Viva la televisión (VII): Lo que Xavier Aldekoa quería ser de mayor

Uno de los muñecos de 'Fraggle Rock' se llamaba Matt 'El Viajero' y el periodista tuvo claro desde el minuto uno que quería ser ese tipo
Matt 'El Viajero'. 
Matt 'El Viajero'. 

En esta serie, este grito #VIVALATELEVISION, que llevo lanzando estos días (aunque amenazo con un dardo en breve, que tengo material) vamos con historias pequeñas y gigantescas: niños que vieron la tele y dijeron “eso es lo que yo quiero ser de mayor”. Y lo fueron. Arranco con la del periodista Xavier Aldekoa, a quien la televisión le llevó a querer explorar el mundo. Y a contarnos las historias que encontró.

Periodista, corresponsal de La Vanguardia en África, cofundador de la Revista 5W, autor de los libros Océano África, Hijos del Nilo e Indestructibles, de niño Aldekoa veía en la tele los Fraggle Rock (la serie infantil creada por Jim Henson, que empezó a emitirse en 1983). Uno de los muñecos se llamaba Matt El Viajero y el periodista tuvo claro desde el minuto uno que quería ser ese tipo, el que enviaba las postales, ese que siempre estaba viajando con su atuendo, su sombrero y su libreta de notas.

Y eso hizo. Ahora ya no envía postales, envía whatsapps, vídeos y crónicas. A su casa, a los medios, desde lugares remotos. Lleva años acercándonos historias rotundas, dolorosas, imprescindibles de conocer. Sin aquel programa televisivo, sin aquel personaje aventurero, quizá nunca habría visitado continentes ni habría aprendido a dialogar con extraños que le mostraban sus vidas y sus cicatrices. Sin esa tele infantil quizá trabajaría de otra cosa y nosotros nos habríamos perdido sus crónicas. No habríamos viajado con él. Él no habría unido el periodismo y África, no habría seguido ninguna ruta migratoria africana, y nosotros nunca habríamos leído su historia doliente titulada Los peregrinos hacia el infierno sobre los etíopes pobres que intentan llegar a Arabia Saudí. Ni sus libros llenos de alegrías, duelos y quebrantos.

“Uno de los muñecos de ‘Fraggle Rock’ se llamaba Matt ‘El Viajero’ y el periodista tuvo claro desde el principio que quería ser él.”

Uno de esos viajes profesionales le llevó a Uganda. Estaba haciendo un reportaje en Kampala, la capital, y esa noche jugaba el Barça. Le habían dicho que en uno de los barrios de chabolas, en el barrio de Kauku, a las afueras de la ciudad, donde habitan los más humildes del mundo, podría ver el partido, y allí que fue. Al llegar vio que en una pizarra había una anuncio de Harry Potter. Preguntó y le contaron una historia magnífica. Días después iba a emitir La Guerra de las Galaxias. Y él acudió a la cita:

“Era una tienda de lona, con techos de uralita y al final dos teles pequeñas, de esas antiguas, con bancos de madera corridos. La mayoría de los habitantes de esos lugares no habla inglés, ni francés, y como la mayoría de las pelis vienen de fuera (piratas claro) nadie entiende nada. Así nació la figura del videojockey, un tipo, un hombre que le pone voz a lo que cuenta la peli, hace traducción simultanea, en tiempo real. Algunos añaden chistes, o comentarios, se han convertido en verdaderas celebridades. Llenan recintos de 2.000 personas, a 20 céntimos la entrada. Son una especie de juglares, a partir de la tele, un hilo entre lo que se ve en la pantalla y los que llenan esas improvisadas tiendas de campaña. La gente se parte de risa con ellos, imagínate. En una de las pantallas, sin sonido, un partido de fútbol entre dos equipos de media tabla de la Premier League. En la otra, con el sonido al máximo, la película”.

El periodista convirtió aquello, esa historia de voces humildes de la televisión, en ese cine-chabola con traductores insólitos de Rambo, o cualquier otra peli hollywodiense de acción (que siempre son las más celebradas), en un reportaje para La Vanguardia.

Luego supo que Vj Jovan, ese singular e improvisado doblador, (que cada vez que el personaje de la peli hablaba, bajaba la voz del film y traducía el diálogo al luganda, el idioma local) era una estrella en el barrio. “Yo le pongo a esto corazón, y me hace feliz que los espectadores se lo pasen bien. Si es un tema de ciencia ficción, suelo leer cosas para poder explicarlo mejor, especialmente si pienso que hay cosas que el público no va a entender”, le contó al acabar.

“Sin aquel programa televisivo, sin aquel personaje aventurero, quizá nunca habría visitado continentes ni habría aprendido a dialogar con extraños que le mostraban sus vidas y sus cicatrices.”

Explica Aldekoa que los dobladores cambian el tono según sea el actor, añaden bromas o contextualizan la historia, pirateada siempre, que se está viendo en pantalla, y que Vj Jovan antes de dedicarse a esto era barbero. Pero en cuanto se puso con este trabajo nuevo se dedicó de pleno. Estaba pendiente de los estrenos, de lo que más aceptación tenía, y cuando detectaba una bombazo se lo bajaba y lo traducía. Jovan trabaja a destajo. En una semana normal dobla dos películas al día en su casa y reserva el fin de semana para los espectáculos en vivo”, cuenta Aldekoa

Que todo esto vive al margen de la ley es evidente. Pero en fin, estamos hablando de un lugar donde solo el 14% de la población tiene electricidad y donde estos momentos televisivos puede que sean los únicos momentos entretenidos de días duros, ásperos, miserables. “¿Crees que algún vecino de aquí —dice Jingo mientras avanza entre chabolas— podría permitirse pagar 8 o 10 euros por ir a un cine como los de España? Pues esta gente también tiene derecho a ver la tele, ¿no?”.

Igual uno de esos niños descubre en esas sesiones televisivas al Matt El Viajero de Fraggle Rock. Igual le cambia la vida. Ojalá, ¿no?