Volver a ser padre

Fui padre con cuarenta y dos años, una semana después de que España quedara confinada por el covid.
Imagen de archivo de un padre y su bebé.
Halfpoint via Getty Images/iStockphoto
Imagen de archivo de un padre y su bebé.

No va a ser fácil explicarle a tu hijo que no le diste un hermanito porque no lo tenías claro. Ser padre es una responsabilidad demasiado grande como para jugar con ella y probar suerte a ver si sale bien.

Fui padre con cuarenta y dos años, una semana después de que España quedara confinada por el covid, y la experiencia fue bonita, pero quizás (y aquí aprovecho para confesarme) no tanto como para repetir. A oscuras esperando en un pasillo de La Paz, un domingo a las once de la noche no es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Mi hijo ya tiene dos años y medio y es un niño fantástico, daría mi vida por él sin pensarlo y, con todo lo que me queda por hacer, estoy queriendo decir mucho. Pero querer a tu hijo como no has querido nunca a nadie no quiere decir que me encante ser padre a todas horas. Hay momentos que pagaría por desaparecer en una esquina con un libro o por ver el documental que me acaba de mandar un amigo, escondido detrás del paragüero.

Pienso que la vida no se resume en el binomio trabajo-familia, que está muy bien, pero también hay que tener tiempo para pensar, leer, escuchar un podcast, descansar, aburrirse para seguir pensando y un largo etcétera. De lo contrario, cuando te quieres dar cuenta estás con el ‘taca taca’ pensando en todo lo que podrías haber hecho y no hiciste por cansancio u obligaciones varias.

“Ya lo harás” o “en nada ya estás otra vez haciendo lo de antes”, suelo escuchar cuando debato sobre tener o no más hijos. El problema es que yo lo quiero hacer ahora, no quiero esperar a hacerlo algún día. ¿Dónde estarán esos libros, documentales, festivales, bares con amigos, en unos años? ¿Qué será de mí si ya solo con un hijo hay días que a las ocho de la tarde desaparecería hasta el día siguiente?

El presente es ahora y hay mucho por hacer. No sólo se nutre uno teniendo hijos o plantando árboles, hay muchas más tareas pendientes que mi cerebro no me perdonaría si las abandonara para criar más hijos. Quizás estés pensando en que en parte es inmadurez, pero creo que no se trata de eso. Hay mucho más allá que podría argumentar y quedar contigo en tablas tomando una caña.

Y de paso, otro día hablamos del gran dilema de ser o no ser padre. Pero para eso antes hay que documentarse para que no se convierta en un gallinero de hippies sin hijos contra padres super satisfechos, de esos que si no eres de su tribu te miran como si fueras el más egocéntrico del globo terráqueo (más que Putin).

Me voy, que mi hijo me reclama.