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04/04/2018 18:56 CEST | Actualizado 04/04/2018 20:41 CEST

Cifuentes suspende el examen

EFE

Tan amiga de utilizar las redes sociales, de pisar los platós de televisión y de manejar con maestría la comunicación, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha permanecido 14 días escondida en la sede de la Puerta del Sol. La Comunidad de Madrid como parapeto donde resguardarse ante el bombardeo de las noticias en las que se cuestionaba la obtención de un máster en la Universidad Rey Juan Carlos.

Cristina Cifuentes tenía mucho que ganar y también mucho que perder en su comparecencia de este miércoles. Que la balanza se inclinase hacia un lado o hacia otra dependía de ella. Sólo de ella. Y lo ha perdido todo. Lo tenía bien fácil: bastaba con presentar el Trabajo de Fin de Máster.

No era necesario nada más.

En vez de cerrar una polémica, Cifuentes ha sembrado más dudas

La presidenta de la Comunidad de Madrid no ha explicado cómo pudo matricularse en el máster tres meses después de que se cerrase el plazo, o cómo es posible que nadie de los que sí hicieron el master la conociera. O cómo se explica que no haya hecho una sola mención al acta con dos firmas falsificadas. "Algo no funciona bien en nuestro sistema", se ha quejado Cifuentes. Y tanto.

Cifuentes se ha limitado a sacar una retahíla de documentos —de los que, visto lo visto, habrá que analizar su veracidad— que no demuestran nada y sí alargan aún más la sombra de la duda sobre el dichoso máster. "La característica de la verdad es que no necesita otra prueba que la verdad", escribió el filósofo británico Jeremy Bentham.

En vez de cerrar una polémica, Cifuentes ha sembrado más dudas al utilizar argumentos que, de tan manidos, ya no son creíbles. Por ejemplo exponer la vieja excusa de que todo se trata de campaña en su contra ("es una operación de descrédito contra mi persona para ganar en los medios y en las redes lo que no han logrado ganar en las urnas"). O, rizando el rizo, de que su comparecencia se ha producido en "claro fraude parlamentario de ley". Nada menos

El máster, asegura Cifuentes, es "real" y "legal". Pero todo lo que se ha sabido hasta ahora de su título es aparentemente tan irreal, tan poco legal, huele tan mal, que las sospechas se convierten en certezas por la debilidad de su defensa. Ante las pruebas presentadas, no es ni verosímil ni acertado ni decente replicar con un discurso victimista y una ristra de documentos que no cierran ninguna sospecha. Máxime cuando el documento que daría la polémica por zanjada, el Trabajo de Fin de Máster, ni está ni, a estas alturas, se le espera.

Porque del TFM Cifuentes no ha presentado nada; ni el trabajo en sí, ni los archivos personales de los que tuviera copia, ni siquiera los mensajes que se pudiera haber intercambiado con la directora por las correcciones. No hay nada. O sí: un argumento que da tan surrealista provoca sonrojo. Asegura la popular que en los últimos años ha tenido que hacer varias mudanzas y el Trabajo de Fin de Máster debe estar en una de las cajas de los traslados. "No descarto que el trabajo esté [por casa] pero no lo he encontrado. Lo he buscado pero tampoco sé si lo he guardado". No descarto, pero, tampoco sé...

Cristina Cifuentes, adalid de la transparencia y del buen Gobierno, ha perdido todas sus oportunidades. A falta de una respuesta verosímil, lo único que le queda por hacer, si es que tiene un mínimo de decencia, es dar un paso atrás.

Porque el examen final lo ha suspendido.

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