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21/07/2018 21:53 CEST | Actualizado 22/07/2018 20:57 CEST

No es renovación, es regresión

CARLOS PINA

Lo más inquietante del triunfo de Pablo Casado en las primarias del PP es que su victoria preocupa más a Santiago Abascal que a Albert Rivera. A VOX que a Ciudadanos. Entre los dos caladeros donde los populares han 'pescado' votos de forma tradicional —la derecha y el centro—, la formación se ha escorado de forma clara y sin ambages hacia la derecha.

El discurso en el que Casado ha hecho valer su candidatura habrá regocijado a José María Aznar, lo que ya ejemplifica la deriva del partido hacia la derecha más ortodoxa: mano dura en Cataluña ("Quiero recuperar Cataluña, esa Tabarnia hipotética va a ser una Tabarnia de verdad"), mano menos dura hacia la corrupción ("Somos un partido honesto. Aquí no cabe ni un sólo corrupto") y unas políticas sociales centradas en ir a la contra: contra el aborto, contra las leyes de género y contra la eutanasia.

El discurso de Casado habrá regocijado a Aznar, lo que ya ejemplifica la deriva del partido hacia la derecha más ortodoxa

Menos sorprendente resulta que el nuevo presidente del PP desprecie a las víctimas de la Guerra Civil al mismo tiempo que, con toda lógica, abraza, presume y cuida de las del terrorismo de ETA. No en vano, Casado es el autor de esta célebre frase: "Yo estoy convencido de que la inmensa mayoría de jóvenes son del PP pero aún no lo saben. ¡Si es que en pleno siglo XXI no puede estar de moda ser de izquierdas, pero si son unos carcas! Están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no sé quién, con la memoria histórica".

Los compromisarios no han dudado en respaldar a Casado y, como consecuencia, en enmendar de forma indirecta a todo el Gobierno de Mariano Rajoy, a quien el nuevo presidente popular ha lanzado tantos piropos que, por la cantidad y la pomposidad, pierden cualquier atisbo de credibilidad. A Dios rogando y con el mazo dando: habla de renovación del partido al tiempo que presume del legado dejado por dirigentes como Aznar, Rajoy... e Incluso Adolfo Suárez. El populismo también es de derechas.

PIERRE-PHILIPPE MARCOU via Getty Images

Las propuestas de Casado huelen a rancio. Tanto que, si su discurso se hubiera escuchado en las Cortes de 1930, no habría desentonado. Al fin y al cabo es de lo que se trata: enarbolar la bandera de España, recuperar las esencias —la colonia Brumel, el puro en la boca y los zapatos encima de la mesa—, regresar al orden y, sobre todo, que la derecha deje de avergonzarse por ser de derechas. Es lamentable, pero sigue causando cierto escalofrío escuchar cómo se concluye un discurso con un resonante "¡Viva España!". No es su culpa, por supuesto, pero sí del dictador de voz atiplada al que el propio Casado se niega a sacar del Valle de Los Caídos: "Yo no gastaría ni un euro en desenterrar a Franco. No hay que mirar a lo que pasó hace 100 años", defendió en plena campaña.

El reto que tiene ante sí este palentino de 37 años es ingente: el PP es un partido fracturado, lleno de heridas y damnificados, sin un rumbo claro (los compromisarios han votado en dirección contraria a la de los militantes) y todavía dolorido por la abrupta salida del Gobierno. Es un partido desunido, que va a necesitar metros y metros de hilo si quiere coser las heridas por las que se desangra. Es, además, una formación anegada por la corrupción a la que le esperan multitud de juicios en los próximos meses por las innumerables fechorías llevadas a cabo durante las últimas décadas. Lo peor aún está por llegar.

Casado va a necesitar metros y metros de hilo si quiere coser las heridas por las que se desangra el PP

Por eso, la lógica política apunta a que escorarse hacia la derecha, como acaba de hacer el PP, es la peor de la soluciones si se aspira a seguir siendo un partido con pretensiones de volver a gobernar España. Al igual que Fraga presumía de que la calle era suya, ahora la derecha es del PP. Un espacio amplio, pero insuficiente, para ganar unas elecciones generales.

En vez de renovación, el PP propone regresión. Renovarse no es tener un líder de 37 años (la misma edad con la que Aznar asumió las riendas del PP) y menos aún citar a Antonio Machado al concluir un discurso, cogiendo además la parte más conveniente del verso. "Ni está el mañana —ni el ayer— escrito", ha recitado Casado, olvidando el arranque: "Ni el pasado ha muerto".

Pablo Casado es presidente del PP y Albert Rivera y Pedro Sánchez se frotan las manos: el centro es suyo. A priori nada puede salir mal.

Segundo día del Congreso del PP

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