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01/12/2019 08:32 CET | Actualizado 01/12/2019 08:32 CET

‘Why?’, hágase el teatro y el teatro se hizo

¿Cuál es la razón por la que se hace teatro? ¿Por la que unos se suben a un escenario para contar lo que les pasa y otros se sientan delante a verlo?

Elenco de Why? Foto de Simon Annand
Elenco de 'Why?'.

¿Por qué? ¿Por qué el teatro? Esa parece ser la pregunta que lanzaban Peter Brook (Premio Princesa de Asturias 2019) y Marie-Hélène Estienne este jueves pasado a los profesionales y espectadores que llenaban el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional en Madrid para ver Why? ¿Cuál es la razón por la que se hace teatro? ¿Por la que unos se suben a un escenario para contar lo que les pasa y otros se sientan delante a verlo?

Un teatro que, de creer la introducción de esta obra, lo creó Dios a petición de los humanos que tenían y reclamaban hacer algo para matar el aburrimiento del descanso dominical. ¿Es el teatro un entretenimiento? ¿Un asunto de y para domingueros? ¿Son domingueros todos esos autores, directores, actores, críticos que hacen teatro? ¿Y su público? Ese público que se ríe y se lo pasa bien con esta comitragedia. Muy bien si se atiende a la cantidad de aplausos finales y los que se quedan con ganas de hacer a lo largo de esta representación. 

Si lo anterior hiciera pensar que se está ante ese teatro de ideas, plomizo y que da la brasa, del que se huye como de la peste, se equivocaría. Esta es una pieza sencilla. Hecha con tres actores (excelentes, eso sí), un maestro repetidor, un piano eléctrico como el que cualquiera puede tener en casa o en el trastero, unas sillas, unas borriquetas, varios atriles, tres trapos y una alfombra. Y un espacio vacío. Suficientes para ir del cielo al infierno estalinista. Para ir de la comedia divina, divina comedia, a la verdadera tragedia humana, que remueve la conciencia desde la emoción ganándose la empatía del público.

El párrafo anterior no quiere decir que la obra no esté llena de ideas. Y de preguntas. Preguntas pertinentes sobre el oficio de actor. O sobre la necesidad de la palabra en el teatro cuando el teatro es, antes que nada, acción. Actuar ¿no es así como se llama a lo que hacen los actores sobre el escenario? Preguntas que permiten las bromas sobre el oficio y la energía que manejan estos actores. Y también bromear sobre el punto de vista de los directores, tal vez el gag más flojo de la noche, prescindible. Oficios que algunos espectadores son llamados a probar en escena y que en una noche de estreno, como esta, encuentra posiblemente entre el público dos jóvenes actores profesionales que manejan, saben manejar, su presencia sobre las tablas.

Simon Annand
Kathryn Hunter como Zinaida Reich en 'Why?'.

De cómo de todos esos divertidos y diversos barros se llega al lodazal estalinista solo puede ser descrito como magia. Sin embargo, como ya se ha dicho y dice la obra, solo hay oficio. Un oficio que si se hace más allá de la competencia esperada será cruelmente perseguido. Pues el poder, sobre todo el político, el que se arroga la representación del pueblo y del público porque se les votó, lo verá como amenaza y ejercerá su derecho al veto y hasta del asesinato. Si alguien piensa que es algo del pasado solo tiene que fijarse en lo que ha ocurrido en Madrid en los últimos años con el juego de las sillas de los centros teatrales públicos. Encontrará ejemplos a derechas e izquierdas. Parece que it doesn’t matter quien gobierne. Algo que, desde luego, se practica sin complejos, sobre todo cuanto más extremo sea quien gobierne.

De nuevo surge la pregunta ¿por qué? ¿Por qué se sienten amenazados los poderosos por los titiriteros? ¿Por qué el poeta y dramaturgo Mayakovski, el director Meyerhold y su esposa la actriz Zinaida Reich o el compositor Shostakóvich fueron perseguidos por la revolución bolchevique que apoyaron? ¿Por qué Stalin y su policía política se sintieron amenazados por su trabajo sobre las formas teatrales y musicales del entretenimiento? Todas ellas tenues figuras y referentes para una gran mayoría de la población, tan tenues y fantasmagóricas como sus fotos son proyectadas al fondo del escenario. Una de las imágenes más poéticas y más emocionantes de la función. Una simple proyección en un apenas visible gris sobre negro.

Tal vez la respuesta esté en la reacción que tiene el público cuando acude a un espectáculo como este. El entusiasmo que es capaz de producir o provocar. Ese que se ve, por ejemplo, en ese pequeño grupo de estudiantes de interpretación de la escuela William Layton de Madrid que ocupa un lateral de la primera y segunda fila. Los primeros en levantarse a aplaudir. Los primeros entusiastas con este brillante espectáculo que no saben, todavía, describir muy bien pero en el que no podrán dejar de pensar una y otra vez cada vez que se enfrenten a su oficio de actor.

Una brillantez que no deja ver sus sombras, pero esto sería motivo de otro artículo. Hoy toca disfrutar. Toca emocionarse. Toca reír y también llorar. Toca enfadarse y denunciar, pero no indignarse, pues esta obra apela al sentimiento, no a la emoción. Toca una buena noche de teatro en el que entretener nuestro aburrimiento, ocupar nuestro descanso. O eso creemos ¿Le preguntamos a Dios? Cuidado, porque en el mejor estilo de coach, puede que, como a los protagonistas de esta obra, nos responda con una pregunta in a tiny little box.

 

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