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16/12/2017 10:23 CET | Actualizado 16/12/2017 10:23 CET

Facha come a facha

Cartel de Pravy Sektor
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Cartel de Pravy Sektor

En 1938, el régimen rumano era una dictadura instituida por el rey Carol II, que exhibía toda la parefernalia de los regímenes fascistas en auge por toda Europa. Sin embargo, era partidario de los Aliados, como otros regímenes totalitarios y hasta fascistas en la Europa de la época, como el Portugal de Salazar o la Grecia de Metaxas. Aún más: tras entrevistarse con Hitler en noviembre de 1938 y temiendo que el dictador alemán utilizara al movimiento utranacionalista de la Guardia de Hierro – Legión de San Miguel Arcángel como quinta columna, el rey decidió ejecutar a toda la cúpula dirigente que mantenía encarcelada, comenzando por su carismático líder, Corneliu Codreanu.

Hay historias similares de enfrentamientos entre opciones de ultraderecha por toda la Europa de la época. De hecho, la Segunda Guerra Mundial se inició a raíz de que el Tercer Reich nazi invadiera a una Polonia autocrática donde los políticos de la oposición estaban en prisión y el poder en manos de un militar, el mariscal Rydz-Śmigły. En 1940, la Italia de Mussolini invadió a su vez una Grecia que desde 1936 era una dictadura fascista liderada por el general Metaxas. Antes incluso del comienzo d ela Segunda Guerra Mundial, húngaros y eslovacos mantuvieron una breve guerra entre Hungría y Eslovaquia, ambos aliados de la Alemania nazi. Durante la campaña de Rusia, el alto mando alemán descubrió justo a tiempo que se estaba fraguando un complot entre dos ejércitos aliados del Eje nazi-fascista: croatas, eslovacos y rumanos, para atacar a los húngaros. De hecho, a comienzos de los años treinta, Mussolini despreciaba a Hitler y ya en 1934, ingleses y franceses consideraron la posibilidad de aliarse con la Italia fascista para enfrentarse a la Alemania nazi, llegado el caso.

En muchas ocasiones, históricamente, los fascistas han luchado entre ellos mismos.

Dicho en otras palabras: el mito popular de que el fascismo confronta por sistema a la democracia o las izquierdas, es falso. En muchas ocasiones, históricamente, los fascistas han luchado entre ellos mismos. Facha come a facha, en efecto. Y es lógico que sea así, dado que el soporte ideológico último del fascismo es el nacionalismo y éste, por inclinación natural, tiende a combatir a otros nacionalismos.

Pero en nuestros días, ese fenómeno se ha vuelto ya habitual, en paralelo al desgaste del adjetivo "facha". Durante las guerras de la ex Yugoslavia vimos cómo la HOS (Hrvatske obrambene snage o Fuerzas de Defensa Croatas) en un bando se enfrentaba a los Chetnik serbios, en el otro, y ambas eran fuerzas ultranacionalistas, y más que eso.

En 2014, en la Guerra del Donbass volvimos a ver cómo combatían unidades paramilitares vinculadas a la ultraderecha o incluso neonazis, en ambos bandos. El Regimiento Azov, los batallones Dnipro, Sich, Kiev-2, el Cuerpo de Voluntarios Ucranianos, fueron organizados, integrados o mandados por personal de la ultraderecha ucraniana procedente de partidos bien visibles: Pravy Sektor, Svoboda, (antiguo Partido Social-Nacional) C14, UNA-UNSO.

En el bando ruso, el Batallón Svarozhichi -en la Brigada Oplot- unidades dentro del Grupo de Respuesta Rápida Batman, con unidades como Rusich y Ratibor o el Ejército Ortodoxo Ruso, que incluían combatientes de partidos o movimientos políticos neonazis o ultraderechistas como Unidad Nacional Rusa, Unión de la Juventud Eurasiana, Escudo de Moscú, Centurias Negras. Por otra parte, unidades rivales compartían el kolobrat o símbolo neopagano y eslavo, que simboliza al sol y al dios Svarog. A la vez, con sus estrellas rojas, el Batallón Zarya incluía a combatientes de La Otra Rusia, los antiguos nacional-bolcheviques de Limonov. Y en el bando contrario, los anarquistas de la Guardia Negra luchaban como antifas.

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El 'kolovrat', símbolo neofascista y pagano utilizado por ucranianos y rusos

Mientras tanto, volaban las acusaciones. Para unos, los ultras ucranianos eran marionetas de la OTAN, Estados Unidos y el sionismo internacional, pero argumentaban que en torno a Rusia se reunían los viejos valores ultras de toda la vida y, sobre todo, la promesa de la destrucción de la UE. Los que estaban en contra de este planteamiento denunciaban que la ultraderecha rusa sólo era un peón en el juego geoestratégico de Putin.

La guerra en el Donbass volvió locos a algunos grupos de la ultraderecha europea, que no sólo estuvieron representados en los dos bandos – ultras rusos llegaron a combatir a favor de Ucrania - sino que incluso cambiaron de opción sobre la marcha. Roberto Fiore, líder de la italiana Forza Nuova había mantenido lazos de amistad con los ultras ucranianos desde mediados de la década del 2000. En 2013 aparecían en la foto sólidamente aliados con Svoboda. Sin embargo, cuando comenzó la guerra en el Donbass, Fiore cambió de bando y se acercó a la ultraderecha rusa a través de Alexey Komov. Quien, a su vez, mantenía contactos con Salvini y la Liga Norte, y hasta había ayudado a construir la asociación Cultural Lombardía-Rusia con apoyo del oligarca Malofeev...

Tramas interminables que agrupan a partidos fachas y otros que no lo son, pero más tarde terminan enfrentados entre sí en el campo de batalla, mientras en otros rincones hacen negocios juntos. Hoy en día las cosas van así: amigos en un sitio, enemigos en otro. Y lo de distinguir a los fachas se hace cada vez más confuso

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