Tú a Utiel y yo a Santa Pola

Tú a Utiel y yo a Santa Pola

Las claves de la semana

¿Recuerdan? 1982. A España no la va a reconocer ni la madre que la parió. Alfonso Guerra podría repetir hoy aquella frase sin temor a equivocarse. Este país es otro, y no sólo porque haya cambiado el Gobierno. Un ministro recién nombrado ha dejado de serlo tan sólo doce horas después de que trascendieran sus problemas con el fisco. Una sociedad limitada para pagar menos impuestos la constituyeron decenas, cientos, miles de artistas, periodistas, abogados, arquitectos o creadores varios, pero pocos metieron para desgravarse hasta los gastos de la casa de la playa.

Un Gobierno socialista cambió la ley en 2006 para impedir que se burlara la tributación por IRPF, y uno del PP ordenó que se aplicara desde 2011 de forma implacable sobre determinados colectivos. Montoro se jactó de ello en sede parlamentaria y se convirtió por ello para muchos en el "anticristo". Unos pagaron, otros recurrieron, algunos fueron absueltos y otros tantos, condenados por la Justicia. Máxim Huerta estuvo entre los últimos, y su condena le ha convertido en el ministro más efímero de la democracia. Bueno, en realidad la sentencia del TSJM, pero mucho más la hemeroteca.

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La posverdad monclovita sobre Huerta

Y es que un vídeo en el que el presidente del Gobierno se comprometió cuando no lo era a expulsar de su equipo a cualquiera que constituyera una sociedad para pagar menos impuestos, precipitó la caída del nombramiento más friki de cuantos hizo para su Gabinete. Cualquier otra versión tiene que ver más con la posverdad "monclovita" que con los hechos tal y como sucedieron.

Huerta no se hubiera despachado ante los micrófonos de Onda Cero y la Cadena Ser como lo hizo de haber sabido que, a media tarde, le iban a enseñar la puerta de salida. No dimitió. Lo dimitieron para demostrar que Sánchez no faltaría a su palabra ni igualaría sus respuestas a las de un PP que durante años ha mantenido en la primera fila a dirigentes investigados por corrupción, por evasión fiscal, por blanqueo, por financiación ilegal y hasta por alzamiento de bienes.

De ahí que esta semana haya causado tanta perplejidad como sonrojo que fueran los populares los más rápidos del Parlamento en exigir la dimisión del ministro y hasta la del presiente del Gobierno como si ellos alguna vez hubieran sido paladines de la higiene democrática o no tuvieran pasado reciente.

La amiga de la peluquera

El caso es que Huerta se fue y, salvo su madre, una adorable mujer que pidió hora en una peluquería de Utiel porque "a mi hijo le van a hacer ministro, aunque no puede aún saberse", ya nadie recordará que estuvo en el Gobierno. La historia de la peluquera tiene un relato porque por ella fue por lo que trascendió unas horas antes del nombramiento que el periodista iba a asumir la cartera de Cultura y Deportes.

La peluquera le contó a una amiga la confidencia, ésta a otra, que a su vez era la presidenta de la agrupación socialista del municipio valenciano donde nació Máxim Huerta... La cadena siguió. Del PSOE local al provincial, del provincial al regional y del regional al nacional hasta que el nombre llegó antes de que se hiciera oficial a algunas redacciones, pero nadie se atrevió a publicarlo entre tanto nombre de ministro galáctico y de acreditada solvencia.

La anécdota la contaba esta semana un veterano socialista en el patio del Congreso antes de la polémica que se llevó por delante al ministro a una velocidad hasta ahora desconocida en las decisiones de quienes habitan el universo político.

Rajoy, ni tutelas ni "tutías"

Tan vertiginoso es el ritmo impuesto a la esfera pública que en la misma semana hemos deglutido que España haya conseguido poner en la agenda europea el problema de los refugiados; que un Gobierno haya dado ejemplo de humanidad y solidaridad sin que nadie lo exigiera; que un cuñado del Rey esté a punto de entrar en prisión tras ser condenado a 5 años y 10 meses de cárcel; que el Gobierno haya abierto la puerta para trasladar a Cataluña a los líderes del proces aún en prisión preventiva; que el ministro del Interior estudie retirar las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla y que el PP se haya abierto en canal como nunca antes lo había hecho en busca de un nuevo líder para suceder a un Rajoy que acaba de pedir el reingreso a su puesto de registrador de la propiedad en el municipio alicantino de Santa Pola. Ni tutelas ni "tutías", que dijo Manuel Fraga.

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El expresidente del último gobierno popular no quiere ser Aznar, y no sólo se va del PP sin el menor atisbo de querer influir en su sucesión, sino que deja el acta de diputado, que Felipe González mantuvo unos años, aún sin pisar por el Parlamento, tras salir de La Moncloa.

No hay portadas con espacio suficiente para incluir tanta noticia, y eso que aún no ha empezado la digestión en el PSOE de algunos de los nombramientos que Pedro Sánchezha aprobado para los segundos y terceros niveles del Gobierno. Las primeras lecturas dan para mucho y ninguna tiene que ver con las primeras y positivas reacciones que el presidente del Gobierno sumó cuando hizo pública la composición de la mesa del Consejo de Ministros.

Algunos ya han escarbado en el por qué y en el quiénes, pero quédense, de momento, en que para un sector del socialismo algunos de los nombramientos tienen mucho que ver con lo que pasó el 1-0, no el de Cataluña, sino el del PSOE, cuando aquél Comité Federal obligó a Pedro Sánchez a dimitir y a salir por la puerta del garaje de la calle Ferraz. En algunos Delegados del Gobierno, secretarios de Estado y subsecretarios están las claves, y también los mensajes que el presidente parece querer enviar a quienes contribuyeron a defenestrarle en 2016 de la secretaría general del PSOE.

Si se ajusta o no a la realidad, pronto se sabrá. Pero con el PP en proceso de descomposición y hablando ya de "guerra sucia" entre aspirantes, con Pablo Iglesias habiendo perdido la hegemonía del relato y Albert Rivera desorientado en el nuevo marco, Pedro Sánchez, ya presidente, haría bien en elevarse por encima de cuitas pendientes y olvidar heridas orgánicas. Desde 2011, nunca el PSOE ha tenido una oportunidad para remontar como la que le ha conseguido el propio Sánchez tras una moción de censura que ha cambiado por completo el marco y el relato de la política. En su mano está aprovecharla.

Y hasta aquí la vertiginosa semana en la que Máxim Huerta regresó a Utiel y Rajoy, puso rumbo al registro de la propiedad de Santa Pola, tras 38 años en la política.