Falcon 9, la nueva promesa del transporte espacial

Falcon 9, la nueva promesa del transporte espacial

SPACE X

Brillante es el futuro de la era espacial. Así lo vaticinan algunos de los inventos y tecnologías más interesantes de la actualidad tiempo. Como el Falcon 9, una maravilla única en la cosmonáutica moderna que salió al espacio el pasado miércoles 11 de febrero.

Con sus 54 metros de altura, el increíble Falcon 9 es el orgullo de Space X, la famosa empresa de transporte aeroespacial de Elon Musk. Y no sólo para la multimillonaria compañía. Debería serlo para toda la humanidad, a pesar de sus espectaculares fallos a la hora de aterrizar. ¿Pero es el Falcon 9 un cohete más? Ni mucho menos, esta pieza maestra de la aeronáutica es la nueva promesa para las agencias espaciales. No es sólo por el propio Falcon 9 sino por los proyectos en los que se implica, algunos de los más ambiciosos nunca puestos sobre la mesa de la carrera espacial.

Hace poco se conoc´ddel éxito de la misión DSCOVR. Sin embargo, en Space X no se permitieron encender el puro de congratulación. Esto se debe al nuevo fracaso del cohete en la fase de aterrizaje, la cual resultó, otra vez, catastrófica. Y todo por culpa del temporal que estuvo poniendo la operación en peligro desde la primera ventana de lanzamiento. Efectivamente, la misión tuvo que ser retrasada varias veces hasta poder terminarla con un final casi del todo feliz. Casi del todo porque el Falcon quedó hecho trizas a solo 10 metros de diferencia con respecto a la plataforma de aterrizaje.

LA IMPORTANCIA DE UN COHETE

El Falcon no es el primer cohete pesado, ni tampoco es el primero reutilizable. Pero sí pretende ser el primero capaz de volver a la tierra y aterrizar de forma satisfactoria por sí mismo. Hasta ahora ningún cohete ha regresado por su cuenta y aterrizado para ser por completo recuperado. Y decimos hasta ahora porque si no fuera por esos últimos instantes, el Falcon 9 hubiese sido todo un éxito. A falta de algunos ajustes, el cohete pesado casi hace lo que tiene que hacer, que consiste en lanzar la carga que se quiera y volver prácticamente intacto a la tierra. Esto, como imaginaréis, sería un auténtico hito en la carrera espacial que nos permitiría ahorrar muchísimo dinero en recursos además de mejorar infinitamente el transporte espacial.

A pesar de haberse estrellado ya dos veces, justo en el momento final del aterrizaje, el Falcon 9 ha batido ya algunos récords. Cómo el de ser el primer cohete completamente privado implicado en el transporte a la Estación Espacial Internacional. En la última misión, la DSCOVR, el Falcon 9 consiguió lanzar a este satélite a su posición actual, desde donde alertará de posibles y peligrosas tormentas solares. Estos eventos naturales siguen siendo fuente de inquietud en el mundo de las telecomunicaciones y todavía no son del todo entendidas por parte de la comunidad científica. Con el reconvertido satélite, pues su objetivo primitivo era luchar contra el cambio climático con otra serie de mediciones, y gracias a la ayuda del Falcon 9, se podrá comprender un poco mejor estas tormentas de radiación para así poder prevenirlas y combatirlas mejor.

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Trayectoria de los primeros segundos del lanzamiento. Fuente: SpaceX.

Pero el Falcon 9, además, es una pieza fundamental en el lanzamiento del módulo de transporte Dragon, también de SpaceX. Este módulo ha finalizado satisfactoriamente varios transportes de equipo y suministros para la ISS. Al fin y al cabo, el Falcon 9 está especialmente diseñado para poder llevar al módulo hasta la órbita de la estación o más allá. Falcon 9 es, sin duda, una de las mayores apuestas de la cosmonáutica actual, capaz de asentar las bases de los lanzamientos aerospaciales en un futuro inmediato.

ASÍ ES EL FALCON 9

¿Y cómo es este gigante? El Falcon 9 mide, sin la cápsula de cabeza, unos 54 metros de altura, llegando a los 68 y medio con el módulo Dragon dispuesto en su copa, y casi cuatro metros de diámetro. Un autobús escolar cabe por completo solo en la cápsula. El Falcon es un cohete pesado de dos etapas. Esto quiere decir que se descompone en dos piezas, además del módulo o satélite que está lanzando al espacio. La primera etapa cuenta con nueve motores Merlin capaces de levantar los más de quinientos mil kilos, más la carga, hasta alcanzar el empuje necesario que provocará que la segunda etapa se suelte. Una vez separada, la primera etapa caerá de nuevo a tierra mientras la segunda, con su único motor Merlin, empujará la carga hasta colocarla en dirección a la órbita adecuada. Tras esto, el módulo o satélite se separará, abriéndose la cápsula de la cabeza del cohete, y la segunda etapa caerá también a tierra.

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Barcaza con la plataforma de aterrizaje para el Falcon 9. Fuente: SpaceX.

El Falcon 9 está propulsado por oxígeno líquido y queroseno para cohetes tipo RP-1, una mezcla bastante común en este tipo de lanzamientos, y su estructura está compuesta principalmente de una dura aleación de aluminio y litio con una etapa intermedia, para proteger a la segunda etapa, de fibra de carbono. Una de las parte más curiosas e interesantes del Falcon 9 es precisamente su compendio de patas de aterrizaje, diseñadas para absorber el golpe durante el aterrizaje y suavizar así la llegada a tierra. Esto, por supuesto, no sería posible sin sus propulsores, que lo dirigen para caer con el ángulo adecuado. Estos le permitirán encender de nuevo los motores para amortiguar la fuerza de la gravedad de manera que alcance los 2 metros por segundo en su caída, momento en el que las patas se encargarán de completar el aterrizaje.

Está construido con la tecnología más moderna que existe, tanto en sus soldaduras, del todo fiables, como en sus componentes de navegación. Además, un sofisticado sistema comprueba varias veces que todo funciona correctamente. En caso de que algún parámetro no sea como es debido, el Falcon 9 está programado para soltar todo el propelente y evitar así una explosión que lo desintegre, tratando entonces de aterrizar con los sistemas restantes. Además, existe una versión más grande, el hermano mayor del Falcon 9: el Falcon Heavy; un enorme cohete de 27 motores Merlin que se separa en varias fases con diversas etapas y que es, por ahora y sobre el papel al menos, el cohete más potente diseñado hasta la fecha.

Un reportaje de Santiago Campillo.

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