BLOGS
06/02/2019 14:38 CET | Actualizado 06/02/2019 16:05 CET

A la derecha le va la marcha

El problema real es que, para los convocantes, no hay grises: en su caso todo es negro.

GETTY
Albert Rivera, Ines Arrimadas, Cristina Cifuentes, Dolors Montserrat y Andrea Levy, en una marcha contra la independencia de Cataluña.

Se le atribuye a Manuel Fraga Iribarne, fundador de AP, la frase "La calle es mía". Quedan pocas dudas de que es una de las enseñanzas que ha aplicado con mayor entusiasmo el Partido Popular en su historia, casi hasta el punto de convertirla en parte consustancial de su ADN.

No hay legislatura socialista, sea con Felipe González, con Zapatero o con Sánchez, que los conservadores no hayan pisado el asfalto, pancarta (y bandera española) en mano y voz estridente: para clamar contra el aborto, contra las "cesiones a ETA", en favor de la familia, contra el matrimonio homosexual... Han sido tantas a lo largo de los últimos años que uno se pregunta si no sería más sencillo englobarlas bajo la causa común de manifestarse contra el Gobierno socialista. Así, en general.

No hay legislatura socialista, sea con Felipe González, con Zapatero o con Sánchez, que los conservadores no hayan pisado el asfalto

La "gran marcha" de este domingo ha sido convocada tanto por PP como por Ciudadanos, con el apoyo expreso de Vox. Coincidencia en el fondo, pero no en las formas: nos llevamos muy bien, pero que no se note que vamos de la mano. Primero ha sido Albert Rivera el que ha planteado llenar el centro de Madrid y, luego, Pablo Casado. Se trata de una lucha común, con Pedro Sánchez como único damnificado, pero en bandos separados. Una constatación más de la fractura no ideológica, sino formal, en la que está inmersa la derecha española.

La tendencia natural de los partidos de derecha a tomar las calles es legítima y, en muchas ocasiones, normal. Pero las causas que defienden (o contra las que protestan) merecen, como poco, una mínima reflexión. ¿Realmente Pedro Sánchez está vendiendo España porque intente hablar con los independentistas? ¿De verdad la única solución para resolver un problema tan profundo e histórico como la independencia de Cataluña se solventa con la aplicación, única y exclusivamente, del artículo 155? ¿Cuánto hay de verdad en que el único fin de Pedro Sánchez pasa por aprobar los Presupuestos con el apoyo de los independentistas y, para lograrlo, está dispuesto a aprobar las 21 reclamaciones que le planteó Torra en diciembre?

El Gobierno de Zapatero acabó con ETA, pese a todo y a casi todos. Ojalá Pedro Sánchez acabe, mitigue o desactive el problema catalán

El problema real es que, para los convocantes, no hay grises: en su caso todo es negro. Hasta el punto de que, como ha defendido Pablo Casado al anunciar la marcha, Pedro Sánchez "ha aceptado" esos 21 puntos presentados por Torra. Está mintiendo y lo sabe.

Es inevitable encontrar similitudes entre el problema catalán y el vasco. El fin de ETA conllevó cesiones y, ahí está la hemeroteca, los ataques más duros contra un presidente del Gobierno de toda la historia de la democracia española. Zapatero siempre tuvo claro que la mano dura es muchísimo menos eficaz que la negociación. Del mismo modo, Pedro Sánchez es más partidario de las mesas de diálogo —con un relator, facilitador o el eufemismo que se quiera utilizar— que del 155 y tentetieso.

El Gobierno de Zapatero acabó con ETA, pese a todo y pese a casi todos. Ojalá Pedro Sánchez acabe, mitigue o desactive el problema catalán. Le cueste lo que le cueste. Dialogando, como se hace en los Estados democráticos.

ESPACIO ECO