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21/06/2020 10:38 CEST | Actualizado 21/06/2020 10:38 CEST

Y Sondheim todavía sigue aquí

La alternativa para esta frustración llega gracias a Abonoteatro que ofrece en abierto, es decir, gratis (y sin subtítulos) 'Company'.

Si el coronavirus no hubiese irrumpido con la fuerza de la epidemiología, la morbilidad y la mortalidad, es muy probable que este artículo de hoy estuviese dedicado a Sondheim. El motivo es que se restrenaba en el Teatro Savoy de Londres su Sunday in the park with George protagonizada por Jake Gyllenhaal y Annaleigh Ashford. Lo que iba a ser un imprescindible del teatro europeo este verano, con el permiso de Avignon, Edimburgo y Bayreuth. Un montaje que viene de Broadway donde estuvo un mes cosechando las mejores críticas y que en Londres estaría tres meses para aprovechar la avalancha turística del verano. Esa que incluye dentro del paquete un musical, en este caso con estrella cinematográfica incluida.

La alternativa para esta frustración llega gracias a Abonoteatro que ofrece en abierto, es decir, gratis (y sin subtítulos) Company. Este musical sobre la alegría de los sinsabores de la vida de en pareja. El montaje es la reposición de 2006 que protagonizó Raúl Esparza, actor de musicales poco conocido en España pero que allá, en los EE. UU. es una estrella gracias a Law & Order

Company ha tenido varios montajes míticos. Montajes que se han ajustado a los tiempos, cambiando al protagonista, un hombre blanco y heterosexual, por un hombre negro, que hizo Sam Mendes, o por una mujer, como ocurrió en 2018 en el West End de Londres. Entre medias se encuentra el que se puede ver on-line dirigido por George Furth que se llevó 6 de los 14 Premios Tony a los que estuvo nominada. Motivo suficiente para recomendar que se aproveche la oportunidad de poder verla en abierto.

La historia es la de un solterón de 35 años que se reúne con sus parejas de amigos, en general algo más talluditos que él, para celebrar su cumpleaños. Los tragos, las charlas van siempre a parar a lo mismo. Más que al amor, a la necesidad de emparejarse. Pero lejos de esas empalagosas canciones de musicales masivos, a estas no les faltan las referencias a las grisuras ni a las dificultades y desventajas de la alegre y necesaria vida en pareja que todos ellos disfrutan y quieren para su amigo. Una primera esposa (dando por descontado que en la actualidad habrá más). Lo único que le falta a una persona que como el protagonista ya tiene fama y dinero. De alguna manera quieren inducirle a que ese sea su deseo de cumpleaños cuando sople las velas.

Una comedia llena de buenas canciones que por su elegancia parecen sacadas de otra época. De esas películas de los cincuenta o sesenta antes de que irrumpiera el pop y el rock en los musicales. Sin embargo, son canciones que no han perdido su vigencia musicalmente hablando y tampoco en contenido. Siguen hablándole a sus espectadores y a la audiencia. Esa es la cualidad que tienen los clásicos, y este lo es.

La referencia a películas clásicas como las de Mankiewicz o Minelli no es baladí. La historia, cuando se monta, se hace como si sucediera en uno de esos sofisticados lofts neoyorquinos que tienen los ricos y famosos, al que esta reposición se adapta con gusto. Espacio en el que se van sucediendo las escenas entre bourbon y cócteles, en el que reina el sofisticado trago del dry martini.

Un alcohol tomado con medida que achispa y desata un poco las lenguas y las conciencias, para poner en escena, es cierto, estereotipos, que no son personajes de cartón piedra. A los que los intérpretes saben sacarles el corazón y las tripas que estos personajes tienen en la música y en el texto. Las mismas que cualquier espectador sincero consigo mismo tiene, con las que sigue adelante en su vida y que agradece con risas y con aplausos, muchos, verlas en escena. Y que cuando llega la canción final será difícil que no piense que también canta ese Being Alone, cuya última versión, la de Adam Driver en la película Historia de un matrimonio de Netflix, ha dado la vuelta al mundo.

Por si esto no fuera suficiente, aprovechando que este año Sondheim cumplía 90 años, Paul Esparza, el actor que protagoniza esta versión de Company, monta un espectáculo confinado en homenaje al compositor y letrista. Por la cantidad y calidad de las estrellas que ha sido capaz de convocar, cualquiera se puede hacer la idea de lo importante y lo querido que es Sondheim en el teatro contemporáneo y su capacidad de influencia. 

Seguramente los más conocidos para el público español y mundial son Meryl Streep, fantástica en su canción esperando escuchar otro Mahler, Nathan Lane, Jake Gyllenhaal. Hasta Spielberg sale un momento para felicitarle y contar lo maravilloso que ha sido trabajar con él en el remake que ha dirigido de West Side Strory, de las que Sondheim escribió las letras (de las que renegó en su momento, perdiendo un buen pico de los derechos.) Una adaptación que también tiene a otro grande de la escena contemporánea Tony Kushner y que el público se ha perdido, por ahora, al cerrarse los cines. 

El homenaje, llamado Take me to the world de la página de venta de entradas Broadway, se puede ver en abierto en YouTube. Es, a pesar de todo, un homenaje modesto en su producción, aunque seguramente ha sido complicado de coordinar a todos estos artistas, de grabarlos en sus casas, donde están confinados, aislándose del virus que arrasa en Norteamérica como parece que no lo hace en ningún otro país del planeta.

Muchos podrán decir que es una simple sucesión de canciones que alternan con felicitaciones al homenajeado y con recuerdos de lo que él ha sido para ellos. Tendrán razón. Lo que hay que añadir es que la selección y la forma, breves felicitaciones y/o recuerdos, junto con las canciones convierten este homenaje en una especie de disco para sentarse, ver y escuchar o para acompañar las actividades cotidianas de la casa. Poner música, alegría y esperanza a la melancolía resignada que las acompaña. Porque la selección de canciones y de quienes las cantan es apabullante y, seguramente, difícil de conseguir en otra época y en un teatro.

Así que, hay que congratularse porque como una diva del teatro que tuvo tiempos mejores canta en Follies, otro de sus musicales, Sondheim está aquí. Sigue aquí para hacer disfrutar al público. Una audiencia que agota entradas para sus remakes y que también espera sus novedades como ese anunciado musical que está escribiendo partiendo de El ángel exterminador de Buñuel. Hay que esperar que le salga tan bien como la versión que hizo de la película Sonrisas de una noche de verano de Ingmar Bergman.

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