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25/09/2021 09:50 CEST | Actualizado 27/09/2021 09:17 CEST

Una vida y tres volcanes: así recuerdan seis personas mayores las erupciones de 1949 y 1971

Relatan cómo vivieron las erupciones volcánicas de San Juan y Teneguía.

Centro de Mayores La Dehesa de Santa Cruz de La Palma
De izquierda a derecha: María Socorro Felipe, Manuel Pérez, Carmen Bella, Víctor Guerra y Amelia Expósito.

Hasta hace cuatro días, además casi de manera literal, las personas más mayores de La Palma podían contar historias de lo que supuso vivir la erupción de un volcán durante la adolescencia y otra en medio de la etapa adulta. Ahora en plena vejez, estas personas han tenido que completar el círculo de la vida añadido un nuevo capítulo a la lista de erupciones volcánica.

El 24 de junio de 1949 fueron testigos de cómo el volcán de San Juan estuvo durante 47 días activo. 22 años más tarde, el 26 de octubre de 1971, fue el de Teneguía el que reventó la corteza terrestre para estar durante 24 días expulsando lava.

Para las personas que vivieron la erupción del primero casi fue una atracción que combinaba la espectacularidad con el pánico. No habían visto nada similar.

“Me acuerdo como si fuera ayer. Estaba en casa con mis padres en Puntallana (donde nació) y cuando vimos salir la lava fuimos a verlo con varios chavales. Subimos a caballo a una montaña cercana”, echa la vista atrás Víctor Guerra, que a sus 87 años está pendiente del volcán de Cumbre Vieja. 

Peor experiencia tuvo Milagros Álvarez, una ama de casa de casi 94 años que vive en la capital de la isla, Santa Cruz de la Palma. Ella, junto a su familia, estaba en casa el día que se encendió San Juan. Durante esas horas no hicieron nada, pero al día siguiente sí que se acercaron a ver las coladas de lava y las columnas de humo.

Se subieron comida para pasar el día, como hicieron otros muchos vecinos de la isla. “Era la novedad”, afirma. Pero los alimentos, los postres y las bebidas que subieron se les atragantaron a mitad, tanto a ella como al resto de personas. Casi sin aparatos de predicción, se corrió la voz de que iba a abrirse otra boca justo detrás de ellos, así que tuvieron que salir corriendo: “Si se abría nos quedábamos encerrados en el medio. Nos asustamos y todos salimos corriendo. Nos comimos lo que quedaba a la vuelta”.

Manuel Pérez tenía poco más de 13 años cuando la tierra se abrió en 1949. Tiene guardada en la retina la imagen de dónde estaba en el momento de la explosión. “Salía de comprar en una tienda cuando se produjo un terremoto muy fuerte. Entonces vi el volcán. Todo temblaba y yo me fui corriendo a mi casa y me abracé a mi madre asustado”, detalla.

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Milagros Álvarez.

Este anciano de 85 años, procedente de Tazacorte, fue con su familia primero a ver el volcán y a los pocos días se acercó al mar, porque se rumoreaba que podía haber “un crecimiento en el nivel del agua”. 

A María Socorro Felipe no se le olvidan los terremotos que se produjeron durante las “desesperantes y eternas” semanas previas de esa erupción. Afirma no haber vivido nada igual. “Eran horribles. Yo dormía con mis padres y mis siete hermanos en la huerta, reunidos y con mantas para no estar dentro de la casa. Los temblores eran inmensos y había mucho miedo”, llega a decir.

Su familia, que no pudo ir a verlo por falta de medios, no entraba casi ni a lavarse ni a cocinar: “No comíamos prácticamente. Un poco de pan y poco más. No nos atrevíamos a entrar en casa, en aquel tiempo había leña y daba miedo encenderla por lo que podía suceder”. 

Carmen Bella, una palmera de 87 años de La Breña, fue a verlo junto a otras personas del municipio montadas en un camión: “No había coches y fuimos así. Nos acercamos casi al lado de la lava. No habíamos visto nada similar”. 

El de Teneguía, el que menos miedo les produjo 

La lava que expulsó el volcán de Teneguía en 1971 no afectó a la población directamente y tampoco repercutió en grandes pérdidas económicas durante su recorrido hacia el mar. Aquella catástrofe, en la que murió una persona por la inhalación de gases tóxicos, la vivió de cerca Amelia Expósito. 

En aquel momento tenía 35 años y pudo observar en directo su primer volcán, ya que al de 1949 no le habían dejado ir sus hermanas por ser muy pequeña. “Es una montaña de fuego y no puedes ir”, le dijeron. Por ello, tuvo que esperar esas más de dos décadas para acercarse con su marido a una zona próxima al municipio de Fuencaliente, una de las zonas más próximas a la ruptura de la corteza terrestre. 

“Los días previos comenzó a temblar la tierra y ese día, de repente, apareció el fuego y la lava. Había mucha”, rememora medio siglo después. Expósito explica que los servicios de protección les desalojaron de la zona, ya que era peligroso estar ahí por la lava y los gases contaminantes.

El recuerdo popular es que el de Teneguía ha sido el más suave de los tres al haber sido el que menos estragos ha causado a la población, aunque los datos puros del voclán digan lo contrario: esa erupción vertió 43 millones de metros cúbicos de lava, por los 22 que se estima que pueda emitir el actual de Cumbre Vieja. Sin embargo, la mayoría de aquellas coladas de fuego llegaron al mar al tener que recorrer poca distancia. El resultado fue el de que hizo crecer la superficie de la isla en unos dos millones de metros cuadrados.

“Para mí este actual es el peor, el de San Juan rompió casas, pero por los temblores que eran muy fuertes, no por la lava. Ahora no he notado muchos terremotos, pero aquellos los tengo grabados”, especifica Expósito.

Bella destaca que el de Teneguía lo subieron a ver con su familia. “Daba miedo, pero no fue lo de San Juan”, añade.

Como ella, Pérez, que aunque tenía pánico especialmente al tener una hija de 15 años, asegura que aquel, el de Teneguía, “no hizo mucho daño”. Lo que sí que comenta es que dejó incomunicada una parte de la isla, ya que era cuando se estaban terminando las carreteras. 

Felipe, por su parte, recuerda que hubo muchos temblores, pero rápidamente reconoce que no se llegaron a asustar tanto. “No sé muy bien el porqué, pero estábamos tranquilos”. Y eso que a ella le tocó pasar la mayor parte del tiempo alejada de su marido, debido a que tenía un taxi y hacía continuos viajes con vulcanólogos o expertos que se acercaron a la bautizada como la Isla Bonita.

“Me ha afectado más este viéndolo en la televisión”

Aunque ninguno de ellos ha perdido nada en ninguno de los tres al no estar en el recorrido de las coladas de lava, sí que coinciden en que ver en directo cómo este está destrozando todo les está afectando. 

Bella tiene claro que le está dejando tocada darse cuenta de cómo las coladas engullen casas y llevan a la desesperación más absoluta a personas que lo están perdiendo todo: “Me ha afectado más este viéndolo en la televisión que los otros dos, mucho más. Para mí está siendo el peor”.

Sus palabras las apoya Expósito, que no duda en comentar que este es el que “más pena” le da y que es con el que más ha llorado: “En aquellos no me dieron tanta lástima, no se seguían tanto y ahora lo ponen casi todo el día en la televisión. A este no me ha apetecido ir a verlo ni nada”. 

Felipe casi no es capaz de ver las imágenes actuales. “Es lo más horroroso que yo he visto”, sentencia sin pensarlo mucho. Todos, como el resto de la población, desean que termine ya y deje el menor número de afectados posible. 

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