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28/07/2018 10:05 CEST | Actualizado 28/07/2018 15:23 CEST

Asustar a los lobos

Las claves de la semana.

Disfruten de las vacaciones porque el otoño puede traer días de gloria y de elecciones, y no sólo en Cataluña o Andalucía, donde cada vez son más intensos los rumores sobre un posible anticipo. El Gobierno de España también lo ha dejado caer como si tal cosa.

Y hay dos teorías al respecto. La primera es que su portavoz, Isabel Celaá, tuviera un lapsus al decir aquello de que de "nadie aguantará más de lo necesario", y que por eso el propio Pedro Sánchez le corrigió, ante el mismísimo Macron, para reiterar que su voluntad es llegar a 2020. La segunda, que la frasecita de marras fue más que nada un aviso para navegantes.

Cuando Celáa la pronunció el lunes ante el respetable, en La Moncloa sabían ya que los señores de la alianza Frankenstein que les ayudaron a echar a Rajoy del Gobierno no estaban por la labor de apoyar la senda de déficit. Unos, como Podemos, porque rechazan la ortodoxia de la estabilidad presupuestaria que salió de la reforma del 135 de la Constitución y de la troika y otros, como los independentistas catalanes, porque nunca dan nada gratis.

EFE

La política de las coaliciones anti

Este país siempre fue más de coaliciones anti que a favor de algo o de alguien. Y si no, pregunten a Soraya Sáenz de Santamaría. Fueron más los que votaron contra ella en las primarias que los que lo hicieron a favor de Pablo Casado. En 2017 pasó igual con Susana Díaz. Y ahora, tras la euforia de los primeros días que sucedieron a la salida de la derecha del Gobierno, Sánchez se ha percatado de que no es lo mismo sumar apoyos para echar a Rajoy que hacerlo para que él siga subiéndose al Falcon para ir de conciertos.

Un capítulo éste último, por cierto, sobre el que el presidente debiera preguntarse para qué quiere un amplísimo equipo de asesores y gurús de la comunicación si al final tiene que ser él quien, después de cinco días de polémica en los medios, tenga que dar una explicación sobre por qué utilizó un avión de las Fuerzas Aéreas para ir con su familia a un festival de música en Valencia.

Calvo y la agenda que nunca se agendó

Lo de la agenda cultural que soltó Carmen Calvo es tan exótico como impropio en la seriedad que se le presupone a una vicepresidenta del Gobierno. Al menos cuando soltó aquello de "ni Pixi ni Dixi" nos arrancó una carcajada. Lo de ahora sencillamente es un insulto a la inteligencia, ya que lo que es agenda presidencial, agendado debiera estar, y en este caso nunca lo estuvo.

Pero hablábamos, perdón por el paréntesis, de la hipótesis de un anticipo electoral, y de si había o no intencionalidad en el Gobierno de que se hablara de ello. Maquiavelo lo dejó escrito en El Príncipe: "El león no puede protegerse de las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Uno debe ser por tanto un zorro para reconocer trampas y león para asustar a los lobos".

Una estabilidad que nunca existió

¿No será entonces que el Gobierno amagó con las urnas sólo para intimidar? Si lo que pretendía era achantar a Podemos y al independentismo para que no tumbaran el techo de gasto, la jugada no le salió. Los mismos que auparon a Pedro Sánchez le han propinado esta semana su primer varapalo al rechazar en el Congreso los objetivos de déficit y el límite del gasto no financiero para la elaboración de los Presupuestos para 2019, lo que complica sobremanera una estabilidad que nunca existió.

Con este aviso se antoja complicado que pueda sumar los votos necesarios para aprobar sus primeras cuentas públicas. Y lo que es peor, de acuerdo a la propia doctrina Sánchez, es que un presidente sin Presupuestos está abocado a pasar por las urnas. Mucho más si las anteriores fueron heredadas de la derecha y pretendiera prorrogarlas como si fueran propias.

Una cosa es que Sánchez supiera que no sería fácil gobernar con su exigua minoría, y otra es que tan sólo unas semanas después de llegar se topara de bruces con la cruda realidad y que el apasionado discurso de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ante la tribuna del Congreso para convencer a sus socios resultara baldío.

Tomar el pulso con una nueva agenda

Con todo, el Gobierno trabajará en la elaboración de unos Presupuestos que llevará al Congreso en poco más de un mes y con los que pretende primero voltear la agenda política y después, tomar el pulso a sus socios parlamentarios con propuestas ante las que les resulte difícil votar "no" a las cuentas públicas.

La Moncloa sabe que, más allá de la grandilocuencia de las declaraciones públicas, no hay partido al que hoy le interesen unas elecciones generales. A Ciudadanos porque, desde la moción de censura, ha pasado sin apenas tránsito de la gloria al olvido y necesita resintonizar su discurso, una vez que compruebe por dónde discurrirá el de Casado. Si el flamante presidente del PP mantiene la deriva de la derecha ideológica, Rivera se desplazará hacia el centro. Y si por el contrario, el sucesor de Rajoy hace un ejercicio de posibilismo, una vez ya conquistada la posición interna, los naranjas se mantendrán en el espacio que les dejó libre la derecha tradicional.

Santamaría confía en la caída de Casado

Al PP tampoco le conviene el anticipo teniendo aún tan recientes las heridas de su congreso y a Santamaría, agazapada a la espera de que Casado se estrelle bien en las urnas o en los tribunales como consecuencia de su polémico máster.

EFE

Y qué decir de Podemos, donde no se ponen de acuerdo ni sobre el nombre de su propia marca ni hay portavoz con fondo para llenar el vacío dejado por Iglesias y Montero durante sus bajas por paternidad y maternidad. Los morados aún necesitan tiempo para hacerse perdonar haber impedido el cambio hace dos años y para apropiarse de la autoría intelectual de una parte de la impronta social que el Gobierno quiere dar a la nueva agenda.

La posición de un PSOE ahora en el Gobierno sería quizá la más óptima para afrontar un anticipo, si bien Sánchez necesita demostrar que su llegada ha servido para algo más que para poner en la agenda la necesidad de cerrar el capítulo del franquismo con la exhumación de los restos del dictador, para renovar el Consejo de Administración de RTVE o para ganarse un puesto en la política europea, que es donde parece desenvolverse con mayor soltura.

Dosis de recuerdo de una exigua minoría

Cada votación fallida en el Congreso -además de la de la senda del déficit, ya van unas cuentas a cuenta de la renovación de la tele pública- es una dosis de recuerdo de la exigua minoría del PSOE ante una derecha ávida de que la opinión pública perciba como atrincheramiento lo que la izquierda vendió como una oportunidad para el cambio. Y ese sería el momento en el que el PSOE empezaría a perder la posición que con el Gobierno haya logrado adelantar en el tablero electoral.

Combinar el interés de país con el electoral no siempre fue fácil y menos cuando quien tiene que activar el botón que abre las urnas depende de un independentismo dispuesto a transitar de nuevo por la vía rápida de la desconexión impuesta por Puigdemont, y no por el carril de aceleración que desea ERC y un sector del PDeCAT. Unos y otros, en todo caso, tienen el mismo objetivo. Y el Gobierno de Sánchez tendrá que ofrecer a la vuelta del verano algo más que diálogo y bilateralidad como solución al problema catalán.

De momento, en La Moncloa aseguran tener lista la respuesta para el peor de los escenarios, que es que Cataluña vuelva a cruzar la linea de la ilegalidad. Pues, de verse obligado a activarla, tendrá que buscar otros socios parlamentarios.

De todo esto dependerá también que en primavera, más que en otoño, que España tenga el tercer gobierno en un año y que descubramos si lo de esta semana no fue más que un amago para asustar a los lobos y que, en la teoría de Maquiavelo, sería que Sánchez estuviera haciendo a la vez de león y de zorro. Veremos...

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