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Viva la televisión (VI): Los niños de 'La bola de Cristal'

Este programa, con una sintonía paradigmática, cuyo estribillo recuerdan todos los que tienen más de 40 años, fue pionera en todo.
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'La bola de cristal'.
'La bola de cristal'.

Buena parte de los personajes de todo tipo que he entrevistado en la serie ¿Y tú qué miras? sobre cuestiones televisivas han señalado La bola de cristal como un programa mítico que recuerdan todos y que en muchos casos los marcó de niños. La bola, con una sintonía paradigmática, cuyo estribillo recuerdan todos los que tienen más de 40 años (me pregunto qué banda sonora televisiva evocarán los niños que ahora tienen 14 años, la edad de mi hija), fue pionera en todo. Y además, por favor, que salía Santiago Auserón. SANTIAGO AUSERÓN. Suficiente con eso, ¿no?

En este repaso bajo el lema Viva la televisión, para estos días largos y tan audiovisuales, le pregunté a Enric Pardo guionista, junto a Rafel Barceló y Berto Romero de Mira lo que has hecho, de Movistar Plus. Su historia con La bola de cristal es tan bonita, tan tierna, que me ha parecido perfecto ponerla entera en este homenaje. Que seguro que muchos, los de la generación X, os sentís representados con ese niño sentado frente a la tele. A Enric le enseñó que no pasaba nada por ser diferente, (primer soplo para un niño de padres divorciados) y que reírse del mal era lo mejor (segundo soplo: se convirtió en guionista de comedia muchos años después). También es verdad que debía ser un niño especial, al que el subtexto de La bola se le quedó en la médula espinal.

Aquí va su historia particular de Viva la televisión en primera persona. Y gracias, Lolo Rico, y gracias, tele pública:

El niño Enric

“¡Ya llega, ya está aquí, venga, que va a empezar!, grita mi madre, y mi hermana y yo saltamos de la cama y corremos por el pasillo y nos sentamos en el sofá, justo en el momento en que Alaska canta, y nosotros con ella: “qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola…”. Es 1984, mi hermana tiene cuatro años, yo seis, y los sábados por la mañana son el mejor momento de la semana.

Mientras mi madre hacía las cosas que hacían las madres de clase trabajadora recién divorciadas y con dos hijos a su cargo en los años ochenta, La bola de cristal nos enseñaba que no pasaba nada por ser diferente, porque incluso Santiago Auserón nos decía “soy un electroduende y nadie me comprende”, y si nos lo decía él, que era tan especial con su hoyuelo y su voz rasgada, es que todos podíamos serlo, y eso estaba bien; aprendimos también que lo mejor que se puede hacer contra el mal, es reírse de él. La bola era un programa de televisión dirigido a los niños que no nos infantilizaba, que nos trataba con respeto, inteligencia y dignidad; que nos hacía reír, que nos emocionaba y nos daba el arma más poderosa con la que hemos contado en el futuro: la imaginación.

Un programa de tv pionero en la introducción de personajes referentes femeninos, que además ¡te invitaba a apagar la tele y ponerte a leer!, y que te decía cosas tan extrañas, complejas y divertidas como “vamos a desenseñar a desaprender como se deshacen las cosas”, y rimas que además de molonas, te preparaban para el futuro laboral:

“Émbolos, motores y bujías

Soy el misterio de la economía

Manejo cifras y datos

Y engaño a los humanoides gilibatios

¡Viva el mal, viva el capital!”

Y es que La bola de cristal nos mostraba la fuerza de la imaginación, y lo hacía con un uso del lenguaje paradójico con diversos niveles de lectura, lleno de metáforas complejas y con un uso de la ironía que nos empujaba a tener una actitud crítica ante las figuras de autoridad. La bola nos enseñó a toda una generación a pensar por nosotros mismos, dándonos herramientas tan básicas y revolucionarias como la fuerza colaborativa y el valor de la amistad.

Cuando en 1987 se acabó La bola de cristal, no supimos que el surco comunista que Lolo Rico representaba había sido laminado. La nueva directora de TVE, Pilar Miró, se dedicó a censurar piezas a favor de la educación pública y a impedir que se criticara a Felipe González y otros dirigentes políticos en el programa. El surco socialdemócrata dominante decidió que aquello de hacer El capital de Marx para niños se iba a terminar.

Pero ya era tarde, porque la semilla del pensamiento crítico, el valor de la imaginación y la libertad había sido sembrada cada sábado por la mañana. Pertenezco a la generación perdida, a los hijos de la Transición, a la mal llamada generación X; me gusta pensar que somos “Los niños de La bola”.