieren la herencia que nunca debieron suplicar. Llevan años luchando por la nacionalidad de su abuela y poder decir alto que son españoles y así se les reconoce.

Muchas abuelas como Juana María fueron discriminadas por el machismo de leyes y sociedades de hace muchas décadas, pero en 2020 no hay ninguna explicación a que este error y castigo a nuestras emigrantes no haya sido ya subsanado.

José Ángel

Tiene de segundo nombre el nombre de su abuelo tinerfeño, que llegó a Venezuela en los 60 para trabajar duro y crear una familia en la capital de la octava isla.

Nació en 1987 y ha visitado a su familia en las Islas Canarias varias veces. José Ángel, cuando cumplió los 18 años y comenzó los estudios universitarios, dedicó los siguientes cinco cursos a tratar de acabar su carrera, sin más preocupaciones que sacar las mejores notas.

Él tenía la nacionalidad española, era un hecho, y tenía su pasaporte que había usado en múltiples ocasiones, pero no conocía ni sospechaba que podía perder la nacionalidad si no declaraba su deseo de conservarla a partir de su 18 cumpleaños, y con tres años de plazo para hacerlo.

Con 23 años, carrera acabada y pasaporte español caducado llego al Consulado de España en Caracas y se llevó la sorpresa de que, de un día para otro, había perdido su nacionalidad española… al menos había perdido su reconocimiento por parte de las autoridades españolas. 

Recuperarla no sólo le llevará trámites burocráticos, sino que además tendrá que trasladar su residencia al menos un año a España… justo cuando comenzaba su primer trabajo tras acabar sus estudios, y sin poder poner a hibernar su carrera en Venezuela para residir en España sin ejercer su trabajo ni utilizar sus titulaciones, ya que no están homologadas en el país de sus abuelos… y en 2020 sin nacionalidad española sigue.

Ni Elisa, ni los nietos de Juana María ni José Ángel son españoles según la ley española actual.

Todos ellos saben mucho de España, han oído cuentos, canciones populares, historias, han celebrado triunfos y goles, y saben cocinar algunos de los platos que les hacían sus abuelos con recetas traídas dentro de sus maletas y recuerdos cuando emigraron.

Ninguno de ellos, con la vida organizada en sus países de nacimiento, se plantea moverse a vivir a España. No de momento, pero si quisieran hacerlo no harían más que retornar al país del que sus abuelos fueron expulsados por motivos políticos, de creencias o incluso económicos. Muchos de estos abuelos mantuvieron a sus familias en España con remesas económicas en tiempos difíciles sin pedir nada a cambio. 

A veces, recitar leyes, artículos, código civil y proyectos de ley impide ver caras, personas y las historias familiares que se tratan de reparar, y los políticos han de conocer estas historias. 

La recuperación de la nacionalidad se decide basándose en condiciones muy subjetivas, pero los sentimientos de pertenencia a un país es algo que ningún político debería jamás ningunear. Y menos usando hipótesis y escenarios que hablan de millones de nuevos ciudadanos con sus derechos… porque de igual manera se esperaban más de tres millones y medio de nuevos españoles con la ley de nacionalidad para sefardíes de 2015, y al final fueron solo 127.000.

Muchos de estos abuelos mantuvieron a sus familias en España con remesas económicas en tiempos difíciles sin pedir nada a cambio

España saldrá de la crisis actual sin ninguna duda, y para ello el camino es el trabajo, nuevas tecnologías y nuevos sectores, y para ello se necesitará incrementar la mano de obra vía inmigración, como Consuelo Rumi, ex secretaria de Estado de Migraciones declaró en marzo de 2019. Según sus estimaciones, 270.000 migrantes al año hasta 2050… muchos de ellos podrían ser nietos de españolas que hablan el idioma, aman el país y volverían al país del que muchos nunca debieron de salir.

En el caso de que el Proyecto de Ley de Memoria Democrática no recoja la enmienda sugerida por Sara Vilà, el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior y CEDEU con los cuatro supuestos, este proyecto podrá ser enmendado por cualquiera de los grupos parlamentarios del Congreso y del Senado durante su tramitación para asegurarnos de que corregimos nuestra deuda.

Muchas de las organizaciones políticas que están en el Congreso representan a regiones de emigrantes: Coalición Canaria y NCa en las Islas Canarias, EH Bildu y EAJ-PNV en Euskadi, Foro Asturias, ERC, PDeCAT, JxC y CUP en Cataluña. Algunos de ellos, como ERC y PNV, son claves en esta legislatura para conseguir mayorías parlamentarias. Por tanto, en sus manos también está que el proyecto de ley se convierta en una ley que nos represente a todos y no se olvide de ninguno de los supuestos que incansablemente hemos reclamado durante tantos años.

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