No fue Guisando, sino Breda

No fue Guisando, sino Breda

¡Maldita Hemeroteca! ¡Ay si algunos pudieran hacer que desapareciera! Rajoy, el primero. Una "farsa", un "bluf", "un gran paso histórico, que los niños estudiarán en las escuelas con el Compromiso de Caspe y los Pactos de la Moncloa". Todo esto y más dijo el presidente en funciones del pacto suscrito entre Pedro Sánchez y Albert Rivera para una investidura que resultó tan fallida como será la suya esta semana que comienza.

EFE

¡Maldita Hemeroteca! ¡Ay si algunos pudieran hacer que desapareciera! Rajoy, el primero. Una "farsa", un "bluf", un "acuerdo de muy limitada relevancia sin el menor sentido del ridículo", "un gran paso histórico, que los niños estudiarán en las escuelas con el Compromiso de Caspe y los Pactos de la Moncloa". Todo esto y más dijo el presidente en funciones del pacto suscrito entre Pedro Sánchez y Albert Rivera para una investidura que resultó tan fallida como será la suya esta semana que comienza.

170 son más que 131, cierto, pero el suyo como el del secretario general del PSOE es un viaje a ninguna parte que ni sacará a España del bloqueo ni pondrá fin a ocho meses de gobierno en funciones. Llámenlo como gusten: bluf, paripé, postureo, simulación o fingimiento. Rajoy sabe que no tiene votos suficientes para ser investido y que Pedro Sánchez no tiene intención de pasar del "no" a la abstención, por mucho que dijera que el PSOE formaría parte de la solución y no del problema cuando el PP sumara el apoyo de sus aliados naturales. La palabra del secretario general de los socialistas vale lo que vale y los barones críticos con su obstinada estrategia no se atreverán a doblarle el pulso, a menos de un mes de las elecciones gallegas y vascas.

Ese es otro asunto, el que hoy nos ocupa es el del acuerdo PP-Ciudadanos, una alianza que quizá no recuerde al Tratado de Guisando con el que Rajoy comparó el pacto Rivera-Sánchez, pero sí a la rendición de Breda en algunos de sus detalles.

Y es que el presidente del PP ha tenido que capitular como capituló Justino de Nassau en el XVII, y no sólo por el contenido de algunos de los "150 compromisos para mejorar España" adquiridos con los del partido naranja. Tampoco porque, a pesar de lo que dijo ("si hay que ir se va, pero ir pa na...") vaya a pasar por una investidura fallida, sino porque el de Ciudadanos se propuso hacerle morder el polvo hasta el último minuto de un domingo de finales de agosto, y lo consiguió. Lo nunca visto en esta política tan dada a las semanas inhábiles y las dilatadas vacaciones parlamentarias.

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El acuerdo estaba cerrado desde el viernes, a falta de mínimos flecos a los que Rajoy y Rivera debían dar el visto bueno. Nada que no pudiera resolverse en un encuentro de apenas media hora. El propósito era anunciarlo esa misma tarde para que el presidente en funciones lo exhibiera durante el acto de apertura del curso político que estaba convocado para el sábado en el municipio pontevedrés de Cotobade.

Así que Jose Manuel Villegas telefoneó a Rafael Hernando el viernes por la mañana para que tomara el primer avión que saliera de Almería porque la escenificación del acuerdo iba a celebraras esa misma tarde. Cuando el portavoz del PP aterrizó en Madrid, Villegas y Juan Carlos Girauta le informaron que había un cambio de planes, ya que Rivera se encontraba unos días de descanso con su pareja en Menorca. "Si yo he podido coger un avión a toda prisa, vuestro jefe podrá hacer lo mismo", les espetó el portavoz del PP a los hombres de Rivera en una conversación subida de tono.

Cosas veredes: Rajoy, un domingo por la mañana en el Congreso de los Diputados, y por imposición de Rivera

Rajoy tuvo que telefonear al líder Ciudadanos para explicarle las limitaciones del calendario político teniendo en cuenta que la sesión de investidura estaba fijada ya para el martes 30 y que su intención después de hacer público el acuerdo era entrevistarse con el secretario general del PSOE. Todo fue baldío, incluso la opción de encontrarse en el aeropuerto, que llegó a proponer el presidente del PP y que fue rechazada por el de Ciudadanos. Rivera se cerró en banda y sólo accedió a la cita, que finalmente se celebró en La Moncloa, el sábado por la noche.

De ahí la precipitación de una convocatoria que obligó un domingo por la mañana del mes de agosto a movilizar no sólo a los equipos negociadores, sino también al personal del Congreso, con lo que eso conlleva de gasto extra en billetes de avión y día festivo que tendrá que abonarse a los funcionarios, como es lógico. Cosas veredes, don Sancho. Rajoy, un domingo por la mañana en el Congreso de los Diputados, y por imposición de Rivera.

Y todo para nada. Porque ni el acuerdo suma los votos necesarios para que Rajoy sea investido ni ninguna de las medidas acordadas entre PP y Ciudadanos se convertirán en ley, también por falta de mayoría suficiente. Ya lo dijo también Rajoy en marzo: "Toda una representación parlamentaria precedida por otra no menos teatral y altisonante". Un sainete que salvo para consolidar al de Rivera como partido bisagra, capaz de pactar a derecha y a izquierdas según la coyuntura, y quitar al PP la vitola de partido antipático y asilado incapaz de pactar con otras fuerzas parlamentarias, de poco más habrá servido.

Las vascas y gallegas son ahora la excusa para posponer por enésima vez el debate interno en el PSOE

Porque a estas alturas ya no hay ninguna duda sobre cuál será la posición del PSOE ni sobre de qué han servido los lamentos ni las lucubraciones de los barones críticos con el secretario general. Como dice un veterano socialista, agosto sólo ha servido para consolidar la posición resistente de Sánchez. Ni los socialistas se abstendrán en la segunda votación del viernes ni nadie pedirá un Comité Federal para que Sánchez aclare si después del "no" a Rajoy, abrirá una negociación con Podemos para un gobierno alternativo o está dispuesto a llevar a España a unas terceras elecciones.

Las vascas y gallegas son ahora la excusa para posponer por enésima vez el debate interno. Así que también en este lado hay parecidos con la rendición de Breda. El ejército "sanchista" avanza y acumula trimestres, sin que nadie le tosa en público lo que le tose en privado y, pese a que esta semana Abel Caballero, alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios, haya dicho que añora el PSOE de Rubalcaba, después de que Ferraz modificara por decreto las listas al Parlamento gallego que fueron aprobadas por las direcciones provinciales y avaladas por las bases.