POLÍTICA
07/04/2021 17:42 CEST | Actualizado 12/04/2021 14:30 CEST

El mitin de Vox desata la violencia en Vallecas

Centenares de antifascistas logran acceder a la plaza donde la ultraderecha ha arrancado la campaña para el 4M.

EFE
La Policía carga contra los manifestantes congregados en Vallecas para protestar por el acto de precampaña de Vox.

Y se lió. El acto de comienzo de campaña de Vox en Vallecas, el bastión obrero de Madrid, ha tensionado al barrio hasta el límite de la violencia. Centenares de antifascistas han recibido con gritos e insultos a los pocos simpatizantes del partido que se han congregado en la plaza de la Constitución, conocida como la ‘Plaza Roja’. Lo que se ha vivido este miércoles en el cinturón rojo, feudo tradicional de la izquierda en la capital, ha sido un choque cuya chispa prendió un fuego que ha dejado dos detenidos y 35 heridos leves; entre ellos, 21 agentes.

El fuerte despliegue policial, con decenas de vehículos y unidades de antidisturbios de la policía nacional, no ha impedido que los manifestantes de izquierda hayan logrado acceder a la plaza. La policía había acordonado la zona y sólo dejaba transitarla a quienes querían presenciar el acto. Pero lo cierto es que han entrado tanto simpatizantes del partido como vecinos dispuestos a protestar durante el mitin. También algunos radicales que han roto el cordón y con quienes se ha encarado el líder de Vox, Santiago Abascal.

Vox pidió permiso para celebrar una concentración de 70 personas. El Ayuntamiento de Madrid se lo prohibió por no haber informado con un mes de antelación, pero la Delegación del Gobierno tuvo que tomar cartas en el asunto y permitir el acto. No obstante, casi un millar de personas ha terminado acudiendo a la llamada de la ultraderecha. Eso sí, solo un tercio lo ha hecho para asistir al acto de arranque de la campaña. El resto se ha limitado a reventar el mitin de la extrema derecha. 

Una mujer de 48 años que rehúsa dar su nombre, ha confesado ya en la plaza que ha venido con la intención de no dejar hablar a los dirigentes de Vox. Su marido asentía: “Es una provocación. Voy a hacer ruido para que no se les oiga. Un barrio de izquierda y que venga la ultraderecha... Me parece fatal porque esto no es un caladero de votos de Vox, precisamente”.

El problema añadido es que algunos miembros de la ultraderecha han querido jugar con fuego y, mientras la policía contenía a los antifascistas, un grupo de Vox se ha encarado con ellos con la bandera de España y al grito de “Vallecas es española”. Ese ha sido el pistoletazo de salida de una guerra de cánticos histriónicos e insultos que el otro bando ha replicado con fuerza: “¡Fuera fascistas de nuestros barrios!”.

Según escalaba la tensión, con la policía en ocasiones desbordada, algunos voluntarios del partido han aprovechado para fotografiarse con los manifestantes de fondo.

El primer dirigente de Vox en llegar ha sido Javier Ortega Smith. El secretario general del partido ha saludado a todo aquel que le ha pedido una foto o un choque de mano. Al fondo, el caos. Pero la ultraderecha se ha envalentonado. “Los barrios también son nuestros”, ha arrancado el animador habitual de la ultraderecha, el periodista Cake Minuesa.

La candidata ultra, Rocío Monasterio, y el líder del partido, Santiago Abascal, han contado los 18 pasos que, según han dicho, han tenido que dar desde los alrededores, controlados por los radicales, hasta el atril.

Ambos han cantado loas al obrero, uno de los objetivos que persigue el partido ultra en Vallecas: ampliar su base electoral. Y han acusado al Gobierno y al ministro del Interior de amparar la violencia.

Es más, el propio Abascal se ha acordado de Pablo Iglesias, el ya exvicepresidente y candidato de Podemos en las elecciones autonómicas del 4M: “Iglesias, esto es un escrache y no lo de Galapagar”, ha espetado el líder ultra, quien ha denunciado la lluvia de objetos que los antifascistas han tirado sobre la comitiva de Vox.

A la media hora de haber arrancado el mitin, pasadas las 19.30, Abascal lo ha parado. El líder ultra ha dicho que quería que Marlaska, a quien ha dicho que quiere ver en la cárcel por considerarle culpable del hostigamiento antifascista, tomara cartas en el asunto para disolver a los radicales. Hasta Macarena Olona ha llamado al ministerio del Interior para presionar sin obtener respuesta.

Poco después, Abascal, especialmente encendido, ha bajado del atril para plantar cara a los radicales de izquierda que estaban en la plaza. La policía ha cargado en varias ocasiones contra los manifestantes, a los que han disparado bolas de goma.

Tras el acto, Ortega Smith ha señalado en declaraciones a El HuffPost que el ambiente le ha gustado porque era “un ambiente valiente”. Una de las primeras políticas en condenar la violencia ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien ha mostrado su apoyo a Vox ante “los ataques sufridos en Vallecas”. 

Debate entre los vecinos

Entre los vecinos de Vallecas se ha producido un fuerte debate estos días acerca de si mostrar su rechazo a la concentración o ignorar a los ultras. No llegaron a un consenso y, por eso, convocaron dos concentraciones en contra del acto ultra: una de colectivos antifascistas a las 18.00 en la propia ‘Plaza Roja’ y otra en la vecina plaza de Nica, a la misma hora. Además, el distrito madrileño ha amanecido con carteles en contra de la formación. Ese debate se palpaba entre los pocos vecinos que tras el mitin ultra ocupaban algunas de las terrazas del barrio cerveza en mano.

Las agrupaciones en Vallecas de PSOE, Más Madrid y Podemos habían publicado antes del mitin utlra un comunicado conjunto en el que llamaban a “no caer en ninguna provocación de Vox” y evitar “cualquier conflicto” que hubiera dado “publicidad” a la formación, que a su juicio pretende instrumentalizar cualquier incidente.

El acto ha estado impregnado de un aroma de máxima tensión que, lejos de ser disipado, ha sido avivado por los dirigentes del partido. Si el mito de las dos Españas parecía enterrado, este miércoles ha resucitado en Vallecas. Y ese es un juego peligroso que la generación que vivió la guerra, la que más está muriendo en la pandemia, debería recordar antes de irse para siempre.

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