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10/10/2015 09:54 CEST | Actualizado 10/10/2016 11:12 CEST

Las claves de la semana: danzad, danzad, malditos

combo políticosLa semana ha ido de bailes. El de Soraya Sáenz de Santamaría en el El Hormiguero; el de Rato, en los Tribunales y el de Zapatero y Sánchez al son del mayor ejercicio de cinismo que se recuerda. "Danzad, danzad, malditos" fue el título de una película de Sidney Pollack, en el que un grupo de personas desesperadas acuden a bailar y a dar un espectáculo cruel y degradante mientras un público impasible disfrutaba contemplándolos para olvidar sus propios problemas. Todo un circo igual que el de la pista de nuestra política.

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La semana ha ido de bailes. El de Soraya Sáenz de Santamaría, en el El Hormiguero; el de Rato, en los Tribunales y el de Zapatero y Sánchez, al son del mayor ejercicio de cinismo que se recuerda. "Danzad, danzad, malditos" fue el título de una película de Sidney Pollack, en el que un grupo de personas desesperadas acuden a bailar a los maratones como medio para conseguir comida y un sitio dónde dormir bajo techo. Bruce Dern, Gig Young, Jane Fonda, Michael Sarrazin, Red Buttons y Susannah York debían bailar para seguir vivos y dar un espectáculo cruel y degradante mientras un público impasible disfrutaba contemplándolos para olvidar sus propios problemas. Todo un circo igual que el de la pista de nuestra política.

El baile desesperado de Santamaría

Si en EE.UU. los políticos bailan para transmitir cercanía y jovialidad, en España lo hacen para levantar los sondeos. Comparen aquel espontáneo swing, antes de las elecciones de 2008, del senador por Illinois Barack Obama en el programa de Ellen DeGeneres con la ensayada coreografía que vimos en Antena 3 de Soraya Sáenz de Santamaría. Nada que ver lo uno con lo otro. El vídeo de Obama es un ejemplo de candidato a presidente que conecta con la ciudadanía. El de la vicepresidenta se recordará como una danza ensayada y desesperada para acabar con la imagen antipática de un PP a la deriva.

Pero ya saben: en política es más importante parecer que ser. Y sabe Dios, el PP y el mundo entero que aunque la imagen de "Señorita Rottenmeier" perseguirá a Santamaría mientras viva, el martes por la noche en el prime time pareció cercana y jovial aunque no lo sea. Todo para blanquear una semana de nubes negras para los populares, cuya intención de voto en las encuestas es mucho peor de lo que nos cuentan.

El descenso de Rato a los infiernos

Los "zascas" de Aznar a Rajoy no ayudan, y el descenso de Rato a los infiernos, menos. El mismo día que Santamaría bailaba para todos los españoles, el ex vicepresidente económico se movía a ritmo de yenka durante cuatro horas en un intento por justificar su patrimonio e ingresos. De poco le sirvió el contoneo porque al ex vicepresidente le retiraron el pasaporte por uno de los múltiples casos que tiene abiertos en la Justicia. Otro golpe letal para el partido del Gobierno porque si Rato lo fue todo en el PP de Aznar, en el de Rajoy fue el presidente del Gobierno y sólo él quien le puso al frente de Bankia. Si el ex director del FMI entra en prisión -una hipótesis que ya nadie descarta-, no habrá baile ni son musical con el que el PP sobreviva al cataclismo.

El apuñalamiento de un cadáver

Andaba el PSOE frotándose las manos con tan sólo imaginar semejante escena, cuando el estreno de El Español ponía de nuevo en la picota al defenestrado Tomás Gómez. La periodista María Peral desvelaba que el ex secretario general del PSM, reconvertido en columnista de un diario nacional, había cobrado presuntamente comisiones ilegales de la trama Púnica por construir viviendas sociales. El efecto de la noticia sobre la dirección federal fue cero. Al fin y al cabo, a Gómez lo laminó Pedro Sánchez en enero, y la información venía a ser lo más parecido al apuñalamiento de un cadáver político a quien ya sólo vela algún grupo mediático y un par de nostálgicos del socialismo madrileño. Hasta quienes hoy comparten con Gómez militancia en el "anti pedrismo" cuentan haber tenido antaño noticias de las prácticas del ex alcalde de Parla durante sus años como regidor del municipio madrileño y de haber frenado, tras la denuncia de un empresario, alguna operación turbia.

Patxi López llama al orden

Mayor inquietud que el caso Gómez causó en Ferraz, la polémica sobre el cupo vasco. Eso sí que fue un baile bien acompasado. Abrió el paso Susana Díaz y siguió el valenciano Ximo Puig para que vascos y navarros paguen más y contribuyan igual que el resto de españoles a la caja común. Ambos fueron reconvenidos por la secretaria general del PSE, Idoia Mendía, que les acusó de desconocer el concierto. Unos hablaban del fuero y otros del huevo, pero se montó tal lío que el secretario de Acción Política y Ciudadanía del PSOE, Patxi López, tuvo que llamar a capítulo a todos los secretarios generales para que no pisaran más charcos y mantuvieran prietas las filas hasta las elecciones. Lo hizo por carta, y después de que en la sede federal del partido sonaran todas las alarmas al considerar que los vientos que soplaban desde el sur daban munición gratuita a un PNV que hasta entonces no había encontrado materia para entrar aún en campaña.

De poco sirven en Sevilla, la verdad, la consignas que desde Madrid se impartan. Susana Díaz no es de las que se amilanan y si cree que debe defender la igualdad de los españoles vivan donde vivan, le es igual que el socialismo vasco y el navarro salgan perjudicados, que Pedro Sánchez tenga que dar explicaciones como consecuencia de una absurda competición interna por ver quién es más español en el PSOE. Como dice un veterano socialista, el problema es incluso más de fondo, y se llama solución federal. Una propuesta que se improvisó para frenar el problema catalán, pero que cuando haya que negociar de verdad, en el marco de una reforma constitucional, obligará a todos los líderes territoriales del PSOE a retratarse.

Como tendrán que retratarse también el 21 de diciembre en el momento de elegir pareja de baile para el próximo congreso federal. De momento, todo apunta a que al centro de la pista saltarán -si el resultado del 20-D no permite a Sánchez gobernar- el actual secretario general y la presidenta de Andalucía. Pero, ya saben, que en el PSOE nunca ocurre lo que todos creen que ocurrirá, y ya hay miradas y movimientos que descubren el interés de un tercer aspirante.

El ejercicio de cinismo entre Zapatero y Sánchez

Entretanto, se guardan las formas y se interpretan reconciliaciones imposibles como la escenificada entre José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez en la presentación del libro del ex ministro Miguel Sebastián. No se recuerda mayor ejercicio de cinismo por parte del ex presidente que prometió dar ejemplo como ex jefe de Gobierno y como ex secretario general del PSOE y no ha cumplido ni lo uno ni lo otro. En lo que atañe al PSOE, no hay conciliábulo contra Sánchez en el que no aparezca su nombre.

Desde que el actual secretario general decidió impugnar en público su reforma exprés de la Constitución y Zapatero se reuniera clandestinamente con Pablo Iglesias, la animadversión es pública y notoria. Y por más que ambos pretendieran dar imagen de reencuentro esta semana, no lo consiguieron.

-"(...)Vamos a intentar, que es lo que debemos hacer, aunque no es fácil, que te lluevan las ayudas", afirmó un Zapatero de mirada baja y sonrisa suelta, al secretario general del PSOE, que no se anduvo a la zaga en la respuesta.

-"Siempre me he sentido respaldado por tí, José Luis. He agradecido tus sabios consejos y quiero agradecértelo públicamente. Todos los días de todos los meses que llevo al frente del PSOE, si ha habido alguien que me ha apoyado y dado aliento y consejo, has sido tú", contestó un Sánchez de mandíbula tensa.

Con todo, no fue el baile entre cínicos lo que más sorprendió a los presentes, sino la osadía de un Zapatero que conminó en público a Sánchez a que contara con la asesoría de Sebastián en materia económica, aún a sabiendas de que el referente para él en esta materia es Jordi Sevilla y la mala relación entre los dos ex ministros. Así está la pista de baile. Vayan sacando entradas para el espectáculo que se avecina.