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12/07/2018 08:06 CEST | Actualizado 12/07/2018 14:34 CEST

De todos y de nadie: RTVE y la virtud republicana

Cabe preguntarse hasta qué punto todo lo ocurrido en las últimas dos semanas en relación a la renovación de la dirección de RTVE ha sido necesario. Este martes las Mesas del Congreso y del Senado ratificaron por unanimidad las bases del concurso público que elegirá al próximo presidente de la corporación. Durante años esta ha sido la fórmula reivindicada por todos aquellos que han bregado para que la elección de los máximos responsables de la RTVE responda a la calidad del proyecto y a su independencia respecto al Gobierno de turno. Que el objetivo esté tan cerca de lograrse hace aún más difícil de comprender cuál ha sido la motivación del gobierno para airear el descarado tejemaneje mediante el que se ha compuesto un consejo de administración provisional que tiene fecha de caducidad antes incluso de haber sido aprobado.

Seguramente la explicación más razonable sea que este proceso, pese al desgaste inicial para PSOE y Podemos, ha tenido como objeto presionar al resto de fuerzas parlamentarias para desbloquear la propuesta del concurso. No es descartable. Con independencia de ello, creo que el efecto más interesante de estas confusas semanas ha sido revitalizar una proclama, "de todos y de nadie", que más allá de su efectividad como hashtag, resume una actitud política tan extraña como necesaria en la coyuntura política española. Aunque poco empleada en nuestro ámbito nacional por sus resonancias históricas, "republicanismo" es la categoría que mejor describe esta actitud.

¿Qué quiere decir que algo sea "de todos y de nadie"? ¿Se trata de una propiedad colectiva que rechaza la apropiación individual? ¿Cómo es compatible esto con una sociedad liberal en la que no hay sujetos colectivos de derecho?

Detengámonos a meditarlo un instante. ¿Qué quiere decir que algo sea "de todos y de nadie"? ¿Se trata de una propiedad colectiva que rechaza la apropiación individual? ¿Cómo es compatible esto con una sociedad liberal en la que no hay sujetos colectivos de derecho?

Propongo proceder por descarte. En primer lugar, las cosas públicas no son las cosas comunes. Los recursos comunes son aquellos que, como el agua de la lluvia, el aire o los peces del mar, en principio no estan sujetos a ninguna titularidad, ni individual ni colectiva. Los recursos comunes plantean el problema de la acción colectiva, tal como lo estudió la premio Nóbel en Economía Elinor Ostrom, pues los agentes tienen que idear normas para regular un uso que garanticen su sostenibilidad. Si, al contrario, cada usuario explotara de forma egoísta el recurso, este se agotaría. Y si un agente individual se apropia de un recurso común, como de hecho pasa en el universo capitalista, genera automáticamente relaciones de dependencia y desigualdad.

Dicho de una manera muy simplificada, el problema de que las cosas comunes pasen a ser propiedad privada, es que los beneficios se restringen a unos pocos. Con las cosas públicas, el asunto es bien distinto. Si un particular (pongamos, un partido político) se apropia de una cosa pública (pongamos, una radio televisión estatal), no obtiene un beneficio tan directo como la empresa que se adueña de un recurso natural. Por una sencilla razón: en el ámbito político, el beneficio viene de los efectos que genera la existencia de estas cosas que, siendo de todos, no son de nadie. Si de verdad nuestra convicción es democrática, no es mayor el beneficio que obtenemos por manipular los informativos a nuestro interés, que por garantizar una pluralidad de opiniones informadas a partir de una representación de la realidad que no esconda su complejidad.

Si de verdad nuestra convicción es democrática, no es mayor el beneficio obtenemos por manipular los informativos a nuestro interés, que por garantizar una pluralidad de opiniones informadas a partir de una representación de la realidad que no esconda su complejidad

La lógica de las cosas públicas, por tanto, es distinta de la de las cosas comunes, y también de las cosas privadas. Aunque la moral me disuade de robar porque esto iría contra la dignidad de mis semejantes y emponzoñaría la convivencia, de manera privada me beneficiaría de ese incremento ilegítimo de mi patrimonio. Aunque sean más convenientes normas que autorregulen la explotación de un recurso, es cierto que si lo privatizara (pongamos el caso de un pozo de petróleo, o de un acuífero en una zona con escasez de agua), obtendría un indudable rédito individual. En el caso de las cosas que "son de todos y de nadie", no es una cuestión de moral ni de sostenibilidad. Si hago un uso privado de las cosas públicas, entonces pierdo los beneficios sociales, culturales y políticos de su existencia.

Volviendo al caso de RTVE, el nuevo método de elección de la dirección, que verdaderamente busca responder al lema #DeTodosYDeNadie, es el caballo de troya en esa política de partidos que han usado las instituciones para sus intereses cortoplacistas. En primer lugar, porque la heroica resistencia de los trabajadores de RTVE, reforzada por la campaña "Viernes negro", ha sido el caso paradigmático de la virtud republicana de la que venimos hablando. No se trata de que esa redacción sea un nido de izquierdistas y opositores al PP. Las constantes denuncias por manipulación u omisión de información por parte del Consejo de Informativos de la casa se explican por el orgullo de una profesión consciente de su labor como trabajadores de la cosa pública. En segundo lugar, RTVE no es una "cosa pública" cualquiera. Casi todos los ciudadanos, más aún los que crecimos antes del consumo "a la carta" de televisión, tenemos un vínculo afectivo con los canales y emisoras de RTVE. Y en ese vínculo se condensa otra de las características a veces soslayada del republicanismo: no solo queremos saber que el ente público hace su labor, sino que deseamos sentirnos orgullosos de nuestra tele pública. No hay nada malo en ello, no debemos sentirnos culpables ni nos pone al abismo del populismo de las emociones. El orgullo por las cosas que siendo de todos no son de nadie es una virtud cívica esencial, no reducible ni a cálculos interesados ni a las normas de la moral individual.

En esa lógica republicana, nosotros somos aquellos que tenemos cosas que no son de nadie. Sencillo pero enormemente complejo. Básico pero ambicioso. No es un fin último de la política, pero sí una condición necesaria para hacer políticas que alcancen otros fines.

Lo que es más: es la clave para que exista un "nosotros" que, por responder a la pregunta que formulaba más arriba, no sea contradictorio con un orden político de base liberal. En esa lógica republicana, nosotros somos aquellos que tenemos cosas que no son de nadie. Sencillo pero enormemente complejo. Básico pero ambicioso. No es un fin último de la política, pero sí una condición necesaria para hacer políticas que alcancen otros fines. Ojalá el inminente concurso para la designación de la dirección de RTVE sea el primer paso para consolidar esa forma de entender lo que nos une.

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