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28/07/2018 10:24 CEST | Actualizado 28/07/2018 19:03 CEST

Entrecot o filete empanado / ‘business’ o turista

Integrantes de los equipos masculino y femenino del F.C. Barcelona posan durante un entrenamiento conjunto, este miércoles.
EFE
Integrantes de los equipos masculino y femenino del F.C. Barcelona posan durante un entrenamiento conjunto, este miércoles.

Este artículo está disponible también en catalán.

Las futbolistas del FC Barcelona han iniciado su gira de verano dirigiéndose a Portland en el mismo avión que sus colegas de la sección masculina. Un detalle, mientras ellos viajaban en business, ellas iban en clase turista.

Es «natural», siguen una vieja tradición: los equipos de fútbol japoneses que participaron en los Juegos Olímpicos de Londres del 2012 viajaron del mismo modo aunque fuera justamente el femenino el que defendía el título de campeonas. Australia aplicó la misma política para los equipos de fútbol y de baloncesto a pesar de que las deportistas ganaron más medallas que los hombres.

Dos detalles en consonancia relatados por la ciclista Dori Ruano: «En Hamilton 2003 dieron de cenar un entrecot y arroz con leche a los hombres, y un filete empanado y fruta a las mujeres. A mí la Selección me da dos culottes y un pantalón largo para competir toda la temporada, mientras que a los chicos les dan eso o incluso algo más, sólo para correr un día en los campeonatos».

Sobre todo: igualdad. Pobrecitos, no los tratarán de manera diferente, claro

Más detalles: los trece futbolistas del Barça B también han viajado en business. Sobre todo: igualdad. Pobrecitos, no los tratarán de manera diferente, claro.

Abre una rendija de esperanza que en su ulterior desplazamiento (de Portland a Los Ángeles), tanto unas com otros hayan viajado en business (que dure), después de que el club se haya excusado por su discriminación con argumentos realmente pintorescos y contradictorios: que las futbolistas sólo jugarán un partido; que cuando alquilaron el avión no sabían aún que las futbolistas también irían de gira; que las plazas business eran limitadas. Una de las jugadoras —seguramente harta de ir en autocar a todas partes (aunque para ir a los EEUU la alternativa al avión es ir a nado)— ha afirmado que están contentas de salir de gira y alojarse en las mismas instalaciones que ellos y evitó opinar sobre la discriminación aérea sufrida. Todo un clásico el de conformarse con menos y, además, disculpar a quien ha repartido desigualmente.

¿Quién oculta que gana más que su pareja y quién oculta que su pareja gana más?

Para redondearlo viene al caso recordar algunos detalles aunque sean muy cotidianos. ¿A quién se da el bistec más grande en la mayor parte de casas; quién ocupa la mejor butaca; quién monopoliza el mando a distancia? ¿El nombre de quien se pone primero en las tarjetas de la mayor parte de los buzones? ¿Quién suele despatarrarse cuando se sienta en el autobús o en el metro y si alguien le llama la atención se permite el lujo de indignarse? ¿Quién oculta que gana más que su pareja y quién oculta que su pareja gana más?

No hay nada más auténtico, real, útil y verosímil que una novela para describir lo que es un privilegio. Un fragmento —que quisiéramos anacrónico— de El Cuaderno Prohibido (primera edición, 1952) de Alba de Céspedes lo consigue con éxito (la cursiva es mía).

Esta noche, Michele ha cogido el sillón y la radio y se los ha traído al dormitorio. Se ha traído también algunos libros, los periódicos y la lámpara de pie del comedor. Luego, con un suspiro de satisfacción, me ha dicho.

—Aquí voy a estar estupendamente.

Después de un recorrido mental por la casa, he caído en la cuenta de que no dispongo de ningún rincón mío, como no sea en la cocina. Entonces, irritada, le he preguntado:

—¿Y yo qué Michele? [...]

Se ha puesto en pie para ofrecerme el sillón, pero yo jamás me atrevería a quitarle su sitio, y, desde luego, él mismo, aunque sea un hombre amable y cumplidísimo, lo tomaría por un abuso.

Del mismo modo que nunca sabremos si algún ciclista (renunciando a sus privilegios) dijo a alguna colega que si prefería entrecot se le cambiaría o, por el contrario, le pareció que lo más justo y normal del mundo era que a ellos les tratasen mejor, nunca sabremos tampoco si algún jugador del primer equipo del Barça o del Barça B (renunciando a sus privilegios) se ofreció para intercambiar su butacón con el de alguna de sus compañeras, o, por el contrario, viajó la mar de tranquilo y repompeado.

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