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11/03/2019 23:16 CET | Actualizado 12/03/2019 07:31 CET

La infamia continúa...

"Una simple cifra para muchos de ustedes. Todo un mundo para todos y cada uno de nosotros. Espero que entiendan lo que significa levantarse cada día con una pérdida vital. Acostarse cada día con una pérdida vital, el esfuerzo enorme que conlleva aceptar lo inexplicable. (...) Porque ustedes, señorías, en esta Comisión han discutido sobre quién habló, de qué y cuándo se informó. Han hablado de circunstancias, de manipulaciones, de desinformaciones, de confidentes y de desconfianzas. Han hablado de circunloquios o periferias. Han hablado, señorías, de ustedes. Esencialmente de ustedes. Ha sido la comisión de ustedes y para ustedes".

La voz de Pilar Manjón tronaba así un 16 de diciembre en el Congreso de los Diputados. Comparecía ante la comisión parlamentaria que investigó el 11-M e impartió una lección de coraje y dignidad como no se recordaba en la Carrera de San Jerónimo. Era la voz de los muertos, de sus madres, de sus hijos, de sus hermanos, de sus mujeres y de sus maridos... Todos rotos de dolor y huérfanos de referentes en la política y en el periodismo. La enmienda fue para todos.

Y siguió de este modo: "Nosotros, nuestros familiares, no han estado en esta casa que, se supone, es la de todos. Hoy, por primera vez, se hacen un hueco. Mal que les pese a algunos de ustedes, a ustedes que preferirían seguir utilizando a las víctimas como arma arrojadiza e inmoral argumento para el desprestigio ajeno, hoy hablamos en nombre de personas de carne y hueso, de los seres que están en nuestro corazón y cuyas figuras manipulan como recurso para medallas o para fotos de ocasión".

Hace 15 años, Pablo Casado tenía 23 y hacía tan sólo uno que se había afiliado al PP. Quizá no recuerde. O quizá su evocación sea selectiva. Pero no hay un sólo segundo de aquél trágico 11-M de 2004 que se haya borrado de la memoria colectiva. Las explosiones, los 192 muertos, los casi 2.000 heridos, las ambulancias, los bomberos, la sangre, el trabajo de los servicios de emergencia, la identificación de los cadáveres, la explosión de solidaridad de una ciudad rota por la tragedia... Y la infamia de un Gobierno que quiso, desde el engaño y la mentira, ganar unas elecciones con el más nauseabundo ejercicio de manipulación que se recuerda sobre un atentado. Nunca nadie llegó a tanto. De aquellos polvos, estos lodos del "todo vale" en la refriega política y la lucha partidista.

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Homenaje a las víctimas del 11M en Madrid.

"Si ha sido ETA barremos, pero si son los yihadistas ganará el PSOE. A partir de ahí empiezan los comunicados adjudicando la autoría a ETA. Me pidieron que asumiera su mentira sobre el atentado". Quien habla esta vez, 15 años después, es Juan Jesús Sánchez Manzano, comisario jefe de los Tedax durante los atentados del 11-M. No haría falta más para recordar la historia de aquella infamia, pero por desgracia la hemeroteca está llena de relatos y detalles.

Ocho de los 18 terroristas y colaboradores de aquel brutal atentado fueron condenados y hoy están en prisión, algunos en régimen de aislamiento. Solo tres fueron castigados a penas superiores al máximo de cumplimiento efectivo (40 años), ya que la mayoría de los autores materiales se suicidaron el 3 de abril de 2004 en el piso de Leganés donde murieron siete terroristas, además de un miembro del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional.

Jamal Zougam, autor material de la masacre, fue condenado a 42.922 años de prisión. José Emilio Suárez Trashorras, el exminero asturiano que facilitó a la célula la Goma-2 ECO para los atentados, afronta una pena de 34.715 años y el autor material de los ataques, Otman El Gnaoui, fue castigado con 42.922 años de cárcel.

EFE
Pilar Manjón participa en los actos de recuerdo a las víctimas del 11M en el decimoquinto aniversario del atentado.

Quince años después, y en medio también de una campaña electoral, Pablo Casado vuelve a recuperar la teoría de la conspiración que durante tanto tiempo blandió su partido con el único objetivo de deslegitimar al Gobierno que salió entonces de las urnas. Lo ha hecho durante el tradicional acto de homenaje celebrado por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en el Bosque del Recuerdo y tras reivindicar "verdad, memoria, dignidad y justicia".

No hay más verdad que la judicial y hace 12 años ya de aquella sentencia que demostró la autoría yihadista y condenó a los culpables. Sobre la memoria sólo quien dice la verdad puede tener lagunas, y no es el caso de una derecha mendaz jaleada por quienes aún siembran dudas desde determinados medios de comunicación sobre lo qué ocurrió y sobre quiénes fueron los responsables de aquella masacre. Justicia ya se hizo. Y dignidad es la que les faltó a los responsables políticos de tanta patraña.

¿Aún no han tenido bastante? No hace ni un mes que Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), estallaba contra Pablo Casado y le pedía que no utilizara a las víctimas del terrorismo para hacer campaña. Le acusó entonces de frivolidad por igualar la negociación con la banda terrorista y el diálogo con los independentistas. Y ahora vuelve por sus fueros. Lo hace tan sólo un día después de que su principal competidor por la derecha, VOX, alentara el fantasma de la conspiración y exigiera conocer "toda la verdad" de los atentados que, en su opinión, sigue oculta debido a un "pacto para engañar a todos".

Y ellos siguen sin abrir los ojos para apropiarse de lo que no les corresponde, usurpar la voz a las víctimas y someterlas a sus maniobras. Y luego se erigen en garantes de España y de la bandera.

Era cuestión de tiempo que el PP hiciera lo propio. Lo hizo antes con los titubeos sobre la violencia machista, lo hizo al desempolvar el debate sobre el aborto y lo hizo al desmarcarse del 8-M. Los de Abascal, que han llegado para dinamitar los consensos básicos, le marcan el paso, sin que Casado se percate de que en ocasiones el hecho diferencial que explica que unos populismos tengan éxito y otros fracasen reside en cómo reaccionan ante él los partidos tradicionales. Es lo que los teóricos reconocen como la abdicación del principio de responsabilidad y como la primera señal de que una democracia ha entrado en una preocupante senda de deterioro.

Las alarmas hace tiempo que se encendieron. Y ellos siguen sin abrir los ojos para apropiarse de lo que no les corresponde, usurpar la voz a las víctimas y someterlas a sus maniobras. Y luego se erigen en garantes de España y de la bandera... No hay pueblo capaz de digerir semejante infamia. No lo hizo en 2004 y está por ver la respuesta que salga de las urnas el 28-A. De momento, a Pedro Sánchez, a tenor de lo que dicen los sondeos, le están dejando el camino expedito.