Debate sobre el estado de la nación: Rajoy, el triunfalista

Debate sobre el estado de la nación: Rajoy, el triunfalista

Mariano Rajoy siempre ha presumido de que es un hombre previsible. No importa de qué hable, dónde esté o con quién se encuentre, su actuación ofrece invariablemente pocas sorpresas. Si es que alguna vez las aporta.

El debate sobre el estado de la nación de 2014 no ha sido, como era previsible, una excepción. Pese a mencionar hasta en dos ocasiones que la situación económica por la que atraviesa España no invita ni “al triunfalismo ni la autocomplacencia”, Rajoy ha dedicado el grueso de intervención, de una hora y 26 minutos, a caer en el triunfalismo y la autocomplacencia hasta el punto de asegurar ante un país con un tasa de paro del 26,03% según la última EPA que este mismo año habrá creación neta de empleo.

Desde el primer minuto —los primeros segundos los ha dedicado a recordar al soldado español muerto al sur del Líbano este fin de semana— el líder del Ejecutivo se ha dedicado a comparar lo peor del pasado con lo mejor del presente. Con el presente de Rajoy.

El líder del Ejecutivo ha partido de un pasado oscuro, repleto de cifras en rojo, a un 2014 en el que estallan los primeros datos en negro o en rojo menos intenso. Colores suficientes como para que Rajoy haya certificado un viraje sin vuelta atrás: “Ha variado nada menos que el rumbo, señorías: hemos invertido la dirección de nuestra marcha; hemos pasado del retroceso al avance, de la caída a la recuperación, de la amenaza a la esperanza. Por resumirlo todo en una imagen, si me lo permiten, hemos atravesado con éxito el cabo de Hornos”.

EL MINUTO A MINUTO DEL DEBATE

Pero más que por lo dicho, el discurso de Rajoy ha destacado por lo que no se ha mencionado. Cuestiones tan relevantes como la sanidad o la educación las ha despachado con un lacónico "de los que nos podemos sentir orgullosos".

Y al aborto ha dedicado exactamente cero palabras, pese a que la reforma de la ley propuesta por el ministro Gallardón es la herida por la que el Ejecutivo está perdiendo votos y ganando críticas internas y externas.

De Ceuta y el conflicto de la inmigración apenas una frase: "Los recientes acontecimientos de Ceuta y Melilla ponen de actualidad un dramático problema que la Europa comunitaria todavía no ha acertado a resolver". De ETA y los últimos 'gestos' de la banda terrorista ni una palabra. De la violencia machista, nada. De los desahucios, nada. De la creciente desigualdad social, nada. De la también creciente pobreza, nada.

CIFRAS, CIFRAS Y CIFRAS

Más que de palabras, la mayor parte del discurso de Rajoy ha estado compuesto de datos. Y todos, como era previsible, utilizados para argumentar esa consolidación de la recuperación, esa mágica evolución española que viene de representar “un lastre para Europa” a convertirse en “parte del motor, como un engranaje importante, cargado de energía potencial”. Palabras esperanzadoras que ha estimulado los aplausos en la bancada popular: a lo largo de su intervención Rajoy ha sido interrumpido más de 30 veces por los aplausos de sus diputados.

En todo momento Rajoy se ha jactado de la tarea realizada en los más de dos años que lleva presidiendo el Gobierno de España. “Antes sabíamos que las medidas aplicadas eran las más razonables, ahora sabemos que eran las más acertadas”, ha señalado para aclarar que, pese a todo, la máquina reformista no ha parado de funcionar. Habrá más, ha advertido.

La casi hora y media en la que ha permanecido en el estrado apenas ha dado para la presentación de una propuesta novedosa: la rebaja en las cotizaciones a la Seguridad Social de las empresas. “Con efectos del día de hoy, a partir de este momento en que les hablo, la contratación indefinida de nuevos trabajadores tendrá una tarifa plana de cotización a la Seguridad Social de 100 euros”.

La medida permitirá “a cualquier empresa”, independientemente de su tamaño, “cotizar a la Seguridad Social por contingencias comunes 100 euros al mes, ni uno más, durante los primeros 24 meses. Siempre que suponga un aumento de plantilla”, ha anunciado.

CATALUÑA: TODOS UNIDOS

Economía, economía y economía. Un discurso dominado por los datos y las cifras en las que, como ya se había avanzado, apenas han tenido protagonismo otras cuestiones. Sobre Cataluña, uno de los mayores desafíos políticos a los que se enfrenta España, Rajoy se ha mostrado… previsible. “Nadie unilateralmente puede privar al conjunto del pueblo español de su derecho a decidir sobre su futuro. Ni el Gobierno, ni ningún otro poder del Estado, ni siquiera esta cámara puede hacerlo”, ha dicho tras reconocer que las pulsiones independentistas lideradas por el Gobierno de Artur Mas le preocupan “y mucho”.

Rajoy, que quizá nunca hasta ahora había derrochado tantas dosis de pedagogía, ha abierto la puerta a una reforma constitucional para reflejar la nueva realidad que demanda Cataluña. Pero con matizaciones: “Todos cuantos pretendan su modificación pueden plantearla, pero siguiendo los pasos y las reglas que la propia Constitución establece; eso es el Estado de Derecho”, ha comentado al tiempo que ha mostrado su predisposición al diálogo.

Diálogo pese a que, en los últimos meses, Rajoy ha reconocido que no ha levantado ni una sola vez el teléfono para hablar con Mas. Ni lo ha hecho ni lo piensa hacer.

Pese a ese guiño aperturista, el líder del Ejecutivo ha vuelto a realizar una defensa cerrada de la unidad de España recurriendo a la historia compartida, “en las fortunas” y en las “calamidades” mezclando “nuestras sangres y cruzando nuestras familias”. A juicio de Rajoy, a España le “conviene” permanecer unidad porque “juntos estamos mejor”. “No es la prosperidad lo que los une, sino al revés: es la unidad lo que los hace prósperos”, ha subrayado.

"Por eso consideramos la unidad como un valor superior. No porque esté en la Constitución. La incluimos en la Constitución porque la consideramos un valor superior que refrenda una tradición, una memoria y un patrimonio comunes. Y, además, porque nos conviene, porque juntos estamos mejor. No es, señorías, que los países más adelantados opten por la unidad, sino que la unidad hace que los países adelanten. No es la prosperidad lo que los une, sino al revés: es la unidad lo que los hace prósperos".

¿Y BÁRCENAS?

Rajoy ha sido tan previsible en su discurso que el apellido Bárcenas no lo ha mencionado ni una sola vez en el hemiciclo. El caso del extesorero ha quedado ‘empaquetado’ en la exposición de las reformas de la corrupción y, una vez más, en la autoindulgencia al asegurar que ya ha cumplido con el compromiso presentado el año pasado “en materia de transparencia y regeneración”. “Yo ya he cumplido. Con esta Cámara. Con todos Ustedes".

Pese a esas palmada en su propia espalda, ha ofrecido a los grupos parlamentarios de la oposición pactar nuevas medidas para mejorar la lucha contra la corrupción, como la creación del nuevo tipo penal del delito de financiación ilegal de partidos políticos. Igualmente, ha calificado de "imprescindible" reformar la legislación procesal porque es necesaria "más agilidad y eficacia" en la actuación de los tribunales de Justicia. "La Justicia llega a todos por igual. Pero es necesario que lo haga a tiempo, para que no sea, como ya dije el año pasado, ni una condena anticipada ni una forma de impunidad", ha apostillado.

Todo para intentar que cada día "sea más difícil corromper", que "cueste más hacerlo" y que "si se hace, se averigüe pronto". "Y si se averigua, que cueste tan caro como para castigar al culpable con la dureza necesaria para desanimar a quien pretenda imitarle".

Rajoy ha presumido de ser el presidente que ha instaurado la "transparencia" en España pese a ser el líder de un partido azotado por la corrupción. Un pincelada más de entusiasmo y triunfalismo en una realidad que, más que la de los cinco millones de parados, se parece al mundo de Yupi.

Discurso de Mariano Rajoy Debate del Estado de la Nación 2014 by ElHuffPost