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28/12/2017 07:36 CET | Actualizado 29/12/2017 10:18 CET

Mar de fondo. A propósito de las elecciones catalanas

EFE/Juan Carlos Cárdenas
Un hombre vota vestido de amarillo (color elegido en solidaridad con Jordi Sánchez y Jordi Cuixart) en la Escola Pere IV de Barcelona durante las elecciones autonómicas de Cataluña del 21 de diciembre.

Este artículo está también disponible en catalán.

¡Es el 155, estúpido!

Y no hay que darle muchas más vueltas. Desde hace años que el PP por tierra, mar y aire, y con más o menos intensidad ejecuta el 155 en Cataluña; no es extraño, pues, que haya ido cayendo en una ridícula irrelevancia. Lo eligió a pulso para ganar votos en España. Cataluña parece que no le interesa para nada más.

Pensar en hipotéticos indultos hizo perder escaños al PSC-PSOE, partido que también preconizaba el 155. Así son las cosas. Los votos fueron a parar a C's el tercer partido del bando del 155, quizá porque parece menos corrupto. Lo celebraron desgañitándose con los «Yo soy español, español...» (suerte que no son identitarios), «Campeones, campeones..., oé, oé, oé» (antesala del «a por ellos»). Como el rey, usan anecdóticamente el catalán para lanzar algún «viva» y se acabó. Más de una federalista de izquierdas sabe que si se dirige a este público en catalán no recibe más que silbidos.

El odio al catalán no es de ahora ni del auge del independentismo; recordemos la pitada a Raimon cuando, en el homenaje a Miguel Ángel Blanco, cantó en su lengua. Tampoco el boicot a los productos catalanes es una reacción al independentismo. Estos artículos de Juan Cruz y de Ernesto Ayala-Dip de 2012 lo certifican. Estaría bien que dirigentes de Podemos los leyeran: quizás abandonarían discursos tan toscos y rudimentarios como que el independentismo ha despertado el fantasma del fascismo.

¡Es la represión, idiota!

Parece que la prensa afín al régimen y el PP esperaban como en 2001, cuando soñaron con el triunfo del ultra Jaime Mayor Oreja en el País Vasco y lo propiciaron por todos los mediosque el unionismo ganara las elecciones, a causa de los errores de los partidos independentistas, el miedo a un incierto futuro, a la relativa caída del turismo, a la fuga de empresas. ¡Viva la Seat y las cavas Freixenet!, muestran que mantener las sedes en Cataluña no pasa factura y enseña las vergüenzas de un montón de empresas. Suerte que el Estado quiere que Cataluña se quede y vaya bien.

Los golpes de porra, los batacazos, las actuaciones judiciales, especialmente las de la Fiscalía, el exilio bruselense y el exilio absoluto y radical que es estar en prisión, la actuación partidista de la Junta Electoral, que llegó a prohibir un color (hubo momentos en que sufrí por Correos y los taxis de Barcelona), junto con la humillación y el despropósito del 155, provocaron que el independentismo sumara 96.000 votos más que dos años antes, y aunque parezca imposible más votos que el 1 de octubre. No se sabe cuántos son una respuesta (de izquierdas, de centro o de derechas) a la indignidad. Una vez más, muestra que es necesario un referéndum con todos sus avíos.

Mientras tanto, el juez Pablo Llarena mantiene las graves acusaciones de sedición y rebelión de violencia, vaya contra el independentismo. Pervierte la ley e insulta a un movimiento escrupulosamente pacífico con una inquisitorial causa general que cada vez acumula más nombres propios. Si continúa por este camino es probable que en ella acabe incluyendo como adoctrinamiento al «caga tió» y villancicos como el «Fum, fum, fum» o, ya puesto, la manifestación por la autonomía de 1977.

El panorama es tristísimo.

Para colmo, artículos de ilustres intelectuales hablan, por ejemplo, de dos millones de «fanáticos» en referencia al independentismo, de «delirios»; informaciones de periódicos que antes decían que eran de centro-izquierda y con fama de moderados muestran titulares como ese «El separatismo pasea su odio a España por las calles de Bruselas», cuando una de las constantes del movimiento independentismo es ir a favor y no a la contra. Gran parte de la prensa se ha convertido en una serie de vomitivos tuits.

El problema se agrava puesto que también se apuntan a ello políticas y políticos con expresiones virulentas que dificultan posturas moderadas a ambos lados. Soraya Sáenz de Santamaría habla de «liquidar» y «descabezar»; Josep Borrell, de «desinfectar»; Xavier García Albiol, de «votantes abducidos»; afirma que lo dice con todo el respeto como si así la expresión dejara de ser un insulto (también atribuye el victimismo a un capricho de las personas detenidas o aporreadas y no al hecho de ser víctimas puesto que las han encarcelado o apaleado). No es extraño que Juan Carlos Monedero se apunte y justifique el 155 porque «los otros se habían vuelto locos».

El independentismo debería evitarlo. Y si la consejera de Enseñanza postula que con menos del 50% del voto (y este es su insalvable talón de Aquiles) no se pueden plantear según qué metas (cosa que, por cierto, ya dijo tras las elecciones de 2015), sería muy positivo que en vez de obligarla a rectificar a toda costa porque no les gusta el análisis, reflexionaran y se plantearan objetivos viables.

Unas conocidas y persistentes anomalías.

Mariano Rajoy tras la victoria de Ciudadanos felicitó primero a Albert Rivera y no a Inés Arrimadas. En consonancia, Rivera cerró el acto de celebración de Ciudadanos la noche del 21. Fue la única formación en la que alguien intentó robar protagonismo a la persona que se presentaba a la presidencia.

Marta Rovira, a quien tal vez se trataría con más respeto y se valorarían diferentemente las lágrimas si se dijera Oriol o Joan, explica que cuando su hija vio su foto colgada de las banderolas de las farolas, le dijo: «Pero eres mi madre, ¿no?». O sea, puedes dedicarte a la política, pero recuerda que ante todo eres madre (obligación principal). ¿A qué político una hija, un hijo, lo habría puesto en su lugar con una frase similar?

No se si se habrán enterado pero las consejeras Dolors Bassa y Meritxell Borràs han pasado una temporada en Alcalá Meco. Los medios iban de Estremera a Soto del Real y las dos políticas fueron abducidas por el agujero negro de la invisibilización. Del mismo modo que la antigua cárcel Modelo recuerda exclusivamente a los presos y desprecia a las presas.

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