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19/09/2021 12:11 CEST | Actualizado 19/09/2021 12:11 CEST

Velocidad de crucero

Sánchez, en las generales de 2022, llevará cerca de cinco años con las manos en el timón.

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.

El presidente declaró: Hemos vacunado a todo el mundo sin preguntar a quien votan. Cual Fermín de Pas calzado con albarcas, contempló al conjunto de los electores. Tan fino demócrata metió en la misma saca a los votantes de los independentistas y a los de los populares. Dividió a los dirigentes de la Gran Compañía Catalana antes de sentarse a la mesa del bestiario, el aburrimiento al que nos tiene acostumbrados. Se le olvido que los votantes de los populares tienen derechos, y que en la derecha hay intelectuales de altura, ni organilleros ni orgánicos. Falto de memoria, intencionado, mandó a la exclusión a las personas que se abstienen en las elecciones, que permanecen en casa hartas de los graznidos legislativos. Los ciudadanos cuentan con obligaciones y derechos, la facultad de no acudir a las urnas, de expresar discrepancias, de defenderse en los tribunales o la defensoría del pueblo, de aglutinar anhelos, de reclamar principios éticos al margen de la comunidad que habiten. El dispendio del Estado en Cataluña se podía haber utilizado en subir el salario a los sanitarios y dotar de pensiones a los afectados de Covid persistente. Los errores de los gobiernos de cualquier signo conducen a la pérdida de fuerza institucional, ahora más que nunca, inmersos como estamos en una velocidad insalubre. Lo que viene, sin embargo, asusta, a menos que Casado abrace el liberalismo clásico, lo que limaría los colmillos de Vox.

La aparición de los nuevos partidos, surgidos de las élites, UP de las universitarias, acortó los periodos mandatarios. Pese a que los morados, al hilo de las encuestas, boqueen en la intención de voto, las razones apuntan a los presidentes de Gobierno. Rajoy no alcanzó las dos legislaturas. Lo tumbó la moción de censura del PSOE antes de, en un acto de vergüenza torera que no imaginó, adelantar las elecciones. El adelanto electoral, en la actualidad, no es de rigor ni resulta necesario.

Sánchez, en las generales de 2022, llevará cerca de cinco años con las manos en el timón. La aceleración de las redes sociales; el paro, en particular el juvenil; la desconexión palmaria del ciudadano con la presidencia, a la que acusa de no servir a lo público y servirse de lo público, anuncian un fin de ciclo. Cierto es que Sánchez no deja de cometer errores de bulto, cierto también que habiendo gobernado con cabeza la rapidez de los calendarios lo hubiese barrido. Nada aguanta la fricción constante de la velocidad del hoy, por mucho que nos empeñemos en caminar recto, la cara al vientio. Los ciudadanos, ahogados en problemas que se suceden a celeridad de crucero, deben culpar a alguien, a los presidentes de Gobierno. Sánchez se ha ganado a pulso unas vacaciones perennes argumente lo que se argumente, pues las entrañas también deciden el voto. Es un hecho.

Restan dos años largos hasta la hecatombe de Sánchez. Su dimisión o un adelanto electoral reclamado desde la bancada popular nos sumiría en meses de una inestabilidad mayor que la presente. No palpita en mi interior la liquidación cívica de Sánchez, moneda con la que paga a sus adversarios. Si populares y socialistas meditaran fuera de la nostalgia, en ambas direcciones, de la República, llegarían a la formación de un Gobierno de unidad nacional. Se desea en todos los segmentos de la población. 

Hay que leer a Campoamor, su lucidez que desterraba el androcidio; el análisis, corriendo el 37, de los motivos que nos empujaron a la guerra civil, tan solo un año después de haberse desatado. Ni siquiera se le puede acusar de miliar en el partido único de Lerroux, sibilino personaje al que a ratos calca Sánchez. Las feministas de nueva acuñación aprenderían de Campoamor la manera de alcanzar sueños legítimos. No la leerán, no leen nada, igual que los varones instalados en los parabienes del poder. Las mujeres de a pie, ricas y pobres, sin escolta policial, sufren las embestidas violentas de hombres animalizados. Las tragedias, unipersonales, son devoradas por la noticia del próximo maltrato de género. A la anterior se le ha mandado al olvido. Demasiadas mueren abandonadas después de elevar la queja tremenda en los noticiarios. Popular y socialistas tienen que consensuar una ley que las proteja, otra vez, de la prisa de las fechas.

No nos merecemos a esta clase política.

Posdata: Felicitar al novelista Javier Marías. El artículo publicado en el País semanal, titulado Famosos imbéciles morales II, es un ejercicio del dominio del lenguaje, de su síntesis. Deja a Sánchez desnudo, al pie de los caballos que el presidente espolea. Marías demuestra ser devoto de Quevedo: No he de callar por más que con el dedo/ ya tocando la boca o ya la frente/ silencio avises o amenaces miedo.

Posdata: Elogiar al ministro de asuntos exteriores, aunque sea una vez, por habernos felicitado, a los judíos,  en una declaración institucional, el inicio de las fiestas de nuestra historia.

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