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09/05/2020 10:19 CEST

La odisea de una familia española para huir de EEUU porque su seguro no cubre pandemias

Consiguieron llegar a Madrid en pleno estado de alarma y viajaron hasta Andalucía, el único lugar donde tenían casa. Dos horas después, unos vecinos los denunciaron.

Isabel Cadeñas Cañón/CEDIDA POR CARMEN CÁCERES
La familia, en Nueva York.

El coronavirus partió por la mitad los planes de Carmen Cáceres, su marido y su hijo. Dice ella que “como a todo el mundo”, pero no ‘todo el mundo’ ha tenido que hacer las maletas de la noche a la mañana por miedo a enfermarse y no poder pagar la factura, no ‘todo el mundo’ ha cruzado un océano, ha pasado la cuarentena en un AirBnb y, al encontrar una casa a donde ir, ha sido denunciado por sus propios vecinos.  

Cáceres, traductora y escritora argentina, trata de relativizar su experiencia, pero reconoce que en este último mes y medio ha vivido momentos “apocalípticos”. Hasta hace ocho meses vivía en Madrid con su marido y su hijo de 2 años, pero la pandemia les pilló en Nueva York, donde se habían mudado una temporada porque su pareja, también escritor, estaba haciendo una beca. En cuestión de días, “todos los planes en Nueva York se postergaron, nos quedamos varados, sin tierra firme”, cuenta Cáceres. “En España no tenemos casa, la casa de Nueva York la perdemos en agosto… como a toda la gente que está moviéndose entre países, este virus te deja en tierra de nadie”, reflexiona.

Aunque su primera opción era aguantar en Nueva York hasta que pasara todo, enseguida se dieron cuenta de que quedarse a merced del virus en un país sin sanidad pública no era lo más práctico. Lo que les abrió los ojos de esta manera fue una “anécdota” que vivieron con su hijo hace unos meses. “El niño tuvo una bronquiolitis, de lo más normal, y estuvo cuatro horas en observación en el hospital, le pusieron nebulizador, le dieron un poco de paracetamol y le tomaron la temperatura”, explica la escritora. “Por eso nos quisieron cobrar 5.600 dólares [5.200 euros]”, dice. “Ante esa perspectiva, nos pusimos a revisar y no sólo nuestro seguro no cubría la pandemia, sino que aparentemente no estaba claro que ninguno lo cubriera. Decían que internarte por coronavirus, cuatro o cinco días en el mejor de los casos, te salía por unos 70.000 dólares”, aproximadamente 65.000 euros al cambio.

Decían que internarte por coronavirus en el hospital te salía por unos 70.000 dólares

Con todo esto en mente, a finales de marzo la pareja fue a consultar su situación a la embajada española, nacionalidad que tienen los tres. “Les contamos que nos estábamos planteando venir a Madrid en un par de semanas, y el señor muy amablemente nos dijo que cogiéramos el siguiente vuelo, que se iban a acabar, y así fue”, relata la mujer. “Levantamos toda la casa en menos de un día. De hecho, todavía tenemos la mitad de nuestras cosas allí y no sabemos cuándo iremos a recogerlas”.

CORTESÍA DE CARMEN CÁCERES
Nueva York, durante la crisis del coronavirus.

Literalmente, su huida fue “de un día para otro”. “Hablamos con el chico de la embajada un lunes, creo, y viajamos el martes [24 de marzo] por la noche”, recuerda Cáceres. La escritora se queda con dos imágenes de su despedida neoyorquina: la de desmontar media casa en unas horas y la de llegar a un aeropuerto que parecía sacado de otro mundo. “Sólo salían cuatro vuelos de todo el aeropuerto JFK de Nueva York. Estaba desértico, todo cerrado, ni siquiera tenían las máquinas para imprimir los billetes. Era realmente apocalíptico”, describe.  

Si algo le hizo mantener la compostura durante ese viaje fue su hijo. “Te obliga a tener la cabeza en otro lado y te protege un poco de la situación que estás viviendo”, asegura. 

Me decía a mí misma: ‘Esto no es Madrid’. Los primeros días fue muy impactante

El segundo acto de esta historia tiene lugar en Madrid, la ciudad que siempre había sido el hogar de esta familia, donde la escritora había jurado bandera para obtener la nacionalidad española meses atrás, pero donde ahora no tenían casa. “Tuvimos que cogernos un AirBnb en Chueca durante dos semanas y demostrar que no teníamos síntomas”, explica. 

“Para mí fue durísimo”, describe la argentina. “En Nueva York las cosas estaban horribles, pero desde otro lugar. La gente estaba preocupada, encerrada, pero todavía podías salir e ir al parque, bajo tu responsabilidad, claro. Era horrible, en el sentido de estar lejos, y solos, y desprotegidos, pero más agradable en lo cotidiano. Cuando llegamos aquí, fue exactamente lo opuesto. Estábamos supuestamente protegidos, pero era horrible salir y ver las calles de Madrid”, señala. “Para mí, Madrid ya es como mi casa, es todo ruidoso y, de repente, verla a las tres de la tarde con sol y absolutamente desierta, la gente parapetada en las ventanas mirando… Me decía a mí misma: ‘Esto no es Madrid’. Los primeros días fue muy impactante”. 

Para más inri, en el vuelo les perdieron una maleta  —“justo la que llevaba la ropa y los juguetes del niño”—, así que el pequeño tuvo un doble choque al aterrizar en su nuevo ‘hogar’. “No sólo estaba en un espacio distinto, sino que además no había nada que él pudiera reconocer, ningún objeto, ningún juguete. Menos mal que mi cuñada nos mandó por taxi un montón de juguetes”, recuerda Carmen. 

Esta casa es una segunda residencia en condiciones normales, pero para nosotros era la primera. No teníamos a dónde ir

Pasados esos días de cuarentena, el plan era viajar en tren hasta Andalucía, donde la familia de su marido tiene una casa. Era mediados de abril, España ya llevaba un mes en estado de alarma, y el proceso para salir de Madrid no fue fácil. Carmen siempre recordará las imágenes de la estación de Atocha vacía, —“todo vacío”—, los controles de Policía y, por fin, la llegada a una nueva casa donde, a las dos horas, recibieron una denuncia. “No estábamos preparados para esto”, admite la mujer. 

“Esta casa está vacía; evidentemente, es una segunda residencia en condiciones normales, pero para nosotros era la primera. No teníamos a dónde ir”, aclara Cáceres. “Los vecinos pensaron que veníamos de vacaciones, así que nos denunciaron y nos pusieron una investigación judicial”, relata. La familia tuvo que demostrar que, aunque su residencia legal estaba en Nueva York, en estos momentos no les quedaba otra. “Por suerte, el nombre de mi marido aparecía en los papeles de titularidad de la casa”.

CORTESÍA DE CARMEN CÁCERES
La escritora y traductora Carmen Cáceres

El incidente con los vecinos les resultó especialmente doloroso porque los suegros de Carmen tienen esa casa desde hace 30 años, cuenta ella, y los vecinos los conocen “perfectamente”. Aun así, la escritora justifica esta reacción inicial hostil. “En ese momento de desconcierto, la gente reaccionó así por la incertidumbre. Todo era muy confuso, para ellos también. Parece que lo único importante era que no estábamos aquí cuando empezó todo”, reflexiona. “Pero nosotros estábamos haciendo las cosas bien, y ahora, por suerte, está todo bien”, celebra.

De hecho, en pocos días la actitud de los vecinos cambió radicalmente. “Después de la denuncia todos fueron supergenerosos y, como no tenemos coche, nos traen la bombona [de butano] y cosas así”, cuenta la escritora. “En todo este proceso también surgen cosas lindas”.

En las tres semanas que llevan en Andalucía, la familia ya ha creado “una nueva cotidianidad”. La pareja sigue trabajando a distancia, ella traduciendo y escribiendo un ensayo y él dando clases por Zoom, y el niño “por suerte, todavía es pequeño”, así que se ha adaptado bien a los cambios. “De momento, no tenemos ninguna gana de regresar [a Estados Unidos] porque lo más probable es que en otoño haya un repunte”, explica Cáceres.

En todo este proceso también surgen cosas lindas

La escritora reconoce que, pese a todos los quebraderos de cabeza vividos, no se han arrepentido “en absoluto” de su fuga. “Esto está sacando de nosotros una especie de racionalidad y no me arrepiento, para nada”, admite. “Sí es cierto que en algún momento hemos pensado que tal vez hubiese sido mejor ir a Argentina, porque allá la epidemia está bastante controlada”, cuenta. “En su momento preferimos venir a España porque Argentina estaba entrando en el otoño, y nos parecía que la cosa iba a empeorar”. Además, “la infraestructura sanitaria allá no es tan buena como en España, y el principal problema de Argentina, como siempre, es que está al borde de una crisis económica muy, muy fuerte, así que la presión por levantar la cuarentena es enorme”, añade. 

Cáceres nunca sabrá si hubiera sido más fácil huir a Argentina en lugar de venir a España, pero ante todo se siente afortunada por haber tenido ambas opciones. Su marido es español, el niño tiene la doble nacionalidad, y ella justo la consiguió el pasado mes de enero, después de cuatro años esperándola. “Casualmente, en estas circunstancias del estado de alarma sólo podías ingresar a España si eras español o residente. A mí en este caso no me afectaba, pero de no haber tenido la nacionalidad, estábamos en la duda de que a mi marido y a mi hijo los dejaran entrar, y a mí no”.

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