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23/11/2018 07:16 CET | Actualizado 23/11/2018 07:23 CET

Alcachofas y casinos; parques agrarios y tierras devastadas

parcs.diba.cat
Parque Agrario de El Baix Llobregat.

Este artículo también está disponible en catalán.

De camino hacia Castellón, antes de pasar por el milagro verdísimo de los pinares que la autovía de Castelldefels atraviesa —deben estar protegidos por el espíritu del proyecto de la Ciutat de repòs i vacances del GATCPAC (1931) a pesar de que el golpe de estado de 1936 lo aniquiló y a pesar de la posterior sanguinaria, corrupta y larguísima dictadura franquista—, nos deleitan las lozanas alcachoferas a ambos lados de la carretera del Parc Agrari del Baix Llobregat, salvado en primera instancia también de las más agresivas garras.

Casi nunca se hace, pero de vez en cuando vale la pena recordar los magníficos resultados que en ocasiones se consiguen cuando se puede parar una decisión, una política. Cuando, en vez de hacer, se deja de hace algo. El Baix Llobregat, Barcelona y Cataluña en general estuvieron amenazadas durante varios años por el siniestro y gigantesco proyecto Eurovegas del magnate de Las Vegas Sands Corporation, Sheldon Adelson, un mafioso personaje no menos tenebroso que su proyecto.

Artur Mas, entonces presidente de la Generalitat, los consejeros de Economía y Territorio, Andreu Mas-Colell y Lluís Recoder, respectivamente, y varios empresarios (entre los cuales, Isak Andik, Marc Puig y Carles Vilarrubí) le rendían pleitesía de rodillas colmándole con finezas sin fin. Para que saliera adelante, incluso se esgrimió que la aviesa Esperanza Aguirre (que, claro está, defendía el proyecto como si no hubiera mañana), presidenta de la Comunidad de Madrid, nos lo chorizaría si no se aceptaban las draconianas condiciones.

Que traducidas del politiqués eran: 1) Reforma del Estatuto de los Trabajadores para relajar los convenios colectivos; 2) Cambios en la Ley de Extranjería para dar trato preferente a la gente empleada foránea; 3) Dos años de exención casi total del pago de cuotas a la Seguridad Social y de tasas estatales, regionales y locales; 4) El Estado debería garantizar un préstamo de más de 25 millones del Banco Europeo de Inversiones; 5) Ley que garantizara ventajas fiscales durante 10 años; 6) Acceso a los casinos de menores y ludópatas, y permiso para fumar en el interior; 7) Cambios en la ley de prevención de blanqueo de capitales. O sea, una miserable Zona Franca.

Podríamos haber contestado al alcalde que nos mirara a los ojos cuando mantenía que juego, drogas, prostitución y especulación urbanística era la única manera de progresar y de crear empleos.

El alcalde de El Prat, Luis Tejedor, tradujo perfectamente qué quería decir Adelson y compañía cuando declaraban que querían hacer casinos, hoteles, restaurantes y campos de golf: «Nuestro modelo de ciudad no tiene nada que ver con un proyecto vinculado al juego, a las drogas y a la prostitución».

Pararlo fue un respiro aunque de todos modos actualmente ni el Parc Agrari del Baix Llobregat está a salvo —hay que consolidarlo—, ni Eurovegas o proyectos similares se han alejado para siempre de Cataluña.

Con el cuestionado nombre de Barcelona World, hubo (o hay, no sé cuál es el estado de la cuestión) el intento de trasladarlo y adecuarlo a Tarragona. Recuerdo al alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, diciendo que se atreviera a mirarle a los ojos quien se opusiera al proyecto.

A la expresión un poco chulesca «mirar a los ojos» que tanto gustan usar los políticos (no la recuerdo en boca de ninguna política) bien podríamos haberle darle la vuelta y haber contestado al alcalde Ballesteros que nos mirara a los ojos cuando mantenía que juego, drogas, prostitución y desenfrenada especulación urbanística era la única manera posible de progresar y de crear puestos de trabajo. Si esta era la única solución política que se le ocurría, certificaba el definitivo fracaso de la política.

Si la izquierda quiere que la política no se acabe de despeñar, estaría bien que empezaran a trabajar (y a explicarnos) que hacen y harán para resolverlo.

Imposible no mencionar la falsa dicotomía «empleos / bombas» para defender la aún más cruda y cruel opción de sostener y alimentar una lúgubre y mortífera industria armamentística que ni crea tejido industrial ni ningún valor añadido. Un dilema al que se enfrenta, por ejemplo, un político de izquierdas como el alcalde de Cádiz, José María González (alias Kichi). Como lo lleva a cabo una derecha sin escrúpulos ya lo sabemos y no es ninguna solución sino una catástrofe.

No es un problema de fácil solución pero si la izquierda quiere que la política no se acabe de despeñar, estaría bien que empezaran a trabajar (y a explicarnos) que hacen y harán para resolverlo. A imaginar y a dibujar como llenar más y mejor el aparente vacío que implica abandonar una determinada y nefasta forma de entender los negocios y la política.

Las suculentas y saludables alcachofas del Prat están en sazón gracias a que se les ha dejado prados para que crezcan; espero que las gallinas y gallos pota blava puedan pasearse mucho tiempo entre ellas tranquilamente y en paz.

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