"No son molinos, mi señor, son gigantes": cuando quieren plantar eólicos delante de tu casa

"No son molinos, mi señor, son gigantes": cuando quieren plantar eólicos delante de tu casa

Varias familias gallegas tratan de frenar la instalación de aerogeneradores de 200 metros de alto a poco más de 500 metros de sus hogares y explotaciones ganaderas.

“No son molinos, mi señor, son gigantes”. Nunca esta frase cervantina había sido tan acertada. Visualicen por un momento las icónicas Torres KIO de Madrid. Ahora imagínense que arrancan una de cuajo y la colocan sobre la otra. Poco menos de esa altura es la que tendrán los futuros aerogeneradores que pretenden instalar a medio kilómetro de los hogares y granjas de varias familias gallegas.

No se trata de un caso aislado. La Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica tiene identificados 380 proyectos en trámite sólo para este territorio. Son más de 3.000 turbinas que se sumarían a otras más de 8.000. El mapa que han elaborado habla por sí solo.

  Recreación del tamaño de un molino de viento junto a los cuatro rascacielos de MadridCedida

Roberto Vilela es uno de los afectados a los que quieren plantarle un aerogenerador de 200 metros de alto delante de su casa. Natural de Arteixo (A Coruña), hace un par de años se vino a vivir con su pareja a Lestaio, una pequeña aldea en la localidad de Outes. En ese tiempo ha tenido que hacer un cursillo acelerado de sobre todo lo relativo a la energía eólica, su tramitación y las normativas ambientales. “Tenemos una pequeña de 9 meses y vinimos a hacer un proyecto de vida, seguir con la explotación familiar o incluso planteándonos el turismo rural”, recuerda, en definitiva, “invertir en esta zona”.

Todos esos planes de futuro se truncaron cuando llegaron los primeros anteproyectos de unos molinos que no sólo les acabarían provocando un impacto visual, también devaluarán el valor de las viviendas. El motivo es que las propiedades afectadas por el parque eólico entrarían dentro de una poligonal, una figura urbanística que hasta les obligaría a pedir permiso para realizar cualquier obra a la empresa concesionaria. “Para hacerse una idea es como si pasaras a vivir al lado de un aeropuerto”, pone como ejemplo.

  Afectados por la instalación de un parque eólico señalan la arboleda tras la que se levantará un molino de 200 metros de altura, en Outes (A Coruña)ANTÓN PARADA / EL HUFFPOST

Vilela considera que el ruido de las monumentales aspas y el viento que generarían con su desplazamiento harían inhabitable la zona. Además, teme que las excavaciones de las zapatas para poner las bases de los molinos afecten a las aguas de los múltiples manantiales y ríos subterráneos. Las mismas de las que bebe el ganado. Por eso una de las principales reclamaciones que hacen los afectados es que se realicen estudios hidrogeológicos que acompañen a los proyectos.

“Nos arruina completamente, ¡los vamos a tener encima de casa!”, explica Esperanza, propietaria de una de las viviendas afectadas y de una pequeña explotación lechera con una decena de vacas, que supone su único sustento económico. “Vinieron un día a que les firmase [el contrato de arrendamiento del terreno] y les dije que no”, recuerda esta señora, apuntando que incluso acabaron reconociéndole que les acabaría afectando el viento de las aspas. “Me dijo ‘ya te entiendo’”, apostilla.

No lo voy a permitir, cogeré mi maquinaria, la pondré en el sitio [donde quieran instalar los molinos] y que llamen a quien llamen
María del Carmen Caamaño, afectada por uno de los proyectos eólicos

La de Esperanza no es la única explotación ganadera que se vería afectada por la instalación de los aerogeneradores. “Es necesario, porque es bueno para el mundo, pero no a 500 metros de la casa”, argumenta María del Carmen Caamaño. Ella tiene cerca de un centenar de ovejas y explica que el prado en el que pacen está a 200 metros de una de las localizaciones de los molinos.

“La oveja no es un animal que tenga miedo, particularmente ellas tienen pánico y se estresan con nada”, detalla. Cuando se le pregunta si es capaz de visualizar una infraestructura de ese tamaño al lado de su hogar sentencia rotunda “no me lo imagino, pero porque no lo voy a permitir, cogeré mi maquinaria, la pondré en el sitio y que llamen a quien llamen, mientras no me quiten será un día más que [los molinos] no van a estar ahí”.

  María del Carmen Caamaño critica que vayan a instalar un aerogenerador al lado del prado donde pacen sus ovejas y a poco más de 500 metros de su hogarANTÓN PARADA / EL HUFFPOST

Caamaño indica que vino al rural para estar tranquila y se cuestiona si existe hipocresía en el discurso en defensa de lo que algunos llaman España vacía. ”¿Qué es lo que quieren salvar y quién se hace rico con esto?”, pregunta, dejando claro que contactará con profesionales veterinarios para medir el rendimiento de sus ovejas y así reclamar perjuicios. Aunque no sabría muy bien a quién pasarle la factura.

De hecho, uno de los grandes problemas es la desinformación. A este respecto, Roberto Vilela revela que lo que de verdad le llevó a lanzar la Plataforma Vecinal Os Quixotes y luego unirse a la Rede Galega por un Rural Vivo fue esa indignación. Le motivó el saber cómo ancianos firmaban contratos que no entendían o con la dificultad de acceder a Internet para descargarse “un documento de 3.000 páginas” y luego tener que presentar alegaciones al proyecto, a veces, con plazos de un mes. “Nosotros solicitamos una moratoria por la pandemia”, anota el afectado, pero no se la concedieron.

  Uno de los entornos medioambientales, una turbera, que fue solicitada para su catalogación ambiental en Outes (A Coruña)ROBERTO VILELA / CEDIDA

Zonas pendientes de protección ambiental

El otro gran caballo de batalla es la localización sobre la que se plantean crear las instalaciones. Si buena parte de los montes de las proximidades ya cuentan con molinos -eso sí, de tamaños de entre 60 y 90 metros de alto-, una parte de los nuevos aerogeneradores que se están tramitando afectarían a zonas que están pendientes de ser protegidas ambientalmente, entre ellas turberas y humedales.

Ernesto Díaz, coordinador de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, afirma que ya hay eólicos que fueron colocados en zonas de la Red Natura 2000 que afectaron a entornos de osos y del urogallo cantábrico, especie en peligro de extinción. Es más, apunta que una de estas últimas fue declarada ilegal por parte del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. Este ecologista indica que los eólicos generan una mortalidad elevadísima de murciélagos y aves, además de invertebrados, pero también causan gran impacto ambiental la construcción de torretas transformadoras y tendidos eléctricos.

“Lo que planteamos es que zonifiquen y planifiquen con claridad donde se pueden y cómo se deben instalar los complejos y a partir de ahí dejen entrar proyectos”, defiende Díaz, alegando que “estamos abriendo un campo de fútbol sin árbitro”. Según explica, el problema está en que el Ministerio para la Transición Energética cuenta con un mapa de sensibilidad ambiental, pero esta es una herramienta orientativa y no vinculante. Por eso demanda que esta cartografía tenga valor más allá de la recomendación y que incluya todos los proyectos eólicos en trámite y los existentes.

  Mapa con las localizaciones de los aerogeneradores, en rojo los instalados y en azul los proyectados (www.fdjcc.org)PLATAFORMA PARA LA DEFENSA DE LA CORDILLERA CANTÁBRICA
  Recreación digital de un aerogenerador de 200 metros en comparación con la Torre de Hércules (A Coruña)Rede Galega por un Rural Vivo
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Antón Parada es redactor de actualidad en El HuffPost. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Antes de llegar aquí trabajó cinco años en La Voz de Galicia y pasó por los micrófonos de Radio Voz.

Puedes contactar con él escribiendo a: anton.parada@huffpost.es