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02/12/2013 07:29 CET | Actualizado 31/01/2014 11:12 CET

El futuro de la movilidad

15 de enero de 2030. Te despiertas con el despertador que te recuerda a las 7:30. Éste te actualiza el tiempo, tu agenda, y te pregunta si confirma tu reserva de transporte. Justo a las 8:15 para delante del portal de tu casa. Te acercas a él, acercas el teléfono y la puerta se abre para darte una bienvenida por tu nombre.

O cómo vamos a dejar de conducir y de tener coches particulares; para siempre.

15 de enero de 2030. Te despiertas con el chirrido de tu despertador que te recuerda a las 7:30 que es hora de empezar el día. Lo apagas, y consultas la pantalla de tu smartphone-tableta. Éste te actualiza automáticamente el tiempo, tu agenda (cosas que a día de 2013 ya puede hacer), y te pregunta si confirma tu reserva de transporte para las 8:15, lo cual haces.

A las 8:10 tu teléfono inteligente te recuerda que tu medio de transporte se está acercando, y te señala en un mapa interactivo cómo el pod de movilidad urbana poco a poco va acercándose calle a calle a tu casa.

Justo a las 8:15 para delante del portal de tu casa. Te acercas a él, acercas el teléfono y la puerta se abre para darte una bienvenida por tu nombre.

No hace falta que le digas tu destino, porque ya lo sabe. El pod ha tomado tu destino preprogramado de trabajo semanal para iniciar la ruta. Al montarte te informa del tiempo estimado de trayecto, computado en función de la ruta óptima para evitar densidades elevadas de tráfico, y te invita a disfrutar de un café mientras ves las noticias en la televisión.

Pero antes de parar en tu trabajo, el pod se para en el colegio para dejar a tu hijo en clase. Tras hacerlo inicia la marcha, y a las 8:35 exactas estás en la entrada del trabajo. Sales de él, la puerta se cierra, y el pod se marcha a realizar otro servicio.

No tienes que preocuparte de nada más. Cuando acabe tu jornada laboral te bastará con avisar con 10 minutos de antelación a través de tu teléfono de que quieres un transporte de retorno a casa, y un pod idéntico al de la mañana irá a buscarte para llevarte a casa de nuevo. Si quieres ir a realizar unas compras, o moverte al centro, bastará que informes a través de tu dispositivo portátil de tu nuevo destino antes de solicitar el pod. Y si requieres más espacio para transportar equipaje o para desplazarte con varios compañeros del trabajo, bastará con que indiques que requieres espacio extra para que el pod que te venga a buscar cumpla con tus necesidades.

Pedir un pod será tan fácil como usar una aplicación en nuestro móvil. Foto: AOL Autoblog.

Y todo sin un conductor de por medio. Sin atascos. Sin problemas de aparcamiento, de repostaje, de pago en metálico, etcétera. Y es que a final de mes un extracto bancario se encargará de informarte del cargo total en tu cuenta en base a las distancias recorridas y horas de uso del dispositivo de movilidad urbana.

Ya está. Guille se ha vuelto loco y nos está contando aquí una historia imposible de un futuro posible, pero lejano. ¿Piensas así?

Pues no. Estás equivocado. Hay un apartado en los estudios y documentos científicos que se denomina como "estado de la técnica". En este apartado se suele hacer una enunciación del estado de evolución de la tecnología y el conocimiento actual para poder acometer un desarrollo concreto, evaluando antecedentes.

Si te tengo que hablar del estado de la técnica para contextualizar el futuro posible que te acabo de explicar en este micro-cuento, te diré que estamos alarmantemente cerca de que, lo que ahora te puede sonar a dibujos animados o película, pase a ser una realidad cotidiana dentro de una década.

El contexto actual

Más del 99% de los trayectos que se realizan al día en automóvil son por necesidades básicas de transporte, y no por pasión o interés por conducir. Para nuestra movilidad usamos en el 83% de los casos el automóvil, y lo hacemos además en más de un 90% de los casos montados solos (datos de EuroStat).

Nuestra dependencia del automóvil particular es, por tanto, total y absoluta.

Lo curioso del asunto es que, mirando datos estadísticos, vemos que la media de uso del automóvil en kilómetros y horas efectivas es relativamente reducida. Es decir, compramos un coche, carísimo (es la segunda inversión económica más alta de un ciudadano europeo medio), pero la mayor parte del tiempo lo tenemos parado, o estamos conduciendo en busca de un lugar donde aparcar (en hora punta, casi el 60% del tráfico de los núcleos urbanos se genera por personas que están buscando un lugar para aparcar).

El automóvil es un lujo carísimo, que hemos asumido y asociado a nuestra vida común, pero del que realmente no tenemos un conocimiento certero de su coste real por kilómetro recorrido en nuestros bolsillos.

Y si nos abstraemos por un momento de los problemas generados a nivel económico individual por un producto que apenas empleamos, y nos colocamos en un plano general a nivel de comunidad, nos percatamos entonces de los muchos otros problemas que genera en sí mismo: polución, necesidad de importación de combustible de países ajenos, riesgos de accidentalidad, atascos, necesidades urbanísticas pensadas por y para los coches (aparcamientos, etc.).

Pero el automóvil, tal y como lo conocemos hoy en día, parece no tener relevo o sustitución posible, más con infraestructuras de transporte público que en muchos lugares no dan a basto para sustituir la libertad de ir a dónde y cuándo yo quiera que ofrece un coche particular.

El concepto de movilidad del futuro

Pero esto va a cambiar. Y lo va a hacer gracias a tres grandes saltos tecnológicos que se están produciendo ahora mismo, y cuyos efectos apenas si alcanzamos a vislumbrar. Estos tres saltos son la intercomunicación entre vehículos, la conducción automatizada y la gestión correcta de una flota de car sharing.

Partamos de una base aceptada: la gran mayoría de la gente prescindiría de conducir en sus trayectos si pudiera confiar esa tarea a una máquina que la haga correctamente. Y cuando digo la gran mayoría hablo de cifras superiores al 90% de las personas para el 99% de sus trayectos.

Y agreguemos a esto otro ingrediente vital: la gente posee un vehículo porque lo necesita y depende de él, a cualquier hora, en cualquier lugar y circunstancia. Esa disponibilidad aquí y ahora es un problema vital que representa una barrera importante para que las flotas de alquiler temporal de coches tipo car sharing a lo bicing no puedan funcionar. Queremos que el coche nos deje en la puerta de casa, y queremos que esté en la puerta de casa para irnos a la mañana siguiente.

Establecidas estas bases de juego, el estado de la técnica nos permite elucubrar un futuro donde esos dos puntos pueden ser manejados a la perfección.

¿Cómo? Pues vamos con la explicación:

Imagina en tu ciudad un sistema de taxis sin conductor. Un sistema de coches de conducción automatizada, capaces de conducirse solos de un punto a otro de manera completamente automática y segura.

Imagínate además que todos esos vehículos están conectados en red, unos con otros, y a su vez con servidores que se conectan, a través de Internet, con una aplicación móvil.

Los usuarios de esos taxis sin conductor que denominamos pods para simplificar, pueden, a través de esta aplicación móvil, solicitar en cualquier momento y lugar un pod para ir a otra zona de la ciudad.

Esa aplicación móvil les permite elegir no sólo el punto de recogida y el de destino, sino también qué cantidad de equipaje llevan, con cuantas personas quieren desplazarse, y consultar la ruta ideal para ese desplazamiento, así como el tiempo previsto para que el pod llegue a la puerta de su casa, y de ahí al destino.

Un desarrollo avanzado de la aplicación permite además establecer rutinas automáticas. Por ejemplo, si cada día vamos al trabajo, pasando primero por el colegio de los niños, podemos programar una petición automática para días laborables de un pod a una hora determinada, para llegar a los destinos a la hora elegida.

El perfil de usuario de esta aplicación móvil permite también configurar nuestras preferencias de temperatura ambiente para el interior del pod, de música para el equipo de audio integrado, y permite también continuar viendo en una pantalla integrada en el mismo las páginas web que estabas consultando en casa, el programa de televisión, o cualquier videojuego.

Con una gestión inteligente de la aplicación, y a través de chips del estilo NFC ya vistos en teléfonos móviles de última generación, podremos entrar y salir del pod, con lo que la aplicación podrá calcular cuál es el cargo que nos tiene que realizar a fin de mes en nuestra cuenta corriente, en base del uso que hemos hecho del medio de transporte a lo largo de las últimas semanas.

¿Suena increíble? Aún hay más:

Con interconectividad entre los pods y con varios servidores generales, el sistema predictivo de rutas podrá calcular para cada uno el camino más rápido al destino. No sólo eso: cuantos menos coches conducidos por humanos haya en las calles, menos probabilidad habrá de que existan atascos (o accidentes, pero de eso hablamos más abajo), y eso reduciendo la velocidad máxima de los vehículos, pero incrementando la media. Es la clave de la eficiencia energética: realizar los trayectos a velocidad sostenida por el camino ideal sin estorbarse unos pods a otros.

Con una red de pods disponibles patrullando la ciudad, propulsados por electricidad, estos serán autogestionables en sus necesidades de carga eléctrica. A medida que la batería de uno de los dispositivos se descargue, este acudirá a un aparcamiento de recarga inductiva específico, mientras otros salen a la calle a cumplir las solicitudes de los clientes.

Con una base de datos creciente, llena de estadísticas sobre horas y trayectos típicos de los usuarios, el servicio mejorará constantemente, y podrá predecir cuándo se necesitan más pods disponibles, cuándo los tiene que recargar, cuándo tienen que patrullar unidades disponibles por ciertas calles para reducir el tiempo de espera de los clientes, o cuándo es mejor que esperen en un punto de aparcamiento especialmente designado.

Una técnica ya existente

¿Es realmente esto una quimera? No, no lo es. Te sorprenderá saber, si es que no lo sabes ya, que entre las tecnologías disponibles en la actualidad ya hay conocimientos suficientes para llevar a cabo este proyecto.

Los mayores problemas de estas tecnologías están en aspectos relacionados con la escalabilidad de los costes (muchos componentes todavía son exóticos, pero cuando se produzcan en grandes cantidades pasarán a ser tecnología económica); los legislativos-homologativos (faltan regulaciones para temas como la comunicación vehículo a vehículo, así como legislación sobre automatismos de conducción y sus respectivos seguros); y lo políticos (de estos hablamos más abajo).

¿Qué necesita un coche para conducirse sólo? Necesita tres factores fundamentales: ver e interpretar el entorno que le rodea, saber predecir lo que van a hacer los objetos móviles que tiene a su alrededor, y emplear su conocimiento adquirido para calcular su destino e interpretar las normas de tráfico. Resumiendo: ver, predecir y conocer.

Ver e interpretar

Empezando por la capacidad de ver e interpretar la carretera, actualmente esto ya lo han logrado los fabricantes, tanto a nivel de prototipos funcionales como a nivel de vehículos que ya se comercializan. Para que un coche pueda ver la carretera y pueda interpretar la carretera de manera fiable y sostenible independientemente de la climatología, ha de generar primero una imagen virtual de todo lo que le rodea. Esto se puede conseguir mediante varios dispositivos: cámaras LIDAR (un sistema de escaneo láser tridimensional), sistemas de radar y sonar, y cámaras estereoscópicas convencionales.

GM probando una cámara LIDAR en el techo de un SUV prototipo. Foto: AOL Autoblog.

Combinando estos tres elementos al mismo tiempo, un coche puede ver todo el volumen que le rodea, mejor que cualquier persona, ya que puede hacerlo sin ángulos muertos, y puede hacerlo independientemente de las condiciones climatológicas o de iluminación.

Interpretar este volumen es algo que queda a cargo de un algoritmo avanzado, computado en una unidad central de proceso del automóvil. No es misión imposible, y gracias a los grandes avances de la última década gigantes como Google, o pequeños equipos como el de la Universidad de Stanford han logrado explicar a los coches lo que son las rayas continuas, los semáforos, las rotondas, etc. Vamos, programar las leyes básicas de la conducción, la interpretación de las preferencias de paso, los semáforos, etcétera.

Así que en el punto de ver e interpretar, el nivel de la técnica ya es suficiente, y estamos en 2013. Si nos planteamos una solución comercial para 2025 debería buscar reducir los costes del equipamiento (las cámaras LIDAR actuales son caras), y perfeccionar los algoritmos de funcionamiento e interpretación, lo que necesita, básicamente, de muchos kilómetros de pruebas, y más poder de computación.

Predecir

El factor más importante en la conducción urbana es predecir lo que va a hacer todo aquel que te rodea. Evitar chocar con el coche de al lado, evitar atropellar al niño que cruza la calle por donde no debe, y situaciones similares.

Este es el factor que más influye en la seguridad activa de un proyecto como el propuesto de los pods automatizados.

Si bien parte de la solución del problema de la predicción está en una correcta predicción de lo que van a hacer el resto de vehículos que nos rodean a través de los sistemas del apartado anterior de ver e interpretar, no menos cierto es que no siempre se puede predecir todo a velocidad suficiente.

¿Qué se puede hacer entonces? Pues informar a los demás de lo que vas a hacer en cada momento.

No se puede entender un sistema como este implantado a gran escala sin entender que necesitaría una constante interconexión vehículo a vehículo.

La comunicación coche a coche es una necesidad para la automatización. Foto: AOL Autoblog.

Los protocolos de comunicación C2C (coche a coche) ya están siendo desarrollados por firmas como Ford, que además presionan para que haya una normativa que instaure un código común a todos los fabricantes. Pero este sólo es el inicio.

Si cada pod pudiera recibir información de todos los vehículos que le rodean, conociendo de antemano sus próximas maniobras, cambios de dirección, dónde se van a parar, etcétera, sería mucho más fácil elaborar un algoritmo completamente funcional y seguro.

Como dice el dicho que cuatro ojos ven mejor que dos, 20 cámaras LIDAR ven mejor que una, así que compartir la información adquirida por cada pod entre todos los que le rodean en un área cercana puede ser clave para evitar atropellos, o detectar posibles patrones extraños de objetos en movimiento.

Hoy por hoy una cámara térmica puede reconocer a peatones, ciclistas, animales, e interpretar sus patrones de movimiento para tenerlos en cuenta dentro del algoritmo de conducción automática del pod, por lo que, en este aspecto, también tenemos a la técnica preparada.

Pero el gran factor no está tanto en la intercomunicación pod a pod, sino en la comunicación coche manual-pod. Sé que sonará raro y ciertamente algo fascista, pero con ciudades llenas de coches automatizados, los coches manuales deberían contar con transpondedores dispuestos a informar a los pods circundantes de las intenciones de movimiento de su conductor.

Enviar constantemente información de lo que estamos haciendo a los mandos de nuestro coche puede parecer una manera de Gran Hermano telemático, ya que quedaríamos a la luz del ojo del controlador de las normas de tráfico si infringimos alguna norma, pero es un problema necesario.

Que el pod pueda recibir en tiempo real cuál es nuestro giro de volante, nuestra velocidad, y nuestras órdenes a nuestro coche manual le permitirá trazar la trayectoria virtual que vas a seguir, para evitar cualquier tipo de problema, accidente o contacto.

Conocer

Pero más allá de ver la carretera y reconocer lo que hacen los coches y objetos que le rodean, el pod debe hacer uso de una base de conocimiento, para saber a dónde nos tiene que llevar, cuál es el trayecto más adecuado para ello, dónde están los baches, etcétera.

Todo este conocimiento se debería, y ya se puede, alojar en la nube. Tener en una gran base de datos de servidores interconectados un mapeado láser de todas las calles de la ciudad, convenientemente actualizado, un buen plano GPS con todas las direcciones posibles, y una base de conocimiento sobre nuestras preferencias, destinos, horarios, tráfico, e incluso cadencia de semáforos permitirá al pod tener el saber necesario para que nosotros no tengamos que saber nada.

¿Es posible técnicamente almacenar esa base de conocimiento en la nube en la actualidad? Sí, sin duda. Pero aquí el gran problema no está en la tecnología, sino en la inversión que deberían realizar las autoridades locales no sólo para generar estos conocimientos sobre sus calles, sino también en mantenerlo todo actualizado de manera eficaz.

Ventajas en todos los planos

¿Qué ventajas ofrece un sistema de este tipo al ciudadano de a pie? No diré que infinitas, pero tan enormes que, si un sistema como este se introdujera en las ciudades mañana mismo y se probara fiable, la cantidad de público que lo pasaría a utilizar en un corto espacio de tiempo sería masiva.

Para empezar, las ventajas arrancan en lo económico. Se puede prescindir automáticamente del uso del vehículo personal para la movilidad urbana completamente. Por tanto, ya no se ha de gastar dinero en combustible, en seguro, en la adquisición de un automóvil para estos menesteres.

Dado que estos vehículos se usan de manera más eficiente (un pod es compartido por muchas personas a lo largo del día), el coste de hacer uso del mismo es menor. Y dado que su energía es de origen eléctrico, también resulta más económico para el bolsillo del usuario final transportarse en él.

Sí, el sistema sería más caro que un tradicional metro o autobús urbano, pero las ventajas es que estos pods ofrecen transporte puerta a puerta, y se puede viajar sólo, si uno así lo quiere, en un ambiente plácido y adaptado a nuestros gustos.

En el plano personal de la comodidad y del ahorro del tiempo, los pods ofrecen a sus clientes la ventaja de evitar los atascos y accidentes, ofreciendo siempre el transporte más rápido posible dentro de la ciudad entre dos puntos. Durante el transporte, el cliente puede dedicarse a lo que prefiera: desde descansar o dormir, hasta disfrutar de televisión, internet, música o vídeo juegos.

El cliente no tiene que preocuparse de aparcar al llegar a su destino, y si programa adecuadamente sus necesidades en la aplicación, tendrá un pod en la puerta de su casa o su trabajo justo cuando lo desee y requiera. Incluso podrá solicitar a su pod que, durante unos minutos, le espere en un punto determinado (con coste por ello devengado a su cuenta de usuario).

¿Y si el cliente se va de copas por la noche? No hay problema, pues puede solicitar un pod, y dado que este se conduce solo, no requiere de la atención del usuario para volver a casa sano y salvo.

Si cambiamos del plano personal al plano de ciudad, al de la comunidad, tenemos todavía más mejoras tangibles: Para empezar, se reducirían las emisiones locales de CO2, se reduciría el volumen de tráfico rodado en nuestras calles, desaparecería el problema de los aparcamientos, se reduciría el volumen de ruidos, también el de accidentes. Nuestras ciudades serían, por tanto, lugares más plácidos donde pasar nuestras vidas.

Y no sólo eso, ya que a nivel de país también habría considerables mejoras, con reducciones globales de emisiones de CO2 (aunque la electricidad se obtenga de nuestras centrales eléctricas, dado nuestro mix energético, es más eficiente el uso de vehículos eléctricos que el de coches a gasolina o diésel). Se reducirían las enfermedades derivadas de la emisión de partículas por parte de los tubos de escape de los vehículos diésel (mayoría en nuestras ciudades), y también se reduciría nuestra dependencia de países externos a los que le compramos petróleo.

El transporte de larga distancia

Si bien este artículo te plantea una propuesta de movilidad urbana sostenible basada en este tipo de dispositivos, una duda te quedará a nivel de usuario potencial: ¿Qué hago cuando tengo que viajar largas distancias?

Extrapolar los automatismos de conducción a vehículos capaces de conducir en cualquier carretera abierta es relativamente sencillo, aunque hay problemas asociados al tipo de energía empleado por estos vehículos y su autonomía.

Elon Musk quiere que el Model S se conduzca solo en unos tres o cinco años. Foto: AOL Autoblog.

Podríamos pensar que para largos trayectos bastaría con solicitar a la aplicación un pod para ese tipo de viaje, y que este hiciera la planificación de la ruta con los convenientes repostajes. Si el servicio de pods estuviera convenientemente articulado, estaría capacitado para ofrecer distintos tipos de pods, unos para uno o dos ocupantes, otros para cuatro o cinco, con más o menos maletero, con más o menos autonomía.

En todo caso, la lógica de esta visión personal es que primero veamos en un plazo medio este tipo de solución de pods-car sharing automatizado en las urbes, antes de verlo saltar más allá de las fronteras de la ciudad.

Seguridad

¿Pero es seguro un vehículo de este tipo? No hay ningún sistema infalible. Pero como en el caso de los aviones o los trenes, en un sistema tan automatizado y tan bien procesado como el propuesto, la probabilidad de un accidente sería mucho más baja que la actual con coches manuales.

Claro está que estaríamos a merced de la informática y la electrónica. Pero si todos los sistemas se diseñan con duplicidades y con cortafuegos, la probabilidad de ver un choque o un atropello sería tremendamente reducida. Decía Volvo hace algunos meses que esperan que en pocos años "la gente no pueda tener accidentes con sus coches", confiando todo a los sistemas de prevención de impactos. Y con estos mismos sistemas trabajando independientemente del resto de sistemas de interpretación del coche (para evitar fallos encadenados), una infraestructura de movilidad urbana sostenible de este tipo debería ser suficientemente fiable como para evitar cualquier tipo de incidencia.

Un botón de pánico en el vehículo para detenerlo de manera segura en cualquier momento siempre debería estar presente, por si las moscas.

El único factor impredecible es el ser humano

Pero el mayor peligro a nivel de seguridad para este tipo de transporte lo ponemos nosotros mismos. Un conductor manual es mucho más imprevisible que varios pods interconectados que trabajan en red unos con otros. Pasa lo mismo con peatones cruzando calles, o niños jugando con pelotas en la acera.

Para garantizar la seguridad de este tipo de infraestructura casi al 100% bastaría con eliminar la conducción manual de la ecuación en los nucleos urbanos, pero eso sabemos que es una quimera imposible, por lo que habrá que saber gestionar y entender al ser humano con algoritmos para evitar problemas.

La pérdida del poseer en favor del usar

Más allá de las dudas sobre la seguridad y los posibles prejuicios de los primeros usuarios y transeuntes, está otro tipo de problema mucho más irracional que debería afrontar nuestra sociedad.

¿Estamos listos para dejar de tener coches? Esta es una gran pregunta. Estamos en una sociedad donde "tener" nos define. La masa intenta diferenciarse a través de sus posesiones. Comprar un coche u otro, tener un móvil o una camisa distinta al del vecino es una manera de reclamar una forma de pensar, una forma de vivir, o una manera de demostrar estatus económico.

El coche se ha convertido en una herramienta para proyectar la imagen que queremos de nosotros mismos en la sociedad actual. Foto: AOL Autoblog.

Desde el punto de vista ético esto resulta triste, la verdad. Pero no estoy aquí para hablar u opinar de eso ahora mismo.

Pero la realidad de próximas generaciones es bien distinta. A los jóvenes les interesa cada día menos el mundo del automóvil. En un estudio presentado por los fabricantes nipones hará un año y medio nos explicaban cómo en Tokio tener coche es una prioridad que cada día está más abajo en la lista de sus jóvenes, que prefieren gastar su dinero en gadgets electrónicos, ropa u otros aspectos de su vida moderna.

Transportarse y moverse para ellos es algo que es una mera necesidad, y no hacen de ello una forma de reclamar su libertad.

Los fabricantes nipones estaban preocupados por ello, pero es que realmente, con megaurbes que siguen creciendo e invenciones como la que te estamos comentando aquí, parece que el futuro del automóvil, tal y como lo conocemos en la actualidad, está condenado.

Obviamente, habrá quien tenga en propiedad su propio automóvil de transporte automatizado, pero este privilegio quedará para la gente que pueda y quiera permitírselo en lo económico, y, obviamente, para todos aquellos que, viviendo lejos de las grandes urbes, no tengan otra alternativa para la movilidad personal. Al margen de estos casos, y de los clásicos que podamos guardar en nuestros garajes, la gran masa de ciudadanos de metrópolis dirán adiós gustosos al gasto de propiedad de un automóvil que para ellos es una mera herramienta.

Problemáticas para los fabricantes de coches

Si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad capitalista y del consumo es que las industrias se diseñan, gestionan y desarrollan para ganar dinero, en base a vender más y más, en una carrera infinita del crecimiento que, a la fuerza, acaba teniendo momentos de enormes rupturas y divergencias.

Si un proyecto de movilidad urbana como este fuera satisfactorio en una gran ciudad, poco tiempo tardaría en ser copiado a otras grandes urbes, y entonces empezaríamos a ver un gran problema para los fabricantes de automóviles.

Si bien es verdad que la fabricación de estos pods podría correr a cargo de fabricantes actuales de automóviles, no menos cierto es que no es igual de rentable fabricar "electrodomésticos automáticos de transporte" que vehículos premium de alta rentabilidad.

La gestión de estos pods caería en unas pocas empresas locales, con licencias municipales, que adquirirían estos vehículos a un fabricante concreto. Se necesitarían menos vehículos en una ciudad para satisfacer las demandas de movilidad, lo que reduciría tanto el parque móvil como las ventas anuales de vehículos.

Y sí, se perderían puestos de trabajo en las factorías automovilísticas. No sólo eso: los taxis y sus taxistas perderían su sentido al completo. Pero también se generarían nuevos puestos de trabajo en otros campos.

El año que viene, en Milton Keynes empiezan con una experiencia piloto de pods automatizados. Foto: AOL Autoblog.

Con una industria de este tipo, y con una conciencia de menores emisiones de CO2 y gasto de recursos, lo lógico es que la producción de estos vehículos esté deslocalizada, y centrada en los mismos núcleos urbanos que hacen uso de estos vehículos. Se generarían puestos de trabajo tanto directos como indirectos para reparar, mantener y gestionar tanto los pods como las redes informáticas y del conocimiento que los soportan.

Pero esa gran reconversión industrial tendría un impacto enorme en la industria del automóvil. Y como siempre, en esta época de cambios radicales y rápidos, la tecnología y el invento llegarán de golpe, casi sin avisar, y pillarán con el paso cambiado a los fabricantes, que sufrirán intentando adaptarse a la nueva realidad "a la velocidad que pueden", que siempre será más lenta que lo que la realidad les pide.

Si Internet ha supuesto un cambio radical en aspectos como la información o las compras de ciertos bienes, esta revolución de la movilidad sostenible también tendrá sus víctimas, y esas serán nuestras queridas marcas de coches, sin duda.

Problemáticas para las instituciones

Y no son las marcas de coches las únicas que estarán en el ojo del huracán. Modificar nuestra forma de movernos por la ciudad y entre las ciudades también impondrá una radical modificación para la estructura de ingresos de los gobiernos.

La desaparición de la venta de coches particulares en las urbes, la desaparición de la necesidad de los aparcamientos de pago, la desaparición de impuestos de circulación, de multas de tráfico, la reducción drástica de jóvenes interesados en sacarse el carnet de conducir. Todo esto obligará al ente gubernamental a reinventarse.

Además, si las ciudades quieren respetar y defender los intereses de sus ciudadanos, deberán invertir para que esta realidad de movilidad urbana sea posible. E invertir en ello implica invertir con fe ciega en una realidad que llegará, más pronto que tarde, en base a infraestructuras de recarga, generación de conocimiento, inversión y ayudas al I+D en este campo (aunque el mayo esfuerzo tiene que arrancar de manos privadas), y también invertir y desarrollar normativas legales que amparen el uso de vehículos automatizados y diriman responsabilidades en caso de accidentes.

Si las instituciones saben acoplarse y ver la oportunidad que se les presenta, algunas ciudades podrían reinventarse a si mismas y saltar al futuro antes que otras, atrayendo turismo, nuevos ciudadanos, nuevas empresas, con la promesa de una mejor calidad de vida.

Un desafío tecnológico necesario

¿Necesitamos este salto tecnológico? Esta es una buena pregunta. El ritmo de vida que llevamos actualmente es insostenible, porque no somos eficientes. Eficiencia es la palabra que moverá montañas en nuestro futuro más inmediato.

Y es más eficiente usar un sistema de transporte basado en cápsulas automatizadas e inteligentes que el tener un coche parado en el garaje 23:30 horas al día, generando costes fijos y contaminando la atmósfera.

Necesitamos además que esta revolución tecnológica, que va a suceder queramos o no, suceda en nuestro entorno y no lejos de aquí. Como en todo cambio drástico de nuestro futuro, aquellos países que inviertan primero en la tecnología tendrán más posibilidades de explotarla al máximo, hacerla suya, y cambiar la forma de vida de sus habitantes para bien.

La firma china Qoros ya está pensando en un concepto muy similar a este con su Auto Silk Road System. Foto: AOL Autoblog.

Si nos quedamos rezagados, si nos perdemos en procesos normativos manipulados por los intereses de los partidos políticos, de los países que controlan la Unión Europea e intentarán defender los intereses de las industrias locales de las cuales son accionistas, perderemos la oportunidad de cambiar nuestras vidas a mejor.

El problema para con las instituciones es que, como bien sabes, los políticos están acostumbrados al cortoplacismo marcado por sus propios mandatos. Gobiernan ofreciendo "premios" a los ciudadanos que ellos mismos puedan apuntarse para sí. Que un gobernante sea capaz de comenzar a invertir en un proyecto a un plazo de 20 años es una quimera, pues dentro de dos décadas él ya no podrá apuntarse el premio de haber cambiado el mundo.

Cambios en muchos otros planos de la vida cotidiana

Porque las ventajas no acaban donde ha alcanzado mi imaginación. Cada gran salto en innovación apareja oportunidades que jamás habrías podido pensar antes. Internet es un buen ejemplo de cómo una herramienta destinada a cumplir una función acaba afectando a planos de la vida cotidiana que nada tienen que ver.

Rinspeed también presentó una propuesta similar a este concepto de movilidad en el pasado Salón de Ginebra. Foto: AOL Autoblog.

Liberarnos de los costes del automóvil personal, liberarnos de tener un coste elevado y unos tiempos perdidos en nuestra movilidad urbana, pueden reportar cambios en nuestra sociedad que no alcanzamos ni tan siquiera a imaginar ahora mismo, pues todos estos cambios también afectarán a aspectos como la fisonomía de nuestras ciudades y futuras necesidades urbanísticas.

¿Y qué quedará para los amantes de los coches?

Y sí, todo esto te lo escribe una persona que pertenece a ese 0,1% de locos del volante que todavía gusta de coger el coche "por el simple placer de conducir". Que hace rutas "del punto A al punto A" sólo para disfrutar de la conducción por un puerto de montaña, para ver amanecer por encima de las montañas mientras engrano marchas.

¿Está condenado a desaparecer este tipo de especímen entonces? No lo creo.

Como tantas otras facetas superadas, el automovilismo subsistirá. Y es que no hemos dejado de montar en caballo porque existan motos y coches, solo que ahora sólo lo hacen los que tienen auténtica pasión por ello.

Pasará algo similar con los coches manuales. Quedarán por los aficionados, aunque serán las instituciones gubernamentales las que nos coartarán diciéndonos dónde, cuándo y cómo podemos usarlos. Puede que todo quede reducido a un uso en circuito, o en cierto tipo de carreteras de segundo o tercer orden.

Tal vez la única manera de conducir en el futuro sea en los videojuegos. Foto: AOL Autoblog.

Puede que conducir se quede, para la gran mayoría, como un entretenimiento de vídeoconsola, de la misma manera que algunos juegan a matar en el Call of Duty, otros jugarán a eso de conducir, una actividad de la que están tan lejos como la de matar.

Puedes negar mi visión, puedes pensar que estoy loco. Pero será mejor que, como apasionado al mundo de las cuatro ruedas, poco a poco asumas que esto es lo que viene para las próximas generaciones. No sé si para dentro de 10, o para dentro de 30 años, pero acabará sucediendo.

Y sí, será un gran paso para todos o para casi todos. Sólo espero y deseo que podamos formar parte de este cambio revolucionario, formando parte de la vanguardia tecnológica, y asegurándonos que esta nueva manera de entender la movilidad urbana favorece a todos y está pensada para todos, no para favorecer el bolsillo de algún político o contratista ventajista que se coloque en el momento y en el lugar adecuado.

Artículo originalmente publicado en Autoblog.

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