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06/06/2018 21:47 CEST | Actualizado 06/06/2018 22:58 CEST

Un gobierno galáctico y nada improvisado

AFP/Getty Images

Hace años, tantos como 10, alguien en la calle Ferraz encargó a un desconocido para la opinión pública llamado Pedro Sánchez que reclutara para una plataforma de apoyo a Zapatero a personalidades del mundo de la cultura, la economía, el deporte y la ciencia. La llamaron PAZ y la integraron diversos artistas durante las elecciones generales de 2008 para ensalzar la labor al frente del gobierno del candidato socialista. Más de 2.000 firmas se adhirieron a la iniciativa.

El entonces fontanero del PSOE y hoy presidente del Gobierno, adscrito a la secretaría de Organización, se tomó tan en serio el encargo que viajó casi a la Luna en busca del astronauta Pedro Duque, y su llamada explicándole quién era y lo que pretendía aún despierta alguna carcajada entre los socialistas que lo recuerdan.

De aquellos polvos, estos lodos. El astronauta es hoy ministro y uno de los fichajes estrella del nuevo Gobierno comunicado hace unas horas al Rey en el Palacio de la Zarzuela, y filtrado antes con cuentagotas a la prensa política.

El goteo no buscaba más que alimentar la expectación y dar pábulo a la especulación porque quienes conocen a Pedro Sánchez saben bien que, salvo unos cuantos nombres de última hora, hace tiempo que tenía en su cabeza el Gabinete que tendría el día que llegara a La Moncloa. Un escenario que sólo él contemplaba desde el primer día que aterrizó en la política junto a sus compañeros, y ya no tan amigos, Antonio Hernando y Óscar López.

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Ambos están hoy fuera de la primera línea y Sánchez es, como siempre creyó, presidente del Gobierno. Es más, contra todo pronóstico, acaba de cerrar un Gabinete que ha sobrepasado con creces las expectativas generadas entre propios y extraños.

¿Sorpresas? Alguna ¿Decepciones? Muchas. ¿Titulares? Todos. Ya se habla de Gobierno galáctico. Es lo que tiene llevar a un astronauta a la mesa del Consejo de Ministros, que a uno se le van los dedos y la imaginación hasta el espacio. Pedro Duque (Ciencia, Innovación y Universidades), Màxim Huerta (Cultura y Deportes), y Grande-Marlaska (Interior) fueron quizá los nombres menos esperados. El Gobierno de Pedro Sánchez es de gran tonelaje, europeísta, comprometido con la ortodoxia económica, político, intergeneracional y atento a una España en la que las mujeres piden paso y claman por la igualdad.

¿Qué fue de la paridad pudiendo llegar a más? Las manifestaciones del 8-M han cambiado la inercia y la política igual que las que se convocaron antaño contra la guerra de Irak cambiaron el rumbo de España. Y si la retirada de las tropas de Irak fue el primer gesto del Gobierno Zapatero, la configuración de un Ejecutivo con más mujeres que hombres ha sido, sin duda, la primera y contundente señal emitida por Sánchez nada más llegar a La Moncloa.

A Sánchez, tres veces dado por muerto y tres resucitado, le empiezan a idolatrar hasta sus más furibundos críticos. Unos, de plató en plató y otros, de tuit en tuit.

La música suena bien, muy bien. Tres mujeres de tres al frente del equipo económico del Gabinete: Nadia Calviño (Economía y Empresa), Magdalena Valerio (Trabajo y Seguridad Social) y Reyes Maroto (Industria, Turismo y Comercio). Otra en Hacienda, la andaluza María Jesús Montero, que en absoluto supone un guiño a la reconciliación con la presidenta de la Junta, Susana Díaz. Más bien es una apuesta segura para empezar a hablar de la financiación autonómica.

Nada más lejos de la intención de Sánchez que contemporizar con quien fuera su competidora en las primarias socialistas. Y para muestra un segundo botón: la elección para Agricultura de Luis Planas, el hombre que intentó competir por el liderazgo andaluz con la ex todopoderosa baronesa socialista y al que ella humilló nada más empezar la competición al presentar 22.000 avales más de la mitad del número de afiliados de la federación. ¿Guiño? ¿Quién dijo guiño y a quién? Ni hablar.

A Sánchez, tres veces dado por muerto y tres resucitado, le empiezan a idolatrar hasta sus más furibundos críticos. Unos, de plató en plató y otros, de tuit en tuit. Muchos haciéndose perdonar los pecados y el desprecio con el que trataron al ya inquilino monclovita. Atentos, porque si a Aznar le bastaron unos telediarios para dejar de ser un líder sin carisma y Zapatero dejó de ser Bambi en dos editoriales, el nuevo presidente del Gobierno lleva camino, para algunos, de convertirse en el Obama europeo. En este país de excesos tan dado a la grandilocuencia para lo bueno y lo malo, ya se sabe... Y lo que no, se imagina.

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Hablábamos de mujeres y también de hombres, aunque en este Gobierno la proporción sea de 11-6. Josep Borrell (Exteriores), todo un mensaje de firmeza al independentismo catalán compensado si acaso con la elección de una federalista convencida del PSC para la cartera de Política Territorial, Meritxell Batet.

José Luis Ábalos (Fomento), el juez Fernando Grande Marlaska, el periodista Màxim Huerta -la única ocurrencia que se ha permitido el presidente- y el astronauta Pedro Duque completan la "cuota" masculina de un Ejecutivo en el que Margarita Robles, encuentra hueco finalmente en Defensa -la tercera mujer en España que ocupa esta cartera-, después de descartarse su desembarco en Justicia e Interior. Carmen Calvo es la gran apuesta para la única vicepresidencia que tendrá el Gobierno, aunque sin ejercer de portavoz, que será la vasca Isabel Celaá, además de ministra de Educación y Formación Profesional.

Experiencia y solvencia en un Gabinete que no parece diseñado para unos meses, sino para devolver al PSOE la condición de partido de Gobierno que hasta hoy le negaban las encuestas, además de para dar a Sánchez la altura y consistencia que siempre le negaron propios y extraños. Se verá... De momento, el PSOE tiene la oportunidad de marcar la iniciativa y la agenda mientras el PP se renueva y Sánchez, como en una superproducción, un gran reparto. Ahora falta conocer el argumento.

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