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08/01/2019 07:12 CET | Actualizado 08/01/2019 07:12 CET

De cómo sortear los idus de marzo

Reuters
Pedro Sánchez durante una comparecencia.

En el calendario romano eran jornadas de buenas noticias hasta que un capricho de la historia hizo que uno de esos días —los 13 de cada mes, excepto en marzo, mayo, julio y octubre que se celebraba el día 15—, Julio César fuera asesinado en el año 44 a.C., a pesar de haber sido advertido del peligro y obviarlo. Shakespeare haría después famosa la frase ¡Cuídate de los idus de marzo!

Y es la misma expresión que susurran al oído estos días al presidente del Gobierno quienes le animan a estirar la Legislatura y, sobre todo, a descartar como fecha probable para unas generales el próximo marzo. Una posibilidad que había empezado a cobrar fuerza en un sector del PSOE contrario al "superdomingo" de mayo pero a la vez consciente de que sin Presupuestos Generales del Estado, será imposible agotar el mandato por más que Sánchez se empeñara en gobernar a golpe de decreto.

Nada es descartable, pero tampoco nadie sabe cuál es realmente la opinión de Sánchez. Es muy seguro que ante diferentes interlocutores haya dado como hipótesis más probable distintos escenarios. El momento en que pulse el botón de la disolución dependerá exclusivamente de lo que considere que es mejor para la supervivencia del PSOE y la suya propia. En esto no se distingue de ninguno de sus antecesores en el cargo. ¿Acaso alguno de ellos convocó elecciones para perderlas o cuando peor le daban los sondeos? No parece que ir en contra del interés de las siglas haya estado nunca en la cultura partidista de esta España nuestra a la hora de llamar a las urnas. Quien más y quien menos pensó siempre en ajustar el calendario al beneficio propio.

El momento en que pulse el botón de la disolución dependerá exclusivamente de lo que considere que es mejor para la supervivencia del PSOE y la suya propia

Lo que sí permanece en el recuerdo de algunos socialistas es que de las cuatro ocasiones en que en España ha cambiado el signo del Gobierno, en dos de ellas las elecciones fueron convocadas en el mes de marzo. Ocurrió con Felipe González el 3 de marzo de 1996 tras 13 años de Gobierno socialista y volvió a pasar con José María Aznar el 14 de marzo de 2004, tras los brutales atentados del 11-M.

No es que éste sea un gran argumento de peso entre los asesores "monclovitas", pero sí una razón más para convencer al presidente de que convocar generales dentro de dos meses obligaría, con los 54 días preceptivos entre la disolución de las Cortes y la convocatoria, a tomar la decisión de inmediato. Probablemente no más allá de finales de enero o principios de febrero.

Y aunque será la ley de Presupuestos y la decisión sobre ella que finalmente adopte el independentismo catalán lo que determine los plazos, en La Moncloa no se atreven a descartar ningún escenario. Tampoco que las cuentas públicas no lleguen siquiera a entrar en el Congreso aunque estén anunciadas para mediados de este mismo mes. De hecho en los últimos tiempos el presidente ha dicho una cosa y la contraria. Que no las presentaría si sabía de antemano que iba a ser rechazadas y que lo haría en todo caso para construir así un relato electoral con el que ir a las urnas. A estas alturas un nuevo giro argumental no sumaría ni restaría a la ya disminuida credibilidad presidencial, pero sí podría servir para aprovechar el impulso de las movilizaciones que las organizaciones de mujeres volverán a convocar con motivo del 8-M

La irrupción de VOX en la escena política, su empeño en derogar la ley de violencia machista, sus furibundos ataques al feminismo y la disposición de la derecha tradicional a aceptar este marco provocarán una reacción en la izquierda social que, a juicio de algunos socialistas, beneficiará al bloque PSOE-Podemos. Una suma que, en todo caso, precisaría nuevamente del apoyo del independentismo catalán para permanecer en el Gobierno.

Hasta aquí las razones de quienes no ven con malos ojos que los españoles pasemos por las unas para elegir nuevo Parlamento antes de que se celebren las municipales, autonómicas y europeas del último domingo de mayo. Cualquier otra posibilidad es, para ellos, añadir inestabilidad al país y prolongar la agonía de un Gobierno en minoría al que la derecha niega legitimidad por haber salido de una moción de censura.

En el lado contrario están quienes auguran que el acuerdo de las derechas en Andalucía —que llegará por mucho teatro que Ciudadanos y el PP hagan estos días— invalidará en adelante el mantra de que Sánchez gobierna con golpistas, populistas y amigos de ETA. Con la ultraderecha como socia, Casado y Rivera tendrán que probar su propia medicina y escuchar que gobiernan con Abascal, aunque en puridad no sea así. Y en ese contexto, el Gobierno puede ganar tiempo hasta después de municipales y autonómicas con la tramitación presupuestaria.

Con la ultraderecha como socia, Casado y Rivera tendrán que probar su propia medicina y escuchar que gobiernan con Abascal

Más allá de acusaciones y estrategias electorales, lo que parece claro a estas alturas es que el devenir de la política depende claramente de dos personajes como Torra y Abascal. Tan distintos y tan iguales. En las antípodas ideológicas pero decisivos ambos para la gobernabilidad. Algo habrán hecho mal quienes nos representan para que el futuro inmediato de Andalucía y del resto de España esté en manos de un independentista radical y de un ultraderechista de fervor patriótico obsesionado con el recorte de derechos.

El devenir de la política depende claramente de dos personajes como Torra y Abascal. Tan distintos y tan iguales

¿No sería mejor que se impusiera la racionalidad y alguien hiciera un ejercicio de responsabilidad? ¿A alguna voz del Ibex o de las élites económicas se le ha escuchado pedir que PP o Ciudadanos apoyen los Presupuestos para garantizar la estabilidad institucional y que lleguen a las Comunidades y Ayuntamientos los necesarios fondos para el mantenimiento de las pensiones, la sanidad, la educación o la dependencia?

Será que eso sólo ocurre cuando gobierna la derecha y el sentido de Estado sólo se le reclama a la izquierda, aunque ésta se desangre internamente y se abra en canal para facilitar la investidura de un presidente de signo contrario. Ocurrió en 2016 con el PSOE. ¿Recuerdan? Pues hoy lo que tenemos son dos bloques enfrentados en una estrategia de desgaste mutua hasta comprobar cuál de los dos tiene menos penalización electoral. Si en el tránsito lo que tenemos es más inestabilidad, más incertidumbre y un clima cada día irrespirable, da igual. Así nos va.