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28/09/2018 06:55 CEST | Actualizado 28/09/2018 06:55 CEST

La economía española necesita empresas, no funcionarios

EFE

En España, el 25,2% de los universitarios optan por la función pública como salida laboral; una cifra muy lejana del distante 14% que opta por la creación de una empresa. El 99,88% del tejido empresarial son PyMEs, por lo que sin empresarios, la economía se estancaría.

Vivimos en una sociedad donde el escalafón social de mayor prestigio para el egresado universitario, así como para los parientes de estos, es el funcionariado público. Hoy, cuando preguntas en una clase de universidad acerca de las salidas laborales por las que optarán esos estudiantes al finalizar su etapa académica, la gran mayoría responde que su deseo es el de ser funcionario, pues es lo más viable.

Mi sorpresa no viene por esto, pues estamos en España, un país en el que lo primero es la comodidad y el vivir para, posteriormente, trabajar y formar una familia; mi sorpresa viene cuando veo a los profesores universitarios animando al conjunto del alumnado a priorizar el funcionariado como la mejor salida laboral. Según el último estudio Radiografía de la universidad pública, más del 25% de los egresados universitarios querrían dedicarse a la función pública, ¿tenemos a los jóvenes con menos ambición del mundo? O, por otra parte, ¿nos falta información acerca de salidas laborales?

Mi cuestión es, ¿podremos vivir en un país de funcionarios?

Desde mi más sincera opinión, en la universidad española, desde siempre, se ha tenido una cultura del emprendimiento como una profesión a la que optar, únicamente, si no se ha obtenido una plaza mediante una oposición al funcionariado público. En mi caso, en la universidad, cuando comencé mi grado universitario, de las salidas laborales que este me ofrecía solo una pertenecía al sector privado, mientras que el resto eran al sector público. Estoy hablando del grado en Economía, con el cual tenías la opción de entrar en la empresa privada, además de ser funcionario de Hacienda, de comercio, de administración y servicios, Banco de España, administraciones territoriales y estatales, entre otro gran conjunto de salidas para optar por un laureado puesto público.

Esto, desde el punto de vista del valor añadido, es un severo problema, pues pese a que muchos criticarán mi opinión por el hecho de que me recalcarán que "según la OCDE, estamos por debajo de la media en empleados públicos sobre el empleo total" o, "Alemania, un país que económicamente es un modelo a seguir, posee más empleados públicos que España", debemos entender que el mayor porcentaje de egresados (25,2%) desea obtener una plaza en la función pública, mientras que, solamente, un distante 14% desea emprender su propio negocio.

Como digo, esto no es un problema de los alumnos, ni mucho menos; este problema viene dado por los marketeros del funcionariado público, pues claro, la visión de estos chicos para optar por el funcionariado es la comodidad que este le aporta, tanto física, como mental, sin olvidarnos de la "estabilidad financiera" que el funcionariado les aporta. Mi cuestión es, ¿podremos vivir en un país de funcionarios?

Que el emprendimiento se vea como una emocionante salida laboral, en lugar de un tortuoso camino hacia el fracaso

Ante semejantes conclusiones, lo que me queda muy claro de este estudio es que, mientras sigamos sin fomentar la cultura del emprendimiento y del esfuerzo como un valor añadido para el país, el egresado universitario seguirá optando por lo fácil. Además, debemos concienciar a estas personas, facilitando el emprendimiento a través de las universidades, así como restándole un gran peso a la burocracia española, que tanto daño hace a la economía nacional por su carácter excesivo.

Debemos comprender que, pese a que el país necesita funcionarios para administrar los organismos públicos, el emprendimiento y la creación de empresas es una actividad de gran valor añadido y que ha llevado a países, como los Estados Unidos, a los primeros rankings mundiales. Todos los productos de los que hoy gozamos son muestra de un proyecto de emprendimiento que, en su día, alguien optó por desarrollarlo, en lugar de optar a una plaza pública. A día de hoy, esas personas son grandes empresarios, los cuales han aportado grandes avances a la ciencia, tecnología, informática, entre otras ramas.

En conclusión, creo que debemos concienciar más al estudiante universitario acerca de todas las salidas laborales que ofertan nuestros grados académicos, así como concienciar a los profesores a que inculquen una nueva cultura, donde el emprendimiento se vea como una emocionante salida laboral, en lugar de un tortuoso camino hacia el fracaso. Hasta que el estudiante español no vea eso, nunca podremos hablar de un país "íntegramente desarrollado".

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