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25/12/2019 07:31 CET | Actualizado 25/12/2019 07:31 CET

Venezuela: navidades austeras

Somos muchos los que compartiremos lo poco que tenemos con nuestros prójimos, próximos y lejanos.

FEDERICO PARRA via Getty Images
Una mujer compra típicas "hallacas" navideñas en Carcas, Venezuela. 

Para quienes vivimos del trabajo en Venezuela, estas serán unas navidades austeras, sin olvidar que aumenta el número familias con carencias, que son más pobres y que entraron en aquella categoría denominada “pobreza extrema”.

Los que trabajamos bajo relación de dependencia, bien sea en lo público o en lo privado, hemos recibido las bonificaciones de fin de año y la mayoría hemos invertido lo que percibimos fundamentalmente en la compra de alimentos para el consumo diario. Después de semanas de suspense, se hizo efectivo el bono que prometió el Gobierno bolivariano para los pensionados, pensionadas,  funcionarios y funcionarias públicas. Este dinero en su conjunto se convirtió en un alivio para las angustias de todo un año, provocadas por los salarios lejanos del costo de la canasta alimentaria. Esto somos la mayoría.

La minoría, entre los cuales encontraremos a los especuladores, seguro tendrán abundancia en su mesa, en ella habrá lo tradicional de la mesa venezolana: pernil, pan de jamón y las infaltables hallacas, que en otro tiempos  pudimos disponer por estas fechas, sin muchos problemas. Fue un buen año para ellos, pues con mucho menos trabajo e inversión, las ganancias superaron los grises pronósticos que exhibían a principios de año. En la minoría encontraremos también a quienes en la esfera de lo político (de todos los bandos en disputa)  han encontrado la forma de amasar fortunas del tamaño de su ambición, gracias las coimas y otros modos de corromperse. 

Somos muchos los que compartiremos lo poco que tenemos con nuestros prójimos, próximos y lejanos.

Recuerdo ahora mi niñez, en un pueblito en los Andes venezolanos, donde por estas fechas esperábamos ilusionados que llegara la bolsa con ropa usada que nos enviaban nuestras familias de las capitales, de la cual escogeríamos lo que estrenábamos para la noche buena y el año nuevo. Lo recuerdo, porque eran navidades austeras, como las de hoy; en circunstancias muy diferentes. Hoy somos muchos los que remendaremos trajes y mandaremos a reparar zapatos. También somos muchos los que compartiremos lo poco que tenemos con nuestros prójimos, próximos y lejanos.

Compartir no es suficiente, pues nos coloca en un plano de resistencia. Hoy para los venezolanas y los venezolanas es necesario participar en todos los niveles en la deliberación del país que necesitamos y actuar en consecuencia, de tal manera que una de las cosas que podamos tener en el futuro sea, además de patria, prosperidad sostenible para todos.

En esta época de celebrar la Navidad, más allá de las creencias que cada quien tenga, siempre se encuentra uno en ambientes donde se proponen deseos. Nuevamente propondré salud, pues no hay mejor manera de vivir; energías, para levantarse cada día con ganas independientemente de las circunstancias; y alegrías, a pesar de todas las adversidades. Este año agregaré justicia, porque no podemos avanzar en ningún proyecto de país sin hacernos responsables de lo que hacemos.

 

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