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17/09/2019 07:18 CEST | Actualizado 17/09/2019 15:45 CEST

Vox teme al progreso, y otros también

Lo cierto es que la derecha (incluyo, cómo no, a Ciudadanos) se está aislando de la sociedad en que vive.

Agencia EFE
Fotografía aérea facilitada por el Ayuntamiento de Torre Pacheco que solicitará la declaración de Zona Catastrófica tras los efectos de la DANA.

27 de agosto de 2019: Todo indicaba que, quizás por primera vez, el Senado iba a sacar adelante por unanimidad una declaración institucional. El apoyo a la isla de Gran Canaria, cuando aún humeaban sus pinares tras un abrasador incendio. Pero no. Contra todo pronóstico racional, el senador de Vox, Francisco José Alcaraz, se opuso valientemente sin temor a hacer el ridículo ni a tentar al diablo, o a la suerte, que siempre −no fallan− suelen hacer sus trastadas. Justicia poética. 

El argumento, vamos a llamarle así, fue que se había introducido una alusión al cambio climático, y ellos, que presumen de descreídos en lo científico, proclaman que eso del calentamiento global son zarandajas, textualmente, “postulados ideológicos progres”. 

Inmunes al extraordinario consenso de la comunidad científica mundial, y al inexorable cumplimiento de los pronósticos, las alertas y las severas advertencias acerca de las dramáticas consecuencias de la irresponsabilidad de no frenar el disparatado abuso de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), toda la extrema derecha, y un sector muy amplio de la derecha, se ha situado –son sus propias decisiones– en el lado contrario al ‘progreso’. El atraso.  

Sin embargo, ignorar la realidad, y convertir las evidencias en material de lucha ideológica, solo conduce a la frustración. Y al odio, por la lógica deriva psicológica. Unas semanas antes del bloqueo de la declaración institucional de la Cámara Alta, el 26 de julio, la helada Siberia rusa empezó a arder, y aún no ha parado. Van ya casi cuatro millones de hectáreas. 

La selva amazónica, en la que son frecuentes los incendios provocados por madereros y ganaderos, ha atravesado una ola de fuegos tan extensa e intensa que ha  provocado la preocupación internacional por sus consecuencias en el clima. La actitud hostil del presidente Bolsonaro, defensor de la dictadura militar y de todos los postulados de la extrema derecha, hacia la conservación de este extraordinario pulmón de la Tierra y a la ‘injerencia’ exterior en la ‘soberanía nacional’, provocó una crisis diplomática con Francia. 

La constante denigración y burla del progresismo y de sus obras sitúa a los detractores en el bando de sus antónimos: conservador, carca, tradicionalista, reaccionario, derechista…

El presidente Macron, que sí cree que la mano del hombre es el acelerante del cambio climático, miles de años embotellados en menos de un siglo, exigió medidas a Brasil. Si primero la reacción de Bolsonaro fue chula y soez y de insultos a Macron y a su esposa, después, tuvo que enviar al ejército, como se le pedía, aunque no hay que fiarse. La cabra siempre tira al monte.

Y los devastadores incendios de Arizona (el de 2018 arrasó 166.000 hectáreas, provocó la muerte de 94 personas y destruyó 150 casas), los huracanes son cada vez más violentos; el Ártico se derrite, desde lo Pirineos a los Urales, o al Himalaya, la nieve desaparece. Especies de peces de aguas tropicales llegan a Canarias y al Mediterráneo…

Además, al senador de Vox le ha caído encima el cielo, por expresarlo gráficamente. El fenómeno meteorológico EMA ( Depresión Aislada en Niveles Altos) ha hundido, literalmente, a cientos de poblaciones de media España, ha obligado a la evacuación de miles de vecinos, de Alicante, la Comunidad Valenciana, Almería, Murcia, Albacete. Empezó a finales de agosto y comenzó a desplazarse y a perder fuerza el pasado fin de semana. El presidente Sánchez ordenó el envío de unidades militares para ayudar a la población civil. Ayuntamientos, diputaciones, gobiernos regionales, se vieron totalmente desbordados. 

Una de las razones del senador Alcaraz fue que en el fondo la declaración parlamentaria trataba de ‘blanquear’ la  presunta “mala gestión del Gobierno Central y del Gobierno de Canarias”, ambos dirigidos por socialistas. Pero pese al que sí es un genuino e indecente intento de blanqueo y disimulo, la gestión de esta catástrofe ha sido considerada ejemplar. 

Llama la atención que Vox –porque no se trata de un trastornado aislado- persista en la negación del ‘cambio climático’ y considere al ‘calentamiento global’ un bulo, cuando sus efectos, aireados diariamente por todos los medios de comunicación, con imágenes de gran impacto, ahuyentan cualquier duda de manipulación u obsesión colectiva. 

¿Por qué será…? Pongamos un ejemplo, no es lo mismo la forzada sustitución de las antiguas máquinas de escribir por los modernos ordenadores, que reemplazar  el petróleo y el gas por energías limpias, y esto es importante, gratuitas, como la solar y la eólica. El barril de crudo Brent está en torno a los 69 dólares. El ‘barril de aire Brent’ está a cero dólares. Es una diferencia. 

Las máquinas de escribir del siglo XX no tuvieron un lobby capaz de parar el progreso, como sí lo tienen los países productores de petróleo, la OPEP, o el conglomerado industrial que vive del petróleo y el gas; o las fábricas de armas, las tabacaleras, o las bebidas azucaradas… La Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos, generosa donante del Partido Republicano, ha conseguido bloquear todo intento de los demócratas de exigir más controles a la venta de un material que, sin eufemismos, puede considerarse como de guerra y no de mera defensa personal.

Lo cierto es que la derecha (incluyo, cómo no, a Ciudadanos) se está aislando de la sociedad en que vive.

Los intereses petrolíferos se extienden a todas las actividades: desde la extracción y el refino a las industrias de la energía eléctrica, la fabricación  de automóviles etc. 

El llamado ‘impuesto al sol’ del exministro Soria, así como otras medidas para dificultar un autoconsumo que ya se propaga por Europa, tienen esa finalidad: retrasar lo inevitable. En el fondo, los discursos negacionistas defienden intereses privados y no el interés general. 

Vox, con su arengario que niega el cambio climático y lo considera un invento ideológico de los ‘progres’, se sitúa en ese bando que protege, de facto (se puede creer en los Reyes Magos, pero es un trastorno mental que lo crea un adulto) al mundo del petróleo frente al mundo de las renovables. Al mundo de los dividendos y de la especulación financiera,  contra el mundo de los salarios. 

Claro que no es solamente la extrema derecha. También la derecha neoliberal sostiene ideas similares: ahí está el odio visceral, irracional, del Ayuntamiento madrileño a Madrid Central, la defensa del humo y la nostalgia del olor de los tubos de escape en Gran Vía…

Lo cierto es que la derecha (incluyo, cómo no, a Ciudadanos) se está aislando de la sociedad en que vive, en el movimiento feminista, en las nuevas libertades civiles, en la defensa de los consumidores  frente a los oligopolios, sean del tipo que sean… La cortina de humo de una fantasmal ‘conspiración progresista’, que bebe en las fuentes de la famosa ‘conspiración judeo-masónica marxista internacional’ de Franco, trata de ocultar todo un catálogo secreto de verdades incómodas.

La constante denigración y burla del progresismo y de sus obras sitúa a los detractores en el bando de sus antónimos: conservador, carca, tradicionalista, reaccionario, derechista… según los diccionarios.

La nueva derecha quiere desandar lo andado, aunque tenga núcleos de resistencia interna donde aguanta la inteligencia, y la experiencia.

Lo grave es que hoy el Estado de bienestar conseguido tras la II Guerra Mundial por los gobiernos conservadores, demócrata cristianos o liberales, y por los socialdemócratas, ya no es un indiscutible común. La nueva derecha quiere desandar lo andado, aunque tenga núcleos de resistencia interna donde aguanta la inteligencia, y la experiencia.

Pero Trump, Johnson, Bolsonaro, Orban, Le Pen, Salvini… son como los cuervos de mal presagio de la antigua Roma. Las mentiras y la chulería ya están aceptadas por un amplio segmento social. Como la cocaína, o la corrupción, o la nostalgia del autoritarismo. Malos tiempos.

 

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