Rosetta: la primera vez que pisamos un cometa

Rosetta: la primera vez que pisamos un cometa

AEE

Hoy, 12 de noviembre, hemos hecho historia. La Agencia Espacial Europea, ha completado una tarea que hasta ahora solo se había visto en películas de ciencia ficción como Armaggedon: hemos pisado un cometa por primera vez. Y no ha sido una tarea fácil, hemos tardado 10 años en llegar y muchos meses en prepararnos para la fase final. Mientras tanto, Rosetta, la sonda protagonista de esta historia, nos ha enviado toneladas de información para analizar.

Pero ahora es cuando continúa el trabajo. Con Philae, el módulo de aterrizaje, ya situado sobre el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, los análisis no han hecho más que empezar. Y es que por primera vez podemos tocar, literalmente, un cuerpo celeste de este tipo. Y por tanto podemos investigarlo de una manera nunca vista hasta la fecha. ¿A qué viene tanto esfuerzo por nuestra parte? ¿Qué sacamos, la humanidad, con todo esto?

La máquina del tiempo

Los cometas del sistema solar como éste son fósiles que llevan literalmente millones de años sin cambiar. El 67P/Churyumov-Gerasimenko, por ejemplo se formó hace 4600 millones de años, antes incluso que la Tierra. Precisamente por eso queremos verlo de cerca. Queremos entender mejor cómo apareció nuestro planeta y qué ocurrió para que se diesen de repente las condiciones necesarias que un día originaron la vida tal y como la conocemos. Es como mirar en una máquina del tiempo, una de verdad.

Poder analizar un pedazo de roca tan viejo como este es importantísimo, ya que en lugares como el planeta Tierra la dinámica geológica (y ecológica) modifican muchísimo todo lo que podemos estudiar. Pero esto no ha ocurrido en el cometa, que podemos considerar que sigue casi igual que cuando se formó. Una experiencia increíble tanto a nivel científico como humano. Un paso más allá en nuestra conquista del espacio que nos ayudará a responder muchas de las preguntas que tenemos sobre nuestro hogar.

Dos laboratorios en el espacio

La de Rosetta es una misión que comenzó hace más de 10 años. Aunque la sonda fue lanzada en 2004, la misión lleva mucho más preparándose. Y durante todo este tiempo no ha estado simplemente viajando. Durante su paseo espacial, Rosetta ha aprovechado para espiar varios cometas, analizar una cantidad impresionante de información y confirmar muchas de las cosas sobre las que teorizábamos.

Mientras Philae se queda quieto en la superficie del 67P/Churyumov-Gerasimenko, Rosetta ha vuelto a orbitar tranquilamente, danzando, alrededor del cometa. Desde allí obtendrá nuevas fotos, analizará el polvo o la energía, en forma de radiación, emitida por el astro. En la superficie, sin embargo, Philae escarbará y realizará varias pruebas químicas y físicas para saber mejor de qué está hecho.

Para ello, tanto el módulo de aterrizaje, que tiene el tamaño de una lavadora, como la sonda Rosetta portan algunas de las herramientas más sofisticadas de análisis científico jamás colocadas en una nave. Ambos dispositivos son auténticos laboratorios automatizados capaces de desvelar los secretos que este cometa guarda en su interior. Una información que esperamos con muchas ganas mientras miramos con ansias hacia las estrellas.

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