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09/07/2021 07:11 CEST | Actualizado 09/07/2021 07:14 CEST

Viva Nicaragua libre (de Ortega)

Si no hay rivales, se asegura la victoria. Y sigue y sigue en su escalada de delirio autoritario.

STRINGER via REUTERS
Una mujer camina frente a un mural del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.

Este mes de julio, el día 19, se conmemora el triunfo de la revolución sandinista que supuso el derrocamiento del dictador Somoza. 42 años después poco o nada queda de aquella revolución que derrocó una dictadura para convertirse en una referencia de vulneraciones de los derechos humanos en el mundo.

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) aglutinaba a la socialdemocracia, socialismo, marxismo-lenilismo y la teoría de la liberación que se promulgaba en los años 70 del siglo XX en toda América Latina al tiempo que acaparaba la simpatía de esas mismas ideologías fuera del país y el continente. 

En enero de 2019 el FSLN fue expulsado de la Internacional Socialista porque en palabras de su portavoz “el FSLN ya no representa a la familia socialista”. 

No, Daniel Ortega y su Frente Sandinista no son socialismo, no son izquierda, no son bandera libertad. 

Hace unos días leía el descarnado relato que mi admirada Gioconda Belli hacía sobre la involución de la otrora revolución sandinista a manos de la pareja presidencial Ortega-Murillo. 

Las cifras de fallecidos, detenidos y desaparecidos en Nicaragua varían según las fuentes porque la confusión y la opacidad son seña de identidad del gobierno. Destaca la situación de las mujeres presas políticas, doblemente víctimas de un régimen que las ha ido desproveyendo de derechos y libertades. 

Líderes, representantes y miembros de la izquierda de todo el mundo y fundamentalmente antiguos compañeros y compañeras de filas de Ortega como Sergio Ramírez o la mencionada Gioconda Belli han (hemos) denunciado las atrocidades del régimen de un Ortega cada vez más solo, cada vez más aislado lo que hace que su hostigamiento a la oposición sea incesante. Recientemente la premio Cervantes Elena Poliatowska y el expresidente uruguayo José Mujica han expresado su rechazo a Ortega.

Daniel Ortega es el claro ejemplo de un líder aferrado al poder sin el menor de los escrúpulos, renunciando a todo lo que pudo significar su lucha en su día, convirtiéndose en una caricatura de sí mismo para asemejarse a aquello que combatió hace 42 años.

Las elecciones convocadas para el mes de noviembre deben poder celebrarse con plenas garantías democráticas. Y eso requiere que los presos políticos sean liberados, que los medios de comunicación puedan ejercer el derecho a la libertad de prensa y que la población ejerza libremente su derecho al voto. Es necesario igualmente acompañar, respaldar a esa sociedad civil que trabaja de manera pacífica por restaurar la normalidad democrática en el país.

Ortega pretende concurrir a las elecciones de noviembre encarcelando a los precandidatos de la oposición. Si no hay rivales, se asegura la victoria. Y sigue y sigue en su escalada de delirio autoritario.

La comunidad internacional debe mantener la presión y la condena a las violaciones de derechos humanos del régimen de Ortega, utilizar todas las herramientas legales disponibles para aislar al régimen de Ortega y poner lo que esté en su mano para garantizar que la democracia, el respeto a los derechos humanos regresan a Nicaragua. 

Hace décadas esta canción de Carlos Mejía Godoy celebraba el triunfo del sandinismo, hoy la recuerdo aspirando a la derrota de Ortega: “Ay Nicaragua sos más dulcita/ Que la miel de Tamagas,/ Pero ahora que sos libre,/ Nicaragüita te quiero mucho más”.

Siempre, Viva Nicaragua libre. Libre de todos los autoritarismos, también del de Ortega.

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