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15/01/2016 21:15 CET | Actualizado 15/01/2017 11:12 CET

Claves de la semana: El día que Sánchez cruzó el Rubicón

Ya nadie duda cuál es el objetivo de Pedro Sánchez: alcanzar la presidencia del Gobierno. Nadie sabe con el apoyo de quién ni a qué precio. En tan sólo siete días, el secretario general del PSOE ha pasado de hablar de la necesidad de un "gobierno a la portuguesa"; ha pactado con la derecha el reparto de la Mesa del Congreso; ha apostado por un Ejecutivo en minoría apoyado por los de Rivera y Pablo Iglesias y ha vuelto a la casilla de salida.

Era corto, pero muy torrencial, discurría por territorio arcilloso y marcaba la frontera entre las Galias y la república de Roma. Cruzar el río Rubicón era ilegal, pero después de meditarlo mucho, Julio César decidió infringir la norma, aún sabiendo que podía ser el inicio de un conflicto bélico. Cuando lo hizo desató la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. De ahí la expresión "cruzar el Rubicón", dar un paso, sabiendo de antemano que puede tener gravísimas consecuencias.

El foco vuelve a lo político

Pedro Sánchez no es Julio César, pero para los suyos ha cruzado ya el Rubicón, el que desde la noche del 20-D se temieron los barones de su partido y contra el que alzaron la voz en aquella tensa reunión en Ferraz al domingo siguiente de las elecciones generales. El foco vuelve a estar donde siempre se pretendió, y no dónde se situó por la torpeza de unos, la habilidad de otros y la ansiedad de alguno. El debate vuelve a ser político, no orgánico. Son las señas de identidad de un partido nacional, y no una simple batalla por el liderazgo lo que está en juego.

Así que esta semana han vuelto a sonar todas las alarmas, después de la decisión de la dirección federal de ceder cuatro de sus senadores para que los independentistas de DyL y ERC tengan sendos grupos parlamentarios en la Cámara Alta. No en vano, la componenda de la dirección con los secesionistas incumple la resolución política que aprobó el Comité Federal del 28 de diciembre donde se estipulaba que la renuncia de los planteamientos independentistas era una condición indispensable apea que el PSOE iniciara el diálogo con el resto de formaciones políticas.

Lo llaman cortesía parlamentaria

Es "cortesía parlamentaria recogida en el Reglamento y avalada por el Tribunal Constitucional", dicen unos. "El PSOE no puede dar voz y fuerza a quienes quieren romper con España", responden otros. "La decisión no esconde más que una estrategia para dejar sin el argumento del victimismo a los independentistas", se justifican los de Sánchez. "Es un movimiento táctico al servicio de la estrategia personal de un Pedro Sánchez que quiere ser investido a cualquier precio", concluyen desde distintas federaciones socialistas.

Sea lo que fuere y tras dos semanas de calma chicha, los presidentes autonómicos vuelven a estar en guardia ante el temor de que su secretario general se eche en brazos de los independentistas y de que lo que en Ferraz enmarcan dentro de los usos y costumbres parlamentarios sea la constatación de que el tan cacareado como imposible gobierno de izquierdas que proclama Sánchez busque la necesaria abstención del bloque secesionista para su anhelada investidura.

Los barones quieren retrasar el Comité Federal

Las declaraciones del aragonés Javier Lambán y el extremeño Guillermo Fernández Vara no fueron casuales, sino la consecuencia de una respuesta concertada entre los barones de mayor peso para dejar constancia de su rotunda desaprobación a la decisión de Sánchez. Otros lo harán en las próximas horas. Todos, menos los secretarios generales afines a Sánchez, que son los que no gobiernan en sus territorios -el llamado bloque del 15 por ciento en alusión a su pírrico resultado electoral-, están de acuerdo en que hay que "redireccionar" al partido e impedir el flirteo con los independentistas. De momento, se plantean retrasar el Comité Federal previsto para el día 30 en tanto en cuanto para entonces no se prevé que esté resuelta la sesión de investidura y mucho menos despejado el horizonte para unas nuevas elecciones generales.

La preocupación de todos ellos es máxima y es idéntica a la que el asturiano Javier Fernández, principal referente moral del PSOE, explicitó en el Comité Federal extraordinario del pasado 28 de diciembre. Al presidente del Principado se le intentó situar en el epicentro del pulso que arrastran desde hace meses Susana Díaz y Pedro Sánchez por el liderazgo del partido. Una treta que carece de toda credibilidad en el caso de alguien que como Fernández ha dado muestras más que sobradas de anteponer siempre la lealtad al secretario general y a la historia de unas siglas a cualquier batalla orgánica. Lo mismo se puede decir del extremeño Fernández Vara, que tras la cesión a los independentistas ha afirmado que jamás renunciará a sus principios ni defenderá lo indefendible para un socialista.

El almuerzo en Zafra de Díaz y Vara

El bullir es tan intenso que este mismo viernes en Zafra (Badajoz) almorzaron juntos los presidentes de Extremadura y Andalucía para analizar posibles escenarios. A la cita, concertada con antelación a la última finta de Sánchez, estaba previsto que asistieran también el asturiano Javier Fernández y el castellano-manchego Emiliano García-Page, pero su agenda institucional hizo imposible su traslado hasta Extremadura.

Todo esto en una semana que agoniza y en la que ya nadie duda cuál es el objetivo de Pedro Sánchez: alcanzar la presidencia del Gobierno. ¿El camino hasta lograrlo? Una incógnita. Nadie sabe con el apoyo de quién ni a qué precio. Y es que en tan sólo siete días, el secretario general del PSOE ha pasado de hablar de la necesidad de un "gobierno a la portuguesa"; ha pactado con la derecha (PP y Ciudadanos) el reparto de la Mesa del Congreso; ha apostado por un Ejecutivo en minoría apoyado por los de Rivera y Pablo Iglesias y ha vuelto a la casilla de salida, esta es la de trabajar por el entendimiento con los de Podemos y contemporizar con los independentistas para arrancarles una abstención que le permita llegar a La Moncloa.

El Rubicón en el PSOE está cruzado. Ahora, habrá que esperar las consecuencias, aunque falte saber si estas llegarán antes o después del más que probable horizonte de nuevas elecciones en las que los expertos sostienen que los electorales votarán esta vez en clave de gobernabilidad, y no atendiendo a parámetros ideológicos. Adivinen a quién beneficia entonces una nueva cita con las urnas. No parece que sea al PSOE.