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27/06/2015 09:58 CEST | Actualizado 27/06/2016 11:12 CEST

Vacunar o no vacunar

alfonsoalonsoA pesar de lo muy necesario que es, no hay un debate sereno y ponderado sobre las ventajas y las desventajas de vacunar o no.

AFP

Este texto también está disponible en catalán

No tengo criterio sobre si es mejor vacunar a las criaturas o no. Lo ignoro. Además, conozco familias responsables y preocupadas que no vacunan a su descendencia, pero también a otras no menos responsables y conscientes que la hacen vacunar. (No recuerdo que cuando yo era niña se cuestionara la vacunación, y quizá por ello llamaba la atención una niña y un niño de una familia amiga a quienes no vacunaron de nada puesto que el hermano mayor había muerto de una reacción a la primera vacuna que le inocularon.)

A la vista de lo que ha ido pasando se constatan varias cosas. Una vez más, las noticias aparecen y desaparecen de los medios de comunicación sin que se sepa muy bien por qué (¿está hospitalizado aun el niño de Olot afectado de difteria?; ¿mejora ?, ¿empeora?). Quizás ha habido algún debate que fuera productivo y que no fuera alarmista ni visceral y a cargo de personas expertas de diferentes ámbitos que tuvieran posturas diversas sobre la bondad o no de la vacunación, pero yo no he sabido encontrar ni uno. No he visto tampoco defender que legislar en caliente no es nunca recomendable y he visto, en cambio, cómo se criminalizaba a la gente partidaria de la no vacunación.

Como metáfora, en unas declaraciones al respecto, el ministro de Sanidad (licenciado en Derecho y Filología Románica y que antes había ejercido de alcalde), Alfonso Alonso, argumentó que «el caso debe ayudar a concienciar a los padres de que tienen que velar por los derechos de los niños y de que siempre está por encima el interés superior del menor».

Cuesta imaginar que una madre, un padre, una pareja, no vacune a su hija y al mismo tiempo piense que vacunarla sería lo mejor para ella (o al revés); es decir, que crea que no esté velando por sus derechos y no esté actuando en su interés.

El hecho de creer que su posición, creencia, etc., es la buena, la única buena, incluso la única posible, es pensamiento PP en estado puro (aunque no suyo en exclusiva). Explica muchas de las políticas que se implementan en este Estado, así como la manera de hacerlo; o la aplicación sistemática de la doble vara de medir.