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17/09/2018 20:55 CEST | Actualizado 17/09/2018 21:38 CEST

¿Macguffin o coartada?

Sergio Perez / Reuters
Pedro Sánchez, durante el discurso con motivo del cumplimiento de sus primeros 100 días de mandato.

Pedro Solbes lo llamaba "ocurrencias"; Alfred Hitchcock, un Macguffin, y en la era Sánchez algunos lo han bautizado como una "ivanredondada", en alusión a la mirada de publicista de su jefe de gabinete, Iván Redondo, a quien se le atribuye lo que hace y lo que no. Hablamos de la supresión de los aforamientos para cargos públicos mediante una reforma exprés de la Constitución, el último anuncio del presidente del Gobierno en el que algunos no ven más que un intento de golpe de efecto con el que superar una semana horribilis de bombas, dimisiones y tesis doctorales.

La prueba de que no estaba en el guion inicial es que hace tan sólo cuatro días la titular de Justicia, Dolores Delgado, anunciaba ante el pleno del Congreso que su departamento había encargado un estudio para la supresión del privilegio del que gozan los políticos -pero también jueces y policías-, al tiempo que pedía prudencia para explicarlo y advertía de la severa complejidad de hacerlo por vía de una reforma constitucional.

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El líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

Sánchez ha festejado sus 100 días como si fueran 1000. Con un acto de propaganda por todo lo alto, con lo "más granado" de la sociedad madrileña, organizado incomprensiblemente desde el Gobierno, y no desde el PSOE, y con un anuncio estrella que podría acabar estrellado por la falta de apoyos parlamentarios o porque derive en una subasta de ideas sobre lo que cada cual quiere reformar de la Carta Magna.

El PSOE se quedaría sólo con el apoyo de Ciudadanos, que se disputa con Sánchez la autoría de una propuesta con la que el presidente pretende también poner a Pablo Casado frente al espejo de su polémico máster

Con todo, lo de menos es ya el formato o lo que digan el resto de grupos, sino el desconcierto posterior a una iniciativa de la que en La Moncloa no parecen saber ni los detalles, ni el cómo, ni el con quién aprobar. Sin el PP, cuyos votos serían necesarios, parece imposible, porque no está por la labor. Y Podemos está por ver que la siga, pues su intención es abrir el melón constitucional más allá de los aforamientos para blindar derechos sociales y además someter los cambios a un referéndum. Una palabra, para algunos, "maldita" y de la que a menudo huyeron Gobiernos anteriores por el carácter plebiscitario en que pudiera convertirse para la Monarquía, una institución que no pasa por sus mejores momentos en valoración ciudadana y que tiene un amplio rechazo en la mitad al menos de Cataluña por más que Casado anime a gritar por las calles y plazas ¡Viva el Rey!

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El líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el Congreso.

Podemos pedirá la consulta, pese a que la modificación de los artículos de la Carta Magna que regulan el fuero de los parlamentarios nacionales no requiere la ratificación en referéndum, si bien los morados siempre mantuvieron que cualquier cambio de la ley de leyes debía pasar por las urnas. Y para que sea así basta con que lo pidan sólo 35 diputados, una cifra que Unidos Podemos supera con creces en el Congreso y que está dispuesto a utilizar.

El PSOE se quedaría, a la vista de las primeras reacciones, sólo con el apoyo de Ciudadanos, que se disputa con Sánchez la autoría de una propuesta con la que, sin duda, el presidente pretende también poner a Pablo Casado frente al espejo de su polémico máster. ¿Recuerdan? "Si usted no fuera aforado, ya estaría imputado", sentenció la titular de Justicia hace unos días al presidente del PP en el Congreso. El presidente echa de paso por tierra la negativa de Susana Díaz de suprimir los aforamientos en Andalucía como le exigía Ciudadanos antes de romper el acuerdo de Legislatura y le deja sin coartada para el anticipo electoral.

EFE
El presidente del PP, Pablo Casado.

En algunos círculos se especula con que la iniciativa no fue fruto de la improvisación, y que responde a una coartada con la que Sánchez pueda justificar un adelanto electoral

Pero más allá de lecturas obvias que tienen que ver con el regate corto de la política, el anuncio abre dudas razonables de por qué la supresión del aforamiento para los políticos, y no para el rey emérito, cuyo blindaje se hizo tras la Coronación de Felipe VI de forma exprés y mediante una enmienda a una Ley Orgánica que nada tenía que ver con la protección judicial de los cargos públicos. Esto por no mencionar que la propuesta con la que Sánchez buscó virar el rumbo de la agenda político-mediática abre la veda para que cada grupo plantee sus propuestas de reforma constitucional. Los independentistas, de hecho, tardaron segundos en afear al presidente que se olvidara de Cataluña y no aprovechara para introducir el derecho de autodeterminación en la Carta Magna.

De ahí que en algunos círculos se especulara con que la iniciativa no fuera realmente fruto de la improvisación, y que respondiera a una coartada con la que Sánchez pudiera justificar un adelanto electoral para el que no cerró la puerta el pasado domingo ante las cámaras del programa El Objetivo, de La Sexta.

Vaya usted a saber. Con tanto bandazo, cualquiera sabe.