BLOGS
03/10/2021 09:58 CEST | Actualizado 03/10/2021 09:58 CEST

VOX

Tildar a Vox de ultraderecha representa un anacronismo intencionado que consigue lo contrario de lo supuesto, que aumente de votos.

EFE
VOX

Europa permite gobiernos de democracias débiles tendentes a las autocracias, Hungría y Polonia. Tamaño y economía mandan; la Comisión no expulsó a Grecia asustada del efecto dominó. Lo que se prohíbe con razón son los independentismos tan al uso. El troceo de las naciones desencadenaría, tras el rapto de Europa, su violación y desaparición. Mentar que, necesariamente, Rusia estará detrás de Hungría y Polonia, con dinero, a fin de fastidiar a Alemania, nuestro motor aun diésel. Le pen, la matriarca de la derecha alucinada, no mordería, chovinismo manda, la mano de Moscú. Ni lo hace de momento la española. Tildar a Vox de ultraderecha representa un anacronismo intencionado que consigue lo contrario de lo supuesto, que aumente de votos.

Es una formación de extrema derecha, la autóctona, la que pervivió con la miseria de pensamiento durante cuarenta años de franquismo. En Vox ni siquiera se llaman joseantonianos; normal, el dictador eliminó las referencias al fundador de falange. El general temía, no era tonto, que un falangista heredero del sobrinísimo le moviera la silla aplicando similar terror. Sería certero aventurar que el franquismo, paradigma de la autocracia, fue un Estado terrorista. Europa, a Vox, le aguantaría la persecución de los homosexuales, la decapitación de la judicatura y la siega de la prensa. Este digital no sobreviviría al encumbre de nuestro santo patrón Abascal, pues desde aquí se puede disentir de lo que sea menester.

Vayamos al personaje. Santiago y cierra España, en la distancia corta, resulta simpático, agradable al uso de los viejos tunos, de aquellos que siguen bebiéndose la noche armados de un corazón algodonado. Pero Santiago no bebe, no come pantagruélico, no fornica con exceso; eso sí, incordia lo suyo.

Su musculatura electoral desbroza un camino espinoso, y allí donde nacían cardos pone bombas de flotación en la gestión de los populares, que están hasta los santos cojones y los santos ovarios de no poder desarrollar políticas liberales. A Abascal y sus alegres camaradas habría que recordarle que los populares tienen parte de su abrevadero en los liberales de la primera república. Habrá que hablar de ellos algún día, en mi partido, el encanecido PSOE, en el que sigo por no traicionar una memoria histórica que me fue dada de cuna. Lo tenía que pensar, y lo he pensado, aunque me pese.

En el Abascal barbado no menudean los piojos; lanza los suyos a la viga en el ojo ajeno. A Santiago se le llena la boca de invectivas a diestra y siniestra. Mejor esto que balas, por mucho que su segundón nos haya dado una lección de disparar con metralleta. Al señor en cuestión, se me ha olvidado el nombre, solo le faltaba en la foto la capucha etarra. Unos y otros nos toman por tontos, caperucitas desvalidas. Solo que al final del bosque umbrío no aguardamos niños, sino españoles machadianos hartos de una violencia que intenta asaetearnos desde cualquier zulo del espectro político.

Vox busca el poder, lo normal de una formación en su caso con ínfulas de gobierno. El problema, recurrente, radica en el precio a pagar, dejarnos en calzones o bragas, a la intemperie, sin capacidad de discernir lo bueno de lo malo, en los territorios grises que no habitamos, contando con la bibliografía de baratillo en la cuestión.

Abascal quiso, sin lograrlo, ser el hijo del siglo. No será tampoco el hijo de la providencia. De ocurrir, muchos de los que tendríamos la oportunidad de visitarlo en las dependencias de la presidencia, incluso en una visita de común guiada, acabaríamos en la cárcel. Que no fusilados. Hay que reconocer que Abascal es listo, y los demás ¿qué?