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09/03/2020 16:49 CET | Actualizado 09/03/2020 16:49 CET

Yo te creo, hermana (excepto si eres de Cs)

Lo pueden llamar como les dé la gana, pero eso no es feminismo.

Europa Press News via Getty Images
Begoña Villacís y Lorena Roldán durante la manifestación del 8-M en Madrid. 

Desde pequeña, siempre me he sentido feminista. Me sublevaba ver las enormes diferencias que había entre hombres y mujeres que eran tantas, tan evidentes y tan injustas que hasta una niña las podía ver. No sabía muy bien qué era el feminismo, claro está, pero entendía que era la lucha para conseguir la igualdad así que yo me sentía feminista y lo decía.

Fue en la universidad donde descubrí toda la vertiente teórica y dediqué mucho tiempo a leer libros y artículos que, a veces, resultaban farragosos y difíciles, sobre todo porque muchos eran en inglés y porque unos eran contrapuestos a otros aunque todos eran feministas. Más allá de eso empecé a ir a charlas, coloquios y congresos y a escribir sobre el tema. Y es que para mí el feminismo era (y es) el encuentro con otras mujeres para poder construir lo que significa ser mujer  –como Simone de Beauvoir, creo que no se nace sino que se llega a ser– y luchar para conseguir la igualdad plena que atraviesa otras muchas luchas y que es de todas por encima de las demás diferencias. El feminismo para mí era (y es) la solidaridad entre mujeres. En aquel momento, éramos muy poquitas las que nos definíamos como feministas y, de hecho, solía ser objeto de burla. Recuerdo que en las manifestaciones del 8 de marzo no llenábamos ni Las Ramblas.

Ni que decir tiene que la situación actual de la mujer no tiene nada que ver con la de mi infancia y, ni tan siquiera, con la de mi época universitaria. Y, a pesar de todo, y aunque queda mucho para conseguir la igualdad real, siempre me he sentido una mujer libre, siempre he podido hacer lo que he querido, cada día de mi vida. Por eso me siento tan perpleja cuando oigo a las supuestas representantes del feminismo, porque me suenan muy, muy antiguas. Irene Montero, por ejemplo, cuando dice que cuando una mujer va a denunciar un delito sexual y los agentes le preguntan si llevaba minifalda. Es evidente que hace años que no sucede nada así, pero ella lo explica como si fuera el pan nuestro de cada día. Hablan de las mujeres como seres desvalidos, casi como eternas menores de edad que necesitan de una tutela permanente incluso para mantener relaciones sexuales. Y, a la vez que predican un discurso paternalista y a veces un tanto cursi, son capaces de mostrar la mayor de las agresividades contra otras mujeres. Y es que la ministra de Igualdad, tan aficionada a mostrarnos la sororidad (con las suyas), ha sido incapaz de condenar la violencia contra las mujeres de Cs y se ha mostrado comprensiva con los agresores.

Lo pueden llamar como les dé la gana, pero eso no es feminismo.

El 8 de marzo, el Día de la Mujer, el día que deberíamos olvidar lo que nos separa y celebrar, por encima de todo, lo que nos une, mis compañeras de Cs fueron expulsadas de la marcha de Madrid. Vi, estupefacta, cómo con sus abucheos no dejaban hablar a Lorena Roldán. Roldán ha llegado a líder del partido en Cataluña por méritos propios, a fuerza de su trabajo incansable y de su talento. Tuvo que trabajar para poder costearse los estudios, empezó como militante de base en Cs en un momento en el que afiliarse a este partido significaba tener mucho más que perder que ganar. Y ha acabado como líder del partido tras arrasar en las primarias. Cabe destacar que en Cataluña ni Convergencia ni ERC ni el PSC ni, hasta ahora, Podemos han tenido nunca una líder mujer y que tampoco hemos tenido ninguna presidenta de la Generalitat. La única mujer que ha ganado aquí unas elecciones fue Inés Arrimadas aunque la injusta ley electoral le impidió gobernar. Lorena Roldán, pues, es un gran ejemplo de mujer empoderada que, más allá de las legítimas discrepancias políticas, puede ser tomada como espejo para otras mujeres. Sin embargo, no la dejaron ni hablar. Porque yo te creo, hermana, excepto si eres de Cs, que entonces no te pienso ni escuchar.

Ella, como el resto de mis compañeras fueron expulsadas de la marcha de Madrid del Día de la Mujer por otras mujeres. Y no solo eso, es que también les gritaron que se fueran hombres. Hombres echando a mujeres de la marcha del Día de la Mujer. Lo pueden llamar como les dé la gana, pero eso no es feminismo. No en mi nombre, al menos. Mujeres votadas por miles de mujeres como Marta Rivera o Begoña Villacís, expulsadas del Día de la Mujer. A Villacís, además, le gritaban que fuera a trabajar al Burger King. Imagino que para las gritonas eso debe de ser un insulto pero para mí es un trabajo tan digno como otro cualquiera. El caso es que les quedó un pelín clasista el cántico.

El feminismo no avanza montándole numeritos a la RAE ni insultando a otras mujeres ni mucho menos impidiendo su libre circulación.

Más allá de ser increpadas e insultadas, unas jóvenes intentaron impedir que la comitiva de Cs pudiera avanzar sentándose en el suelo. Porque resulta que reivindican poder volver a casa solas y borrachas, excepto si eres de Cs. Si eres de Cs no tienes derecho a ir donde tú quieras, te tienen que dar ellas permiso. Begoña Villacís y el resto de mis compañeras dieron entonces una lección de cómo avanzamos las mujeres: bordeando los obstáculos y siguiendo adelante. Y si puede ser con una sonrisa, mejor. 

Fue del todo injusto que la representación de Cs en la marcha tuviera que abandonarla pero, a cambio, tuvimos justicia poética: el 8 de marzo, Inés Arrimadas arrasó en las primarias junto a un equipo eminentemente femenino: la secretaria general, la portavoz y la portavoz adjuntas son mujeres, algo histórico que no se ha producido nunca en ningún otro partido. Nosotros no decimos “portavozas”, nosotros damos la voz a las mujeres. Porque el feminismo no avanza montándole numeritos a la RAE ni insultando a otras mujeres ni mucho menos impidiendo su libre circulación: el feminismo avanza cuando las mujeres ocupan puestos de poder y las otras mujeres lo celebramos.

 

Sonia Sierra es diputada de Ciudadanos en el Parlament de Catalunya.